17/11/2015
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Clases de Natación tecnicas seguridad y equilibrio Una de las principales causas de ahogamiento en las albercas es el no saber flotar y no mantener una enseñanza primordial de la NATACION, en este video verem...
Primeros auxilios I: Evaluación primaria y soporte vital básico
Autor: José Luis Moliné Marco - Centro Nacional de Condiciones de Trabajo. NTP605 INSHT
Contenido:
Introducción y objetivo
Secuencia de actuación ante un accidente
Reconocimiento de signos vitales
3.1. Conciencia
3.2. Respiración
3.3. Pulso
Técnica del soporte vital básico
Masaje cardiaco externo
Soporte vital básico en bebés y niños
6.1. Bebés
6.2. Niños
Causas de fracaso en el soporte vital básico
Artículos relacionados
Bibliografía
1. Introducción:
La rápida actuación ante un accidente puede salvar la vida de una persona o evitar el empeoramiento de las posibles lesiones que padezca. Por emergencia médica entendemos aquella situación en la que la falta de asistencia médica producirá la muerte del accidentado en muy pocos minutos.
El cerebro es el órgano más delicado de que dispone el ser humano. La falta de oxígeno ocasionará, en poco tiempo, lesiones irreversibles produciéndose la muerte en 8 - 10 minutos.
Por lo tanto cualquier paro cardiorrespiratorio (fracaso de las funciones cardíaca y respiratoria, con la consiguiente incapacidad para hacer llegar sangre oxigenada a las células) es una situación de máxima emergencia ya que del tratamiento inmediato dependerá la vida del paciente.
Esta NTP (Notas Técnicas de Prevención) es una actualización de la NTP-247 publicada en 1989 (Reanimación cardiopulmonar: primeros auxilios) y pretende ofrecer las pautas de actuación y los pasos a seguir en la técnica del Soporte Vital Básico para que, cualquier persona, sin conocimientos especiales en medicina sepa lo que debe hacerse ante una situación de emergencia y concretamente ante un paro cardiorrespiratorio.
2. Secuencia de actuación ante un accidente:
En cualquier accidente debemos activar el sistema de emergencia. Para ello recordaremos la palabra P.A.S., que está formada por las iniciales de tres actuaciones secuenciales para empezar a atender al accidentado:
La P de PROTEGER: Antes de actuar, hemos de tener la seguridad de que tanto el accidentado como nosotros mismos estamos fuera de todo peligro. Por ejemplo, no atenderemos a un electrocutado sin antes desconectar la corriente causante del accidente, pues de lo contrario nos accidentaríamos nosotros también.
La A de AVISAR: Siempre que sea posible daremos aviso a los servicios sanitarios (médico, ambulancia...) de la existencia del accidente, y así activaremos el Sistema de Emergencia, para inmediatamente empezar a socorrer en espera de ayuda.
La S de SOCORRER: Una vez hemos protegido y avisado, procederemos a actuar sobre el accidentado, efectuando la Evaluación Primaria o lo que es lo mismo: reconociendo sus signos vitales (cuadro 1): A) Conciencia, B) Respiración y C) Pulso, siempre por este orden. Una vez se compruebe la presencia de conciencia o de respiración se iniciará la Evaluación Secundaria o lo que es lo mismo: el reconocimiento de sus signos no vitales.
cuadro 1
Cuadro 1
3. Reconocimiento de signos vitales:
3.1. Conciencia:
Para saber si un accidentado está consciente le preguntaremos qué le ha pasado. Si contesta, descartaremos la existencia de paro respiratorio. El problema surge cuando el paciente no contesta. Entonces tendremos que provocarle el estímulo doloroso, mediante un pellizco para observar sus reacciones (gemidos, apertura de ojos, movimientos de cabeza, etc.). Si no existe ningún tipo de reacción significa que el estado de inconsciencia está declarado, por lo que inmediatamente y, en lo posible, sin tocarlo (pues puede ser un paciente traumático y existir lesiones óseas que agraven su estado) comprobaremos su respiración.
