24/11/2024
Sociales del
Aceptemoslo ,no todo fue por nuestro esfuerzo, veníamos con nuestra ventaja natural.
Aun cuando generalmente reconocemos que las personas atractivas juegan con cierta ventaja en las relaciones sociales, hay estudios que indican que quizá hayamos infravalorado enormemente la dimensión y el alcance de dicha ventaja. Parece ser que existe una reacción de clic, activación ante las personas atractivas. Al igual que todo este tipo de reacciones, surge de forma automática, sin premeditación. Esta reacción entra en una categoría que los expertos en ciencias sociales denominan «efecto halo». El efecto halo se produce cuando una característica positiva de una persona domina el modo en que esa persona es percibida por los demás en casi todos los demás aspectos. Existen ahora evidencias claras de que el atractivo físico es, a menudo, una de esas características.
Asignamos de modo automático a las personas de aspecto agradable cualidades positivas como talento, amabilidad, honradez, simpatía, confianza e inteligencia. Además, hacemos estos juicios sin darnos cuenta de que el atractivo físico ha desempeñado un papel en el proceso. Algunas consecuencias de esta conjetura inconsciente de que «atractivo = bueno» me asustan. Por ejemplo, un estudio de unas elecciones federales canadienses dio como resultado que los candidatos atractivos obtenían en número de votos más de dos veces y media que los poco atractivos (Efran y Patterson, 1976). A pesar de esta prueba de favoritismo hacia los políticos de aspecto más atractivo, los estudios de seguimiento demostraban que los votantes no eran conscientes de su predisposición. De hecho, el 73 por ciento de los votantes canadienses encuestados negaron con total vehemencia que en su voto hubiese influido el aspecto físico; solo el 14 por ciento admitió siquiera una posibilidad remota de dicha influencia. Los votantes pueden negar todo lo que quieran el impacto del atractivo físico en la elección, pero las pruebas han seguido confirmando su inquietante presencia.
Se ha visto un efecto similar en situaciones de contratación de trabajadores. En un estudio, la apariencia aseada de los candidatos en una entrevista de trabajo simulada se tenía más en cuenta para su contratación que sus aptitudes para el trabajo. Y esto a pesar de que los entrevistadores aseguraban que la apariencia solamente desempeñaba un pequeño papel en sus decisiones. La ventaja que se daba a los trabajadores atractivos se extiende más allá del día de su contratación y llega a verse hasta en su sueldo. Varios economistas que han analizado muestras estadounidenses y canadienses han encontrado que a las personas atractivas se les paga bastante más dinero que a sus compañeros de trabajo menos atractivos. Daniel Hamermesh, científico que escribió un libro sobre esta materia, calculó que a lo largo de la carrera profesional de una persona, el hecho de ser atractivo hace que un trabajador reciba una cantidad adicional de 230 000 dólares. Hamermesh asegura que sus conclusiones no pueden considerarse como un alarde por su parte, pues en una escala de diez, «yo soy un tres».
Otros experimentos han demostrado que las personas atractivas tienen una mayor probabilidad de obtener ayuda cuando la necesitan y son mucho más convincentes a la hora de cambiar las opiniones de un auditorio. Así pues, es evidente que las personas de aspecto agradable disfrutan en nuestra cultura de una enorme ventaja social. Resultan más simpáticas, se les paga mejor, son más convincentes, reciben ayuda con mayor frecuencia y se considera que son dueñas de unos rasgos de personalidad más deseables y de una mayor capacidad intelectual. Y lo que es más, los beneficios sociales del atractivo físico comienzan a acumularse desde muy pronto. En una escuela infantil, los adultos consideran menos graves los actos agresivos cuando los realizan niños atractivos y los profesores suponen que los niños más guapos son más inteligentes que sus compañeros menos atractivos.
No sorprende, por tanto, que el efecto halo del atractivo físico lo exploten habitualmente los profesionales de la persuasión. Como sentimos simpatía por la gente atractiva y tendemos a estar de acuerdo con las personas que nos gustan, es lógico que en los programas de formación de vendedores se incluyan alusiones al aseo personal, que las tiendas de moda seleccionen a su personal entre candidatos que resulten atractivos, y que los estafadores sean guapos.
Extracto
INFLUENCIA, LA PSICOLOGÍA DE LA PERSUASIÓN-R. CIALDINI