08/01/2026
"Una llamada del kínder me agarró completamente desprevenida.
—Señora, necesitamos que venga por su hija un poco antes —dijo la maestra con un tono muy serio.
—¿Pasó algo? ¿Está bien mi niña?
—Ella está bien. Pero necesitamos hablar con usted… —su voz fría me dejó el corazón hecho n**o.
Ya no pude concentrarme en el trabajo. Pedí permiso y salí volando al kínder. Cuando llegué, todas me miraban con una mezcla de distancia y lástima, y me mandaron directo con la psicóloga.
La psicóloga suspiró, me miró como si fuera una alumna que no hizo la tarea y me extendió una hoja:
—Estuvimos haciendo una actividad. Cada niño tenía que dibujar a su familia. Este es el dibujo de su hija.
Lo tomé. Nika nunca ha sido muy fan de dibujar, y la verdad… no se le da mucho. En la hoja había tres figuritas simples —palitos con cabezas redondas— pero tenían nombres: “papá”, “abue Oli” y “yo”.
Nada más.
—¿Lo nota? —me dijo la psicóloga, mirándome directo a los ojos—. Usted no aparece. Es como si no existiera en el mundo de su hija. Tiene a su papá, a su abuela… pero no a su mamá. Y a su edad, eso es muy significativo. Además, usted ni siquiera vive en otra ciudad, ¿verdad?
Durante quince minutos escuché un sermón completo sobre la importancia de pasar tiempo con los hijos, estar presente, cambiar mis prioridades, dedicarle más atención, “volverme parte de su mundo”…
Salimos del kínder. Caminábamos hacia la casa. Nika platicaba feliz, contándome algo sin parar, y yo me sentía vacía, helada por dentro.
“¿Cómo pudo pasar esto? —pensaba—. Si nunca nos hemos separado. Es mi niña adorada. Le leo cuentos, cocinamos juntas, limpiamos, paseamos al perro… ¿Cómo que no estoy en su dibujo?”
No aguanté más:
—Nika, mi amor —le dije, tratando de sonar tranquila—, ¿dibujaron hoy con la maestra Oksana?
—Sí, mami —respondió.
—¿Y por qué dibujaste solo a tu papá y a la abuela? ¿Por qué no me pusiste a mí?
La niña se detuvo, me miró muy seria… y con una dulzura que me desarmó, me dijo:
—Mami, es que tú eres tan bonita… todavía no sé dibujar algo tan bonito como tú."
**Una historia encontrada en la red que nos deja una valiosa moraleja para cualquier edad: evitar las suposiciones y optar siempre por preguntar.**