3.2. Respiración:
Teniendo al accidentado inconsciente, existen dos posibilidades: que respire o que no respire. Para comprobar la presencia de la respiración en un accidentado, el socorrista debe utilizar la vista, el oído y el tacto, para ello acercará su propia mejilla o el dorso de la mano a la boca-nariz del accidentado y, mirando hacia el pecho, podrá observar el movimiento torácico o abdominal, escuchar la salida del aire y notar en su mejilla el calor del aire exhalado.
SI RESPIRA: No hará falta seguir explorando sus signos vitales ya que el corazón funciona seguro. En este momento se inicia la Evaluación Secundaria, siendo el procedimiento a seguir el control de las hemorragias, el tratamiento de las heridas y la inmovilización de las fracturas y, siempre que no sea traumático, el de colocarlo en una posición de seguridad para prevenir las posibles consecuencias de un vómito (bronco-aspiración) y la caída de la lengua hacia la faringe. Esta posición es la denominada en el argot del socorrismo como P.L.S. (fig. 1), que significa: Posición Lateral de Seguridad.
figura 1
Figura 1. Posición Lateral de Seguridad
En el caso de que el paciente respire pero sea traumático, no lo moveremos. En ambos casos seguiremos a su lado vigilando sus signos vitales, tras la evaluación secundaria y hasta que llegue la ayuda solicitada.
NO RESPIRA: Si al acercar nuestra mejilla o el dorso de nuestra mano a su boca, comprobamos que no respira, en seguida y sin perder tiempo colocaremos al accidentado, sea traumático o no, en posición de decúbito supino (estirado mirando hacia arriba) pero respetando la alineación del eje cervical. Después de explorar su boca para comprobar la existencia de cuerpos extraños (dientes desprendidos, chicles...), procederemos a abrir las vías aéreas, mediante una hiperextensión del cuello, mediante la maniobra de fronto-mentón (fig. 2), evitando que la lengua obstruya la vía de entrada de aire. En ocasiones, con esta simple maniobra, el paciente vuelve a respirar.
En caso contrario, el paro es evidente, por lo que deberemos suplir la función ausente mediante la respiración artificial método boca-boca. (Ver técnica del S.V.B.).
figura 2
Figura 2. Apertura de vías respiratorias
3.3 Pulso:
Cuando el paro respiratorio está instaurado y ya hemos procedido a iniciar el boca-boca, es necesario comprobar el funcionamiento cardíaco mediante la toma del pulso carotídeo (cuello), por ser éste el más próximo al corazón y el de más fácil localización (fig. 3).
figura 3
Figura 3. Toma del pulso carotídeo
Caso de existir pulso seguiremos efectuando la respiración artificial, pero en el momento en que desaparezca este pulso deberemos iniciar sin demora el masaje cardiaco externo, acompañado siempre de la respiración BOCA-BOCA.
4. Técnica del soporte vital básico:
algoritmo 1
Algoritmo 1.
Si el paciente está inconsciente y no respira, se debe proceder a efectuar la apertura de sus vías aéreas:
Extraer posibles cuerpos extraños de la boca (dientes sueltos, chicles...)
Abrir vías aéreas (efectuar la hiperextensión del cuello).
Si después de haber realizado las operaciones a) y b) continúa sin respirar se realizará la siguiente secuencia de operaciones:
Apretar la frente e hiperextender bien el cuello (maniobra de frente-mentón).
Girar la mano de la frente y pinzar la nariz.
Colocar nuestros labios alrededor de la boca del paciente sellando totalmente su boca con la nuestra. iniciar el Boca-boca con 2 insuflaciones rápidas (fig. 4a). Existen otras técnicas de ventilación artificial como el boca-nariz (fig. 4b) o el boca-estoma (fig. 4c), dependiendo de los problemas que sufra el accidentado, como por ejemplo personas que no tengan dientes o bien laringuectomizados. No obstante el objetivo es insuflar aire en los pulmones y para no complicar la Unidad Didáctica hablaremos siempre del boca-boca (sin olvidar las otras opciones).
Una vez se ha insuflado el aire se debe comprobar el funcionamiento cardiaco a través del pulso carotídeo.
