14/12/2025
Tras manifestarse el rostro de Nana Gabayay en las aguas burbujeantes en la tinaja Ibenamedde, las abuelas ranas reconocieron el anuncio de nacimientos extraordinarios destinados a establecer el orden en el mundo.
Cada nacimiento fue precedido por la aparición del gallo sagrado, cuyo canto revelaba el nombre y la llegada de cada criatura. Así surgieron sucesivamente Ibelele, Ololele, Olowigabibbilele, Olosunnibelele, Uudule, Ologwadgwaddule e Igwaoginyabbilele (Bugsu), todos varones vinculados al equilibrio, la protección y la organización del espacio terrenal. El ciclo se completó con el nacimiento de Olowagli, la única mujer entre los ocho hermanos, figura fundamental en la lucha por la liberación y el cuidado de la Madre Tierra.
Las abuelas ranas, guardianas del vientre de la vida, cumplieron un papel central al regular el fuego, el agua y los vientos, asegurando nacimientos en armonía. Posteriormente, asumieron colectivamente la crianza de los ocho seres, distribuyendo el cuidado y la alimentación como expresión del principio comunitario que sostiene la existencia humana. Cada una se encargó y se hizo responsable del cuidado de dos hermanos, así: Muu Ologunyay dio sus pechos a Ibelele, y a Ololele. Muu Olobuglili se encargó de Olowiggalilele y Olosunnibelele. Muu Ologundili amamantó a Buudule y a Ologwadgwaddule (Ologaglibibbilele). Finalmente Muu Igwasob cuidó de Igwaoginyabbilele (Bugasui o Bugsu) y de Olowagli.
Este relato no solo explica el origen de la sociedad Gunadule, sino que transmite una profunda enseñanza ética y espiritual: la vida surge del equilibrio entre los elementos, del cuidado colectivo y de la responsabilidad compartida con la Madre Tierra y todos los seres que la habitan.