13/09/2026
NO SE COME ASÍ NOMÁS 🍲
Taller online Sumaq Mikhuy
El buen comer desde la sabiduría andina kallawaya
¿Cuál es la comida más rica que recuerdas haber comido?
Probablemente no sea una comida elegante ni de esas que quedan perfectas para una foto, quizás sea una sopa, un guiso o ese plato sencillo que preparaba tu mamá o tu abuela, y seguramente no lo recuerdas solamente por su sabor, sino porque alguien lo hizo pensando en ti.
¿Quién no recuerda el olor que salía de la cocina y nos invitaba a acercarnos a la mesa? Hay aromas que tienen la capacidad de transportarnos hacia otros momentos de nuestra vida, podemos olvidar muchas cosas, pero nuestro cuerpo todavía recuerda el olor de un guiso, las manos que preparaban los alimentos y la voz de quien nos llamaba a comer.
La comida siempre nos ha reunido alrededor de un centro, a lo largo de la historia, cocinar y compartir los alimentos ha creado un círculo: alrededor de una comida se reunía la familia, se conversaba, se reía, se transmitían historias y se fortalecían los vínculos, la comida no estaba puesta en un rincón de la vida, estaba en el centro.
Sin embargo, en la ciudad, con el aceleramiento de la vida, la necesidad de ser productivos y la búsqueda constante de ahorrar tiempo, estamos perdiendo poco a poco esa forma de alimentarnos, buscamos cosas rápidas, listas, que no nos quiten demasiado tiempo, a veces comemos frente a una pantalla, de pie o pensando en todo lo que debemos hacer después, incluso cuando almorzamos en familia, no siempre estamos verdaderamente presentes.
Y no solamente estamos perdiendo la costumbre de sentarnos juntos, también estamos dejando de preparar la comida como antes.
Para nuestras abuelas, cocinar no era simplemente mezclar ingredientes para llenar el estómago, preparar los alimentos era también una manera de demostrar cariño. Dentro de la sabiduría andina existe el munay, que no es solamente decir que queremos a alguien: es un querer con dirección, un querer que se convierte en una acción concreta, a través de la comida, ese cariño podía tomar forma, tener aroma, temperatura, sabor y llegar hasta el cuerpo de otra persona.
La mujer tenía un lugar fundamental dentro de esta sabiduría, ella era la guardiana del fuego y una gran transformadora, podía tomar aquello que le entregaba la tierra, reunirlo con el agua, entregarlo al fuego y convertirlo en alimento para su familia. Antes de hablar de grandes alquimistas o de grandes magos, podríamos mirar a las primeras mujeres que se sentaron frente al fuego y aprendieron a transformar los alimentos dentro de una olla, la cocina fue también uno de nuestros primeros calderos y una de las formas de alquimia más antiguas.
Pero hoy nos hemos alejado del fuego, nuestras manos se están enfriando porque ya casi no tocan la tierra, los alimentos ni aquello que cocinamos, y para la mirada andina, unas manos cálidas no solamente alimentan: también son manos capaces de ser fértiles, criar, compartir y generar abundancia.
Porque el alimento no tiene que ver únicamente con comer, digerir, tiene relación con nuestras manos, con el fuego, con el territorio, con los ciclos de la tierra, con los animales, con la familia y con los seres de vida con quienes convivimos.
También existe una diferencia entre sembrar un alimento y criarlo. Podemos poner una semilla en la tierra, regarla y esperar que produzca, pero criar es mucho más....
Hoy vivimos dentro de un sistema que nos exige producir cada vez más y en menos tiempo, para responder a nuestro consumo, muchas plantas son forzadas a crecer y a dar sus frutos antes de completar sus ciclos, esto sería como obligar a un bebé a nacer cuando apenas tiene uno o dos meses de formación, evidentemente, no tendría la misma fuerza que un bebé que pudo completar todo su tiempo dentro del vientre.
Algo parecido sucede con los alimentos, una planta que ha podido crecer a su tiempo, acompañada por la tierra, el agua, el sol y las manos de quien la crió, no posee la misma fuerza que una planta obligada a producir rápidamente, quizás por eso sentimos que antes una fruta, una verdura o incluso la carne tenían otro sabor y otro aroma.
Para la sabiduría kallawaya, el alimento posee ajayu, una fuerza vital que puede fortalecerse o debilitarse de acuerdo con la manera en que fue criado, cosechado, preparado y compartido, un alimento no comienza a existir cuando aparece servido en nuestro plato, detrás de él hay una historia, un territorio, un tiempo de crecimiento y muchos seres que hicieron posible que llegara hasta nosotros.
En estos cuatro encuentros, el maestro kallawaya Don Aurelio Ortiz nos acercará a esta manera de comprender la alimentación, no desde las calorías, las dietas, sino desde la relación que nuestros abuelos y abuelas construyeron con los alimentos.
También descubriremos que no todos los alimentos poseen la misma cualidad, no es igual un alimento que crece debajo de la tierra que uno que nace encima de ella, existen alimentos masculinos y femeninos, así como alimentos fríos y calóricos.
El maestro nos enseñará cómo se complementan estas fuerzas dentro de una comida, porque la comida también tiene su propio principio de complementariedad: no está sola, tiene acompañantes, es como una mamá alrededor de la cual se reúnen otros alimentos. Una preparación puede unir lo que crece encima y debajo de la tierra, lo femenino y lo masculino, lo frío y lo calórico, y cuando una de estas fuerzas está en exceso, también se pierde el equilibrio.
Y cuando cocinamos, tampoco cocinamos solamente para nuestra familia ni para quienes están físicamente sentados a la mesa, en el mundo andino, la comida también permite relacionarnos con la Pachamama, el fuego, el viento, la lluvia, las almitas y los diferentes dadores de vida.
Aprenderemos a compartir con la Pachamama conoceremos el lugar del samay, nuestro aliento, dentro de la preparación, y la importancia de las hierbas aromáticas para levantar la fuerza y el aroma de aquello que cocinamos.
La comida también es abundancia, nos muestra lo que una persona, una familia y una tierra han sido capaces de producir, por eso, el contacto con el fuego, la tierra y los alimentos también calienta nuestras manos, las vuelve capaces de cocinar, cuidar, entregar y compartir.
Cada pacha, cada tiempo del año, trae además diferentes alimentos, la tierra no produce lo mismo en época de lluvia que durante la helada, en cada momento aparecen determinados productos para ayudarnos a atravesar ese tiempo. Sin embargo, en la ciudad nos hemos acostumbrado a querer consumir lo mismo durante todo el año, sin preguntarnos de dónde viene, cuánto tuvo que viajar o si verdaderamente era su momento de nacer.
Porque alimentarnos puede ser mucho más que llevar comida a la boca, puede ser criar, transformar, agradecer, compartir y volver a reunirnos alrededor de un centro, puede ser una manera de recordar que la vida que recibimos también necesita ser tratada como sagrada.
🍲 NO SE COME ASÍ NOMÁS
Taller online Sumaq Mikhuy
El buen comer desde la sabiduría andina kallawaya
Con el maestro kallawaya Don Aurelio Ortiz
📅 26 y 27 de septiembre
📅 24 y 25 de octubre
Programa de cuatro encuentros
Si deseas conocer el programa completo, los horarios y toda la información para participar, escríbenos por WhatsApp:
👉 https://wa.me/51991259037
Volvamos a tocar, oler y saborear nuestros alimentos, volvamos a cocinar con nuestras propias manos y recordemos juntos por qué no se come así nomás.
Sean todos bienvenidos 🫶
Yandy - Karpay Sabiduría Andina