Una vez realizado lo anterior caben dos posibilidades:
HAY PULSO, PERO NO RESPIRA: Seguir con la respiración artificial boca-boca y comprobar periódicamente la existencia del pulso (cada minuto o cada 12 insuflaciones).
En el paro respiratorio el ritmo de insuflaciones es lento, 12 por minuto y luego comprobar el pulso.
NO HAY PULSO: Iniciar el masaje cardiaco externo.
figura 4
Figura 4.
5. Masaje cardiaco externo:
Es necesario acudir a su realización cuando el paciente está inconsciente, no respira y no tiene pulso; la figura 5 indica la posición que debe adoptar el socorrista y la localización del punto de compresión torácico. La secuencia de operaciones para la realización del masaje cardiaco es la siguiente:
Colocar al paciente sobre una superficie dura.
Localizar el tercio inferior del esternón y colocar el talón de nuestra mano sobre él, dos o tres dedos por encima de la punta final del esternón (apófisis xifoides). La otra mano se apoyará de la misma forma sobre la que contacta con el tórax.
Es muy importante no presionar dicha apófisis ya que se podrían ocasionar daños internos importantes. Con nuestros dedos estirados y los brazos perpendiculares al punto de contacto con el esternón (Fig. 6), ejerceremos compresión directa sobre el tórax, consiguiendo que se deprima unos 4 ó 5 cm. y a un ritmo de compresión/relajación = 1/1.
Es importante que los dedos no toquen el tórax, a fin de evitar la fractura de costillas.
El masaje cardiaco siempre ira acompañado de la respiración boca-boca.
El soporte Vital Básico se realizará con el siguiente ritmo:
1 Socorrista: 15 Compresiones (masaje cardiaco) 2 Insuflaciones (boca-boca)
2 Socorristas: 5 Compresiones (masaje cardiaco). 1 Insuflación (boca-boca)
figura 5
Figura 5. Posición de socorrista.
figura 6
Figura 6. Localización del punto de compresión cardiaca.
Todas estas maniobras son aplicables a personas adultas. Las utilizadas en lactantes y niños varían según la edad o constitución física del niño.
6. Soporte vital básico en bebés y niños:
El procedimiento a seguir es el mismo que en los adultos, según el algoritmo 1, pero con las siguientes variaciones (ver cuadro 2):
Cuadro 2. - Diferencias en el soporte vital básico según edad.
S.V.B. Apertura de vías Método de ventilación Nº insuflaciones Pulso Pulso de compresión Ritmo 1 socorrista
Adulto Normal Boca-boca o boca-nariz 12 Carotídeo 1/3 inferior esternón 15 x 2
Niño Moderada Boca-boca o boca-boca y nariz 20 Carotídeo o humeral Línea media esternón 15 x 2 ó 5 x 1
Bebé Muy leve Boca-boca y nariz 20 Humeral Línea media esternón 5 x 1
6.1 Bebés:
La apertura de vías respiratorias debe ser muy leve.
Las insuflaciones se hacen mediante el método de boca-boca y nariz (fig. 7).
El aire insuflado debe ser el que le cabe al socorrista en la boca, no en los pulmones.
El pulso se comprueba en la arteria humeral, debajo el músculo bíceps del brazo (fig. 7a).
En caso de que no respire pero sí que tenga pulso, el ritmo de insuflaciones por minuto es de 20 (1 cada tres segundos).
El punto de compresión cardiaca está en medio del esternón, un través de dedo por debajo de la línea que une los dos pezones (intermamilar).
El masaje cardiaco se realiza con sólo dos dedos de una mano y con la fuerza suficiente para deprimir el esternón, aproximadamente, 1,5 cm.
El ritmo de Soporte Vital Básico es siempre de 5 compresiones por 1 insuflación.
figura 7a y 7b
Figura 7.
6.2 Niños:
La apertura de vías respiratorias debe ser moderada.
Las insuflaciones se hacen mediante el método de boca-boca y nariz o boca-boca, depende del tamaño del niño.
