30/10/2021
EL ERROR DE LOS RETOS Y DESAFÍOS
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Algunas personas creen que al presentar los cambios como desafíos se consigue asumirlos. Es decir, suponen que a la mayoría de las personas les gustan, les encantan o les fascinan los desafíos. Eso es alimentar la agresividad, me temo. "Enfrentar el mundo", "ganar una batalla contra los problemas", "vencer los desafíos que nos arroja la vida": estas expresiones están llenas de una energía que sacamos de la violencia o el enojo o la ira o la necesidad de sentir ráfagas de adrenalina. Supongo que un grupo de nosotros requiere de eso.
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Pero otro gran grupo no lo requiere para realizar cambios, más bien requiere sentir emociones como confianza, solidaridad, amor, afecto... es decir, ver los cambios como oportunidades para desplegar nuestros vínculos y capacidades, y encontrar modos de rodear o reconvertir las dificultades en estímulos para la mente o la voluntad.
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No me olvido de otra consecuencia de ese empeño desaforado en retos y desafíos: el olvido del humor. Están tan enfurruñados con la concentración y la carrera, que olvidan reírse, porque eso los relaja y los ablanda y pierden la fuerza para jalar, tirar o empujar. Pero el humor es básico para los cambios. Nos reúne mejor que los gritos, nos conecta con nuestros sentimientos. Ciertamente hablo del humor y no de la burla, que suele confundirse con el humor, como esos apodos que estamos acostumbrados a imponer. El humor nos muestra simultáneamente dos aspectos de una misma situación y la risa fluye al darnos cuenta de un "gran desafío" es una burbuja que revienta y nos moja la cara. Así que mejor es seguir nadando.
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Por todo lo anterior, en particular, me resulta desalentador y depresivo ver tantas oportunidades presentadas como retos o desafíos. Evito y desconfío de las arengas que saltan en estas redes donde retan y desafían y de ese modo te califican de cobarde o pusilánime si no asumes el reto y el desafío. No es necesario ese lenguaje para ser valiente. La perseverancia y la responsabilidad son actitudes que deberían bastar para serlo.
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Al popularizar esta forma de asumir los cambios, lo que hacemos es olvidarnos de virtudes menos espectaculares pero más constructivas y persistentes. La energía para un desafío es momentánea o puntual, la energía para profundizar un cambio o una oportunidad es constante e insistente. Si educamos con un collar de desafíos estamos diciendo a nuestros hijos que bastan empujes repentinos para obtener lo mejor de la vida, lo que no es cierto, los estamos engañando.
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Ocasionalmente un reto o desafío es útil, pero con retos o desafíos no se construye una sociedad. La sociedad se construye con persistencia, solidaridad, vínculos, responsabilidad, confianza, afecto, es decir, con virtudes tranquilas y sostenidas a lo largo del tiempo. Como supongo algún día habremos oído: con paciencia y buen humor, vivimos y hacemos el amor.
De: Juan Lapeyre