ECADH
Aprende a crear contenido con inteligencia artificial
😨Solo querÃa llegar TEMPRANO a casa , tome un atajo en el BOSQUE y lo que pasó fue ATERRADOR. 👻
Caminaba a mi pueblo jalando a mi caballo con carga, la soga apretada entre mis dedos ásperos por los años de trabajo. La ruta por donde todos viajaban era larga, cansada, pero segura. Ya el cielo comenzaba a pintarse de naranja sucio cuando me encontré frente a la bifurcación del sendero. A la izquierda, el camino de siempre. A la derecha, el atajo del bosque.
Ese atajo... el que todos evitaban. DecÃan que allà se escuchaban susurros entre los árboles cuando no soplaba viento alguno, que habÃa sombras que caminaban sin cuerpo y ojos brillantes que se asomaban desde la espesura.
Pero yo no creo en esas cosas. Nunca lo hice. Asà que tiré del caballo y tomé el atajo.
El primer tramo fue tranquilo. Las hojas crujÃan bajo mis botas, el caballo resoplaba detrás de mÃ, cansado pero obediente. El aire olÃa a humedad, a tierra cerrada. A medida que me adentraba más, los sonidos del mundo comenzaban a apagarse. Ni pájaros, ni grillos. Solo el eco de mis pasos.
Entonces, algo cambió.
Sentà que el bosque se cerraba detrás de mÃ. Literalmente. Volteé y no vi el camino por el que habÃa venido. Solo árboles, ramas retorcidas y oscuridad prematura. Tragué saliva y seguà adelante.
Fue entonces cuando escuché el primer susurro.
—No debiste entrar...
Me detuve en seco. El caballo también. Su respiración se volvió nerviosa, sus orejas giraban como buscando algo.
—¿Quién está ah� —grité, intentando sonar firme.
Nada. Silencio.
Apuré el paso. La luz menguaba con rapidez antinatural, como si el atardecer hubiera sido tragado por el bosque. El suelo se volvió más blando, más lodoso. Cada paso se hundÃa, pesado, como si algo invisible intentara retenerme.
De pronto, el caballo se detuvo por completo. No querÃa seguir. Tiré de la cuerda. No se movÃa. Empezó a bufar, a girar sobre sà mismo, hasta que soltó un relincho agudo y salió corriendo de vuelta por donde vinimos… o donde yo creÃa que habÃamos venido.
Me quedé solo.
Entonces lo vi.
Entre los árboles, algo se movÃa. Una figura. Alta, desgarbada. Sus extremidades eran demasiado largas, sus movimientos, antinaturales, como si sus huesos no estuvieran conectados de la manera correcta. Me observaba. Lo sentÃa.
Eché a correr. El sendero bajo mis pies ya no era sendero, sino una mezcla de raÃces, huesos de animales —¿animales?— y trapos viejos. Tropecé. Me levanté. SeguÃa corriendo, jadeando, hasta que lo escuché más cerca:
Tac... tac... tac...
El sonido de pasos detrás de mÃ, pero no de botas. Eran como zarpas, como si algo arrastrara garras por el suelo.
—No debiste entrar…
—No saldrás igual…
—Él ya despertó...
Las voces no venÃan de una sola dirección. Estaban por todas partes, como si el bosque mismo hablara.
Vi una luz. Una tenue linterna colgando de un árbol. Corrà hacia ella, desesperado, tropezando, sangrando en la frente. Cuando la alcancé, ya no habÃa árbol. Solo la linterna flotando en el aire, meciéndose suavemente. La toqué.
Y todo se apagó.
Desperté horas después, tendido sobre el camino viejo, el que todos tomaban. Mi caballo estaba allÃ, manso y tranquilo, como si nada hubiera pasado. La carga intacta. El cielo ya aclaraba con los primeros tonos del alba.
Pero mis botas estaban cubiertas de lodo oscuro, y mi camisa desgarrada como si mil ramas hubieran intentado sujetarme.
No hablé de eso. No al principio.
Hasta que, dÃas después, alguien más intentó tomar el atajo.
Y nunca volvió.
lo trajeron a la morgue pero estaba vivo... lo que ocurrió después fue aterrador 😨😨
¿sabes porqué la tradición dice que las brujas volaban en escobas?
El cementerio olvidado
el EXORCISMO prohibido que el vaticano quiere ocultar
Haga clic aquà para reclamar su Entrada Patrocinada.
Localización
Contacto la escuela/facultad
Teléfono
Página web
Dirección
Lima