El aire insuflado debe ser el suficiente para elevar el tórax del accidentado.
El pulso se comprueba en la arteria humeral (debajo del músculo bíceps del brazo) o en la arteria carótida, depende del tamaño del niño.
En caso de que no respire pero sí que tenga pulso, el ritmo de insuflaciones por minuto es de 20 (1 cada tres segundos).
El punto de compresión cardiaca está en medio del esternón, un través de dedo por debajo de la línea que une los dos pezones (intermamilar).
El masaje cardiaco se realiza con una mano (fig. 8) y con la fuerza suficiente para deprimir el esternón, aproximadamente, 3 cm.
El ritmo de Soporte Vital Básico con UN socorrista es de 5 compresiones por 1 insuflación o de 15 compresiones por 2 insuflaciones, depende del tamaño del niño y en función del desplazamiento del socorrista para realizar la técnica. Si el socorrista puede hacer el masaje cardiaco y el boca-boca sin moverse se utiliza el 5 x 1, pero si se tiene que desplazar hacia la boca del niño se utiliza el 15 x 2.
figura 8
Figura 8. Masaje cardiaco en el niño.
7. Causas de fracaso en el soporte vital básico:
Si al realizar la ventilación artificial compruebas que no entra aire es que:
La apertura de vías respiratorias (hiperextensión del cuello) es insuficiente, coloca el cuello más hacia arriba.
No se ha pinzado la nariz del accidentado.
No se ha sellado bien tu boca con la del accidentado.
Has insuflado demasiado aire y se ha dilatado el estómago, en este caso se producirá un vómito.
Si tras realizar estas comprobaciones sigue sin entrar aire es que existe un cuerpo extraño en las vías respiratorias, aplica rápidamente la Maniobra de Heimlich para un inconsciente (ver algoritmo 1 de la NTP-467 de 1997).
El masaje cardiaco puede ser ineficaz sí:
El punto de compresión es inadecuado.
Los dedos del socorrista tocan el tórax del accidentado.
El talón de la mano del socorrista se separa del tórax del accidentado en cada compresión.
Los brazos del socorrista no están perpendiculares al punto de apoyo.
La fuerza de compresión es insuficiente para provocar el pulso artificial. Se puede comprobar si una segunda persona verifica la existencia de pulso mientras se realiza el masaje cardiaco.
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Natación: Miedo al agua
Autor: A. Hernández
Contenido:
¿Que es el miedo?
¿Qué es una fobia específica?
Causas originarias del miedo al agua
Tratamiento
Nota importante sobre el auto-diagnostico
Artículos relacionados
Bibliografía sobre la fobia
1. ¿Qué es el miedo?:
El miedo es una emoción que podemos reconocer a través de una serie de cambios fisiológicos y psicológicos. Estos cambios están relacionados con el sistema nervioso autónomo y el endocrino.
fobiaEl miedo es considerado como un sentimiento producido por un peligro presente e inminente, real o no. Se trata de una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico. El miedo también implica una inseguridad respecto de la propia capacidad para soportar o manejar una situación de amenaza, en la que no conlleva necesariamente un peligro físico.
Se trata pues de un sistema orgánico de supervivencia, una herramienta de autoprotección ante estímulos peligrosos y adaptativa al medio.
Cuando el miedo a ciertos objetos, acontecimientos o determinadas situaciones es demasiado intenso, desproporcionado, persistente y además es irracional, podemos hablar de una fobia, y concretamente en el caso del miedo al agua, podríamos hablar de una fobia especifica.
2. ¿Qué es una fobia específica?:
Cuando la fobia se desarrolla en relación a un objeto o situación determinada se llama fobia específica. Estas se pueden clasificar en cuatro grandes grupos según el objeto fóbico que lo origina:
A los animales.
Al medio ambiente, alturas (vértigo), agua, tormentas, etc.
A la sangre, inyecciones, heridas, hospitales, etc.
Determinadas espacios o situaciones, como por ejemplo lugares cerrados, conducir vehículos, viajar en avión, atravesar túneles, ascensores, escaleras mecánicas, etc.
