10/05/2026
LA MADRE DE CESAR VALLEJO
César Vallejo fue uno de los hombres y artistas que más admiró y amó a su querida madre, doña María de los Santos. Ella, mujer hogareña y amorosa, fue siempre el centro de su poesía e incluso de su obra narrativa.
En 1918, mientras vivía en Lima, se enteró que su madre había fallecido el 8 de agosto, y sufrió hasta lo indecible. Inmediatamente escribió en el poema Trilce LXV, estos sentidos versos: “Madre, me voy mañana a Santiago, / a mojarme en tu bendición y en tu llanto. / Acomodando estoy mis desengaños y el rosado / de llaga de mis falsos trajines”. Nótese que el poeta nos da a entender en sus versos que su madre la está esperando en su tierra, en Santiago de Chuco y, por tanto, cree que todavía está viva.
En una carta, fechada con el 2 de diciembre, dirigida a su hermano Manuel Natividad, escribió completamente dolido: “Han pasado 114 días desde el inolvidable 8 de agosto; y para siempre vivo en la fe de Dios y estoy seguro de que mi mamacita está viva, allá en nuestra casita, y que mañana o algún día que yo llegue, me esperará con los brazos abiertos, llorando mares”. Luego, agregó: “Yo no puedo aceptar que la haya llevado Dios tan temprano para el amor y la esperanza de sus hijos que han luchado para conquistarse un porvenir que había de ponerse a los pies de nuestra santísima madrecita Santitos”.
En 1920, cuando fue encarcelado por el violento suceso ocurrido en Santiago de Chuco, también la recordó en los versos del poema Trilce XVIII: “Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, si vieras hasta
/ qué hora son cuatro estas paredes. / Contra ellas seríamos contigo, los dos,
/ más dos que nunca. Y ni lloraras, / di, libertadora!”.
Doña María de los Santos siempre estuvo presente en su mente y en su corazón. Cuando llegó a París en julio de 1923, la recordó en su poema en prosa “El buen sentido”: “Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande”. Finalmente, y como era de esperarse, pronunció su nombre cuando estaba cerca de la muerte, ocurrida el 15 de abril de 1938, en la bella Ciudad Luz.
César Vallejo, como todos nosotros los mortales, siempre mantuvo presente la imagen de su madre, tanto en los momentos felices, como en los sucesos más difíciles de su existencia.