27/05/2026
EL RESPETO AL RITMO INTERNO DE LA VIDA DEL NIÑO
“Una máxima práctica muy importante, que el maestro no debe olvidar: 'respetar el ritmo interno del alma del niño'. (…)
Supongamos que un niño de tres años y medio, o de cuatro, desea transportar una serie de objetos, digamos las diez varas de números, de la repisa hasta la alfombra que está en el piso al otro lado del cuarto. Es bastante probable que el niño haga diez viajes distintos, yendo y viniendo diez veces, cada vez sorteando cuidadosamente su camino entre mesitas y sillitas, llevando solo una vara cada vez. Diez viajes distintos, uno para cada vara, cuando era tan fácil hacerlo en tres o cuatro viajes. Es bastante común que un niño de esa edad haga un viaje distinto solo para cargar la vara más pequeña, que únicamente mide cuatro pulgadas de largo. Ningún adulto lo habría hecho así, ni, en todo caso, un niño de siete años o más. Habrían cargado tantas varas juntas como fuese posible con objeto de ahorrar tiempo y energía.
A nosotros los adultos nos carcome el gusanillo de la prisa porque nuestras mentes están tensas al máximo, concentrados en el fin externo que se quiere conseguir. Visualizamos la acción como ya finalizada mentalmente y actuamos tan veloz y económicamente como podemos para ese fin. Pero para el niño la ejecución de la acción misma es la meta, aunque sea una meta inconsciente, ya que se desarrolla por medio de la actividad de que se trate, construyendo y unificando su personalidad. El hecho de cargar las varas de números, cada una por separado, y yendo y viniendo con tanto cuidado entre los demás niños, sin golpear a nadie ni nada en el camino, es tan importante para el niño en esta etapa como el hecho de aprender los números mismos. Es importante… porque contribuye a lo que Montessori llama “la encarnación progresiva” del individuo, es decir, ayuda a perfeccionar la relación entre cuerpo y alma.
Sin embargo, aun desde el punto de vista del exclusivo desarrollo mental del niño, esos diez viajes distintos no carecen de significado, ya que, para el niño, cada vara de números distinta es una entidad, algo que hay que tomar en cuenta, y digno de un viaje especial. (…)
¿Por qué nos irrita tan a menudo la excesiva lentitud de los niños, y nos pone nerviosos su deliberación enloquecedora? Es porque no nos damos cuenta de que el tiempo interior de su vida difiere tan definitivamente del nuestro. En este sentido existe una “enorme brecha permanente” entre el adulto y el niño, y nosotros tenemos el deber de salvarla forzando nuestra imaginación, a menos que seamos místicos o zembudistas, porque el niño y el místico son iguales en tanto que ambos viven en algo parecido a un presente eterno.”
E. M. STANDING
La Revolución Montessori en la Educación
. .