En el caso de las fobias específicas es muy difícil determinar con porcentajes de frecuencia dado que aún hoy en día la gente soporta estos padecimientos pensando que no tienen solución o que no merecen ser tratados. Sin embargo la práctica clínica indica que es un trastorno que afecta a un alto porcentaje de la población.
A pesar de que el miedo es reconocido por el propio sujeto como irracional, su control escapa a la voluntad. La exposición al objeto provoca, casi invariablemente, ansiedad. Con el fin de evitar la ansiedad, aparece una conducta caracterizada por la evitación del estímulo o situación temida.
Cuando se produce la percepción del peligro se desencadenan un serie de efectos sobre la persona que padece la fobia; los más importantes se muestran en la siguiente tabla:
Tabla 1.- Efectos de una fobia.
Efectos subjetivos Efectos fisiológicos Afrontamiento
Tensión
Desasosiego
Malestar
Incremento de la frecuencia cardíaca
Incremento presión arterial
Incremento salida cardíaca
Incremento fuerza de contracción
Incremento conductividad piel
Incremento frecuencia respiratoria
Incremento tensión muscular
Reducción volumen sanguíneo
Reducción temperatura periférica
Reducción amplitud respiratoria
Escape
Evitación
Focalización atención
3. Causas originarias del miedo al agua:
Calamia (1993) agrupa en dos bloques los aspectos que podían ser considerados como las causas originarias del miedo al agua:
El sujeto ha recibido una educación hidrofóbica, sin poseer un experiencia acuática. Esto se debe generalmente a que el adulto proyecta su propio miedo sobre el niño que lo integra en su sistema de funcionamiento. En este caso, el miedo es producto de la huella educativa, el sujeto desarrolla unos pensamientos irracionales y ansiógenos en relación al medio acuático.
El sujeto ha memorizado una o varias situaciones acuáticas provocadas por un choque emocional estresante, como puede ser el inicio de un ahogamiento o una inmersión provocada. En este caso el miedo resulta de un traumatismo vivido a través de prácticas pedagógicas inapropiadas. Esto puede derivar en que el contacto de un sujeto con el agua, o el simple pensamiento de este contacto provoque una reminiscencia emocional que perturba su homeostasis (mecanismo de autorregulación interno del organismo). La alteración del sujeto respecto a su entorno altera o aniquila los procesos por los cuales adquiere informaciones sobre este entorno y las elabora con el objetivo de ajustar su comportamiento.
Bajo mi punto de vista, como profesional docente de la natación, la causa de origen traumático no es tan frecuente como el de origen educativo. Estas últimas causas se dan más en adultos, y las primera en niños.
Según el doctor Jiménez Planas (psicoterapeuta infantil), el temor al agua no es de los más frecuentes, pero que éste puede presentarse, aunque en realidad se trate de un miedo a lo desconocido, a lo que puede haber bajo la superficie, o esté causado por el movimiento de las olas. "A veces, lo que asusta no es directamente el agua, sino la existencia de peces o monstruos que puedan salir de ella y morderlos. En otras ocasiones, puede ocurrir que la fobia sea pánico a morir ahogado por alguna historia que el chaval haya visto, oído, o simplemente, imaginado o soñado", añade.
En cualquier caso, el "respeto" al mar y a las piscinas nunca debe desaparecer en el niño. Otra cosa muy distinta es que éste dé lugar a un temor que incapacite al chiquillo para disfrutar de un buen chapuzón, una situación ciertamente preocupante.
4. Tratamiento:
Según los expertos, la primera norma para ayudar a un chaval a superar este tipo de temores es no forzarle a que lo afronte directamente, ya que podríamos provocarle mucho más miedo. Para Jiménez Planas, "la clave de todo es demostrar y transmitir al niño la sensación de que estamos junto a él, de que nosotros no nos sentimos asustados y jugamos y disfrutamos. De esta forma, puede llegar a calmarse. Por el contrario, si su temor angustia a los adultos que están cerca, el pequeño puede entender que a los mayores también les da miedo, y posiblemente le entrará el pánico".
