9 Signos Grupo Editorial

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La dama del arroyo (Spanish Edition) 10/05/2018

Comentario de un cliente de Amazon sobre la novela "La dama del arroyo", de Edanela Urrutia

"El libro te atrae desde que comienzas a leerlo, es difícil soltarlo. Al principio parece ser la narración de una aventura, luego te das cuenta que encierra grandes lecciones de vida para cualquiera".

La dama del arroyo (Spanish Edition) Andrés viaja a España para cumplir el sueño de su fallecido padre: escalar Los Pirineos. Una tormenta sorprende su expedición y cae por una escarpada. Atrapado en un ambiente hostil y rodeado de condiciones adversas se encuentra con Melody, una joven rescatista que tambié...

08/05/2018

PESCAR MARIPOSAS

El zumbido de llantas sobre asfalto caliente, el agudo estruendo de las bocinas y el ronroneo de los motores se encapsulan con el humo de los escapes para subir denso sobre la Avenida Balboa, creando esa atmósfera de citadino estrés. El tráfico estaba endemoniadamente lento. Más rápido parpadeaba la enorme flecha de focos que señalaba el cambio de carril. En esta ciudad, cuando se decide arreglar una calle todo se vuelve un caos. Peor cerca del mediodía cuando media humanidad tiene que aprovechar escasos sesenta minutos para resolver citas, negocios o asuntos personales.

Desde su auto lo ve. Era imposible no notarlo. El niño estaba sentado sobre el muro del malecón con una larga ramita que usaba como caña de pescar. Lo rodeaba un aura de tranquilidad. Sin embargo, el resto de los transeúntes parecía ignorarlo o verlo con la misma indiferencia de piedra que el monumento de Balboa. ¿Será que todos están tan embebidos con sus prioridades rutinarias y sus urgencias de agendas que no tienen tiempo para notarlo? ¿Será que lo único verdaderamente importante en la cabeza de la gente en horas como éstas es correr para volver al trabajo, o hacer una llamada desde los celulares para avisar que se va a llegar un poco retrasado a equis reunión? ¿Acaso lo único que persiguen los que transitan esta ciudad es el obligatorio sueño de hacer dinero? ¿Estaremos en una carrera por pisar a los demás o ser pisoteados? ¿Será eso lo que nos mueve tan veloz o tan despacio como el tráfico lo permita? Tenía la sensación de ser el único imantado por el pequeño de ropas harapientas y modesta caña de pescar sobre el que gravitaba un remanso de paz. Entró a la rotonda, estacionó su auto, y se acercó al chico.
─ Hola. ¿Qué haces aquí?
─ Voy a pescar mariposas.
Tanta ingenuidad le arrancó una inesperada risa.
─ Es imposible. Las mariposas vuelan, no nadan. Además, no puedes pescarlas. Las matarías con el anzuelo. Más bien necesitas una redecilla para atraparlas. Y sería mejor si fueras a cazarlas al campo o a una pradera.
─ Pues yo las s**o del mar. Pero cállate, que las vas a espantar.
Sin entender por qué obedecía guardó silencio. En medio de la espera se percató de que el hilo de la caña se extendía lejísimo. Parecía fundirse en el horizonte. Hacía tanto que no se tomaba una pausa para contemplar el azul y difuso abrazo entre el mar y el cielo. De pronto, con pequeños y vertiginosos jalones de muñecas el niño empezó a sacar mariposas del agua. Su agilidad impresionaba. El larguísimo nailon ondeaba como un delgado y traslúcido látigo hasta las nubes. Allí las mariposas se liberaban y aleteaban suspendidas por breves segundos y se convertían en peces multicolores que inundaban el cielo.
─ Ves, que sí puedes. Te regalo mi caña. Tómala. Ahora me voy a atrapar peces en el cielo.

07/05/2018

APAGAR LA LUZ
Por Luigi Lescure

Desde niño me da miedo apagar la luz de cualquier habitación y cerrar la puerta. Me imagino que una mano negra y peluda me agarra desde el otro lado. No pienso en qué pasa después. Nunca supe si me secuestraría a una dimensión desconocida o me encerraría con el resto de su monstruoso ser en el cuarto del momento. Me aterraba verlo por completo. Sus ojos debían ser rojo fuego. Siempre había sido un temor latente, hasta hoy. Su contacto me eriza la piel. ¡Es como lo había imaginado!