Por este motivo, este profesional asegura que lo más conveniente es proponernos como "modelos a imitar" y, tranquilamente, con paciencia, transmitir seguridad. "Hay que dejar que el agua suba hasta una altura del cuerpo del niño que normalmente no tolera, incluso dejarle solo poco a poco, siempre bajo supervisión profesional, para que el miedo vaya desapareciendo". Otro método para evitar que un chiquillo sienta fobia al agua es animarnos a asistir junto a él a los cursillos que organizan las piscinas durante todo el año.
Cuando las fobias interfieren en la vida de una persona, el tratamiento puede servir de ayuda. Existen tres tipos de terapias psicológicas para afrontar el miedo al agua:
Terapia de exposición: Este tipo de terapia ha demostrado un alto indice de efectividad en el tratamiento de las fobias especiíficas.
Expuesta por primera vez por el sudafricano Joseph Wolpe en la década de los 50, trata de desensibilizar al paciente del estímulo que produce la fobia. Para hacerlo se expone físicamente al paciente al objeto fóbico de forma controlado, gradual y progresiva; enseñando al paciente a perder el miedo. El paciente tendrá total control sobre dicha exposición.
Generalmente se acompaña de técnicas de control de la angustia y/o ansiedad.
Desensibilización sistemátia: Se trata de una técnica parecida a la anterior, con la diferencia que no se utiliza la exposición directa o física a la fobia, sino que se hace forma imaginaria.
Terapia congnitiva: La terapia cognitiva es un proceso en el cual se trata de resolver el problema fóbico basándose en experiencias de aprendizaje o reeducación del pensamiento para que el paciente actúe de una forma más realista eliminando las falsas creencias. El paciente, con la ayuda y colaboración del terapeuta, aprende a descubrir y modificar los pensamientos e ideas que lo hacen sufrir.
Este tipo de tratamientos, puede incluir, además de los ya mencionados, otras técnicas de modificación de la conducta:
Información al paciente sobre la naturaleza de la ansiedad en general y de las fobias en particular: mecanismos básicos, procesos de condicionamiento, explicación sobre los síntomas y su alcance, relaciones entre pensamiento, emoción y acción.
Identificación y neutralización del procedimientos contraproducentes, utilizados por el paciente para regular su problema, pero que, en realidad, contribuyen, no a la solución, sino al mantenimiento del problema.
Respiración diafragmática lenta y relajación muscular progresiva.
Exposición controlada y progresiva a situaciones temidas.
Desensibilización sistemática: combinación de técnicas de relajación con el enfrentamiento gradual a estímulos fóbicos.
Prevención de respuesta o inundación: consiste básicamente en impedir las respuestas de evitación
Modelado operante: Inicialmente el paciente observa a un modelo, otra persona, que se enfrenta a las situaciones que él teme sin sufrir consecuencias desagradables. Después el paciente, progresivamente, con ayuda del terapeuta trata de emitir respuestas adaptativas a la situación, a pesar de que persista cierto grado de ansiedad.
Materiales de autoayuda como complemento de la terapia, y/o soporte de las "tareas para casa".
Estos son algunos de los recursos terapéuticos más conocidos y probados en el tratamiento de las fobias simples. Se ha de tener en cuenta no obstante, que estos trastornos pueden venir asociados a otros problemas, que requieren también un abordaje, en el contexto de un tratamiento integrado y convenientemente articulado. El tratamiento, en rigor, no lo es de la fobia, sino de la persona que lo padece, en relación, naturalmente, con la demanda que efectúa.
Los tratamientos suelen desarrollarse individualmente, aunque en algunos en ocasiones, en función del caso y del momento, está indicado el tratamiento grupal, o la participación de algún acompañante. Los tratamientos suelen durar entre tres y seis meses. No existe hasta ahora un tratamiento comprobado a base de medicamentos, para fobias específicas, pero en ocasiones ciertas medicinas pueden recetarse para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad antes de que la persona se enfrente a una situación de fobia.
5. Nota importante sobre el auto-diagnostico:
Usted no puede, ni debe auto-diagnosticarse. Sólo un profesional de la salud cualificado está en condiciones de hacerlo con rigor y fiabilidad.
Cuando una persona está preocupada por su salud o normalidad suele identificarse con síntomas o enfermedades que no tiene, o confundirlos con otras posibles.
Si tiene dudas acuda en primer lugar a su médico general o de familia, él le orientará al respecto.
eguridad en el agua. Prevención de accidentes
Hospital Universitario Austral
Contenido:
Introducción
En el primer año de vida: El riesgo en el hogar
Preescolares
Entre 5 y 12 años: El riesgo fuera de la casa
De 12 a 18 años
Artículos relacionados
1. Introducción:
El ahogamiento es una causa frecuente de muerte en niños y adolescentes. La mayor incidencia se produce en menores de 5 años. Los chicos se ahogan en bañeras, piletas, ríos y hasta en grandes recipientes. Cualquier cantidad de agua, aunque se trate de unos pocos centímetros, puede ser peligrosa para un niño pequeño. Está comprobado por estadísticas que en el 75% de los casos de ahogamiento no se tomó ninguna medida preventiva.
2. En el primer año de vida: El riesgo en el hogar:
seguridad en el agua
Durante el primer año de vida los chicos no son capaces de protegerse ni siquiera en unos pocos centímetros de agua. El mayor riesgo para ellos está en las bañeras, grandes recipientes y hasta baldes en los que pueden caer.
Los accidentes en las bañeras ocurren generalmente cuando los padres dejan al chico solo, o acompañado por otro niño. En la mayoría de los casos los pequeños se ahogan durante breves períodos en los que falta la vigilancia, a veces menos de 5 minutos, porque la madre, el padre u otra persona mayor van a atender el teléfono, abrir la puerta de calle o a cumplir alguna tarea doméstica.
Nunca deje a un niño solo en la bañera, aunque sea por pocos segundos. Aunque usted tenga dispositivos especiales, tales como timbres o alarmas acústicas, eso no es suficiente para evitar el riesgo. Los niños deben ser vigilados por un adulto durante todo el tiempo en que están dentro de la bañera.
Además, los baldes y otros recipientes comunes en el hogar son también muy peligrosos para chicos de corta edad: a veces ellos quieren mirar qué contienen, con peligro de caer dentro. A esa edad la cabeza es la parte más pesada del cuerpo, por lo que la caída es fácil. Y como los grandes recipientes llenos de líquido pesan más que el chico, no se vuelcan, y por lo tanto no le permiten salir de esa situación. Los padres deben mantener permanentemente la atención sobre sus hijos, sobre todo cuando comienzan a gatear o a trasladarse por sus propios medios.
Esté seguro de vaciar todos los recipientes luego de haberlos utilizado, sobre todo los que tengan gran capacidad (20 o más litros).
Nunca deje a un niño pequeño solo en el baño.
Mantenga las puertas de los baños siempre cerradas.
3. Preescolares:
seguridad en el agua
Las piletas de natación representan la causa principal de ahogamiento durante la edad preescolar. Un chico puede ahogarse incluso en presencia de un adulto. En la mayor parte de los casos los accidentes se producen cuando no hay supervisión del adulto, tanto cuando el niño está fuera como cuando entra a la pileta.
Casi la mitad de los niños pequeños que se ahogan en piscinas fueron vistos por última vez dentro de la casa.
Los chicos pueden fácilmente resbalar y caer dentro de la pileta sin hacer ningún ruido. Sólo se sabrá lo sucedido cuando algún adulto note su ausencia.
Centre sus expectativas en el juego, el pasatiempo. Después, cuando el niño esté en condiciones y lo desee, entonces sí inclúyalo en el aprendizaje propiamente dicho (lecciones verdaderas de natación).
No olvide que ese aprendizaje no implica que su hijo esté completamente seguro en el agua. Aunque su hijo sepa nadar, necesita ser supervisado, continuamente vigilado. Nadie, niño, joven ni adulto, debería nadar solo.