07/04/2018

MINI TALLER
Lee el cuento:

El misterioso cuadro de Claribel

Claribel despierta sobresaltada y de inmediato se dispone a pintar su pesadilla. Busca con desesperación entre los materiales de Donaldo. Reúne carboncillos, pintura y pinceles. Quiere retener el sueño, plasmarlo y observarlo. Es un impulso. Le parece un absurdo porque ella no sabe dibujar. Sin embargo, presiente que eso la tranquilizará y confía en ello porque ha aprendido a escuchar sus corazonadas. Además, hoy regresa Donaldo. Cuando llegue se esfumarán sus temores. Él la escuchará en medio de un abrazo y la reconfortará con cálidos besos, como los que le regala frente a sus cuadros cada vez que concluye una obra. “Así los firmaré de hoy en adelante”, le prometió desde que terminó el primer lienzo que pintó cuando comenzaron a vivir juntos. Era un retrato de ella desnuda en la cocina que tituló Claribel a fuego lento. “Tú alimentas mi alma y mi cuerpo”, le había dicho.
Lo poco que conoce de trazos, colores y plasticidad lo había aprendido visitando exposiciones con Donaldo o viéndolo pintar tardes enteras. En algunas de esas ocasiones él la invitaba a su lado, le entregaba un pincel, la colocaba frente al lienzo y él se ponía a su espalda, se abrazaba tiernamente a ella y conducía amorosamente su mano. “Qué afortunado soy de poder hacer las dos cosas que más amo a la vez”, le susurraba al oído. Y Claribel sentía que cada pincelada era una extensión del amor que se tenían. “Mis mejores obras son las que he realizado contigo”, le confesó tres meses después. En el fondo pensó que sólo pretendía halagarla. “Seguro que a Larissa le decías lo mismo”. Él le aseguró que con Larissa jamás pintó un cuadro que lo apasionara. Si bien su esposa le sirvió varias veces de modelo, jamás compartió su entusiasmo por el arte. Es esquemática, llena de paradigmas, rígida como una piedra. Quizá por eso podía quedarse inmóvil por horas, como una estatua. Donaldo le aclaró que junto a Larissa las musas acudían del exterior, de lo observado y lo vivido, no de la vida misma, esa que brota del interior, del corazón y que se pinta con los colores del alma. Y la llenó de óleos, temperas, acuarelas, y la secó con un lienzo que tituló Colores del alma.
Sumida en sus pensamientos Claribel fue pintando su visión casi dormida, en trance. Ya no había miedo. Se sentía como cuando Donaldo dirigía su mano. Y su vida también. Porque él la había llevado hasta ese punto de extrema felicidad. La conoció en la facultad de Bellas Artes donde era profesor. La sacó de su cómodo trabajo de oficinista y la llevó a recorrer mundo: México, Madrid, Nueva York, Londres, París, Tokyo. Y después de visitar tantas ciudades se mudaron a un pequeño pero lujoso apartamento que compró en el Casco Viejo. Aquí compartirían un mismo destino. Le había jurado que al regresar de su próxima exposición en Londres terminaría definitivamente con Larissa. Le dio su palabra de que siempre la cuidaría, que ni mu**to se alejaría de su lado. Ya no habría más años de amor furtivo. Y como primera prueba título su exposición “Adiós y Hola”. En ella reuniría una muestra de sus inicios artísticos y de su etapa más reciente. Como pieza central eligió Claribel a fuego lento, pero no la pondría a la venta, porque para él representaba el final de una vida y el comienzo de otra. Lo siguiente sería despedirse de su esposa.
Cuando Claribel intuyó que el cuadro estaba listo abrió los ojos. Para su sorpresa la imagen de un puñal penetrando un estómago resultó igual al sueño. Inconcientemente la pintó detrás del lienzo Colores del alma. Sin embargo, lo más misterioso era que parecía pintada por el propio Donaldo. Tenía sus trazos y su técnica. Pero lo que más la asustó fue que el pincel estaba completamente seco. Miró el reverso de la tela, y descubrió que la pintura original chorreaba empapando el piso con mil matices. Un pálpito le sugería que algo le había ocurrido a su amante.
En eso el timbre de su celular interrumpió su presentimiento. Era un mensaje de texto de Donaldo que con inusual parquedad le pedía “recógeme”. Si bien la entristeció leer tan sencilla solicitud en una pantalla y no escucharla de su viva voz, se alegró de que hubiese regresado sano y salvo. Ya pronto estarían juntos de nuevo. Se vistió y salió ansiosa a buscarlo al aeropuerto. Mas la dicha le duró poco porque al abrir la puerta se topó con Larissa, que firme y silenciosa como una estatua la esperaba empuñando un mortal acero, como el que acababa de pintar.

Bien, ahora que lo leíste analízalo y haz estos ejercicios

1. ¿Te parece coherente y sorprendente el final?
2. Busca las pistas que hacen coherente el final.
3. Describe una escena que no esté en el cuento, pero que te haya venido a la mente al leerlo.
4. Escribe tu propio final.
5. Investiga sobre "dosificación narrativa"
6. Escribe sobre un crimen (estafa, robo, etc, menos un as*****to) en el que ya hayan atrapado al culpable

Si quieres, me envías tus ejercicios a [email protected]

06/04/2018

Hola, te invito a leer este cuento. Se titula "El misterioso cuadro de Claribel"... Si adivinas el final, te regalo el PDF del libro "Con vista al mar" (Luigi Lescure) donde sale publicado.