Recuerde:
Nunca deje a su hijo solo dentro o cerca de la pileta, ni siquiera por un momento.
Además del control estricto, conviene usar salvavidas inflables o "alitas" en los brazos.
Mantenga los juguetes lejos de la pileta, para que el chico no se tiente al ir a buscarlos.
Evite que haya triciclos u otros juguetes de desplazamiento en el borde de la pileta.
No use trampolín en piletas que no son aptas para eso.
Evite el uso de tobogán.
Mantenga lejos del agua los objetos o aparatos eléctricos.
Coloque reja protectora alrededor de la pileta. La reja debe estar completamente separada de la casa y del jardín, tener cuatro lados (no utilice una pared de la casa como reja), tener no menos de 1,20 metros de altura, una distancia entre barrotes de 10 centímetros o menos, el picaporte de la puerta por encima del alcance del niño y, en lo posible, cierre automático, con la puerta ubicada lo más lejos posible del borde de la pileta.
No deje abierta la puerta de la pileta; el 75 % de los ahogamientos en piletas con cerco se producen con la puerta abierta en el momento del accidente.
Si además de la reja usted usa una cobertura, como lona, plástico o malla, no utilice las flotantes: las fijas son más seguras. Además, cubra totalmente la pileta, para evitar caídas por debajo de la cobertura, y asegúrese de que no haya agua sobre ésta última.
4. Entre 5 y 12 años: El riesgo fuera de la casa:
La natación y los deportes acuáticos constituyen una buena diversión y un buen ejercicio para chicos en edad escolar. Sin embargo, muchos accidentes ocurren en océanos, lagos, ríos y arroyos.
Nunca deje a su hijo nadar sin la supervisión de un adulto.
Tampoco permita que realice esquí acuático, buceo o snórkel sin instrucción previa dada por un profesor.
Son también riesgosos lugares como zanjas, acequias, pozos, estanques y fuentes. Observe con atención a su hijo si está jugando cerca de ellos.
Enséñele a su hijo estas reglas, y asegúrese de que las cumpla:
Nunca nadar solo.
Nunca zambullirse sin previo consentimiento de un adulto que conozca la profundidad del agua en esa área.
Usar siempre salvavidas cuando se está pescando, navegando, esquiando o jugando en un río o arroyo.
Nunca nadar alrededor de embarcaciones ancladas, senderos de lanchas o mientras otros están esquiando.
Nunca nadar durante tormentas eléctricas.
Nunca empujar o retener a otra persona bajo el agua.
Nunca pedir auxilio sin necesitarlo.
No permitir que los chicos usen colchones para agua o juguetes hinchables en áreas profundas. Éstos no deben ser usados como salvavidas, porque ofrecen una falsa sensación de seguridad, y pueden ser peligrosos si se desinflan repentinamente, o quedan lejos del alcance del niño.
Hacer usar al chico el chaleco salvavidas apropiado para su peso y edad cuando está en áreas profundas, o navegando, o practicando un deporte acuático. De todos modos, recordar que el chaleco no reemplaza la supervisión que debe ejercer el adulto permanentemente.
5. De 12 a 18 años:
seguridad en el agua
Habitualmente los adolescentes y preadolescentes saben nadar, o al menos tienen nociones, pero la mayoría piensa que nada mejor de lo que realmente lo hace, y entonces no valora adecuadamente las corrientes, las profundidades del agua y su propio estado físico.
En esta edad la mayoría de los accidentes suceden en lugares no supervisados, como ríos, diques y estanques, como resultado de lesiones producidas por zambullirse en áreas de escasa profundidad o con objetos flotantes o sumergidos, golpes contra el fondo de la pileta, saltos desde el trampolín, o bien al nadar bajo los efectos del alcohol u otras dr**as.
Cada año muchos niños mueren, o sufren accidentes con secuelas neurológicas, debidas a falta de adecuadas medidas de prevención y de la toma de determinadas precauciones. La familia puede, con la debida prudencia, disfrutar del agua y prevenir tales tragedias.
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Evalúa tu estilo de natación: Crol.
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Exposición al cloro en piscinas cubiertas.