Aquí va el cuento:

El misterioso cuadro de Claribel

Claribel despierta sobresaltada y de inmediato se dispone a pintar su pesadilla. Busca con desesperación entre los materiales de Donaldo. Reúne carboncillos, pintura y pinceles. Quiere retener el sueño, plasmarlo y observarlo. Es un impulso. Le parece un absurdo porque ella no sabe dibujar. Sin embargo, presiente que eso la tranquilizará y confía en ello porque ha aprendido a escuchar sus corazonadas. Además, hoy regresa Donaldo. Cuando llegue se esfumarán sus temores. Él la escuchará en medio de un abrazo y la reconfortará con cálidos besos, como los que le regala frente a sus cuadros cada vez que concluye una obra. “Así los firmaré de hoy en adelante”, le prometió desde que terminó el primer lienzo que pintó cuando comenzaron a vivir juntos. Era un retrato de ella desnuda en la cocina que tituló Claribel a fuego lento. “Tú alimentas mi alma y mi cuerpo”, le había dicho.
Lo poco que conoce de trazos, colores y plasticidad lo había aprendido visitando exposiciones con Donaldo o viéndolo pintar tardes enteras. En algunas de esas ocasiones él la invitaba a su lado, le entregaba un pincel, la colocaba frente al lienzo y él se ponía a su espalda, se abrazaba tiernamente a ella y conducía amorosamente su mano. “Qué afortunado soy de poder hacer las dos cosas que más amo a la vez”, le susurraba al oído. Y Claribel sentía que cada pincelada era una extensión del amor que se tenían. “Mis mejores obras son las que he realizado contigo”, le confesó tres meses después. En el fondo pensó que sólo pretendía halagarla. “Seguro que a Larissa le decías lo mismo”. Él le aseguró que con Larissa jamás pintó un cuadro que lo apasionara. Si bien su esposa le sirvió varias veces de modelo, jamás compartió su entusiasmo por el arte. Es esquemática, llena de paradigmas, rígida como una piedra. Quizá por eso podía quedarse inmóvil por horas, como una estatua. Donaldo le aclaró que junto a Larissa las musas acudían del exterior, de lo observado y lo vivido, no de la vida misma, esa que brota del interior, del corazón y que se pinta con los colores del alma. Y la llenó de óleos, temperas, acuarelas, y la secó con un lienzo que tituló Colores del alma.
Sumida en sus pensamientos Claribel fue pintando su visión casi dormida, en trance. Ya no había miedo. Se sentía como cuando Donaldo dirigía su mano. Y su vida también. Porque él la había llevado hasta ese punto de extrema felicidad. La conoció en la facultad de Bellas Artes donde era profesor. La sacó de su cómodo trabajo de oficinista y la llevó a recorrer mundo: México, Madrid, Nueva York, Londres, París, Tokyo. Y después de visitar tantas ciudades se mudaron a un pequeño pero lujoso apartamento que compró en el Casco Viejo. Aquí compartirían un mismo destino. Le había jurado que al regresar de su próxima exposición en Londres terminaría definitivamente con Larissa. Le dio su palabra de que siempre la cuidaría, que ni mu**to se alejaría de su lado. Ya no habría más años de amor furtivo. Y como primera prueba título su exposición “Adiós y Hola”. En ella reuniría una muestra de sus inicios artísticos y de su etapa más reciente. Como pieza central eligió Claribel a fuego lento, pero no la pondría a la venta, porque para él representaba el final de una vida y el comienzo de otra. Lo siguiente sería despedirse de su esposa.
Cuando Claribel intuyó que el cuadro estaba listo abrió los ojos. Para su sorpresa la imagen de un puñal penetrando un estómago resultó igual al sueño. Inconcientemente la pintó detrás del lienzo Colores del alma. Sin embargo, lo más misterioso era que parecía pintada por el propio Donaldo. Tenía sus trazos y su técnica. Pero lo que más la asustó fue que el pincel estaba completamente seco. Miró el reverso de la tela, y descubrió que la pintura original chorreaba empapando el piso con mil matices. Un pálpito le sugería que algo le había ocurrido a su amante.

Ahora, dime, qué crees que pasó. Todavía falta un párrafo.

06/04/2018

meditar es hablar en un lenguaje de rumores naturales
címbalo perpetuo
trueno repartido en los escombros

meditar es confundirse con los otros
crear la ambivalencia del designio
ave que en su vuelo traza la desnuda forma femenina
meditar es hablar en un lenguaje de rumores naturales
címbalo perpetuo
trueno repartido en los escombros

meditar es confundirse con los otros
crear la ambivalencia del designio
ave que en su vuelo traza la desnuda forma femenina

-Javier Romero Hernández (Meditación en un laberinto)

31/03/2018
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