30/10/2024
En 2013, Greenpeace fue una de las primeras organizaciones no gubernamentales en documentar el impacto socioambiental de la digitalización. Desde la publicación de un informe pionero que reveló las emisiones ocultas de CO₂ en los centros de datos, las externalidades del ciberespacio han ocupado un lugar prioritario en su agenda medioambiental. Lo hace nuevamente en “La huella oscura de los dispositivos digitales”, en el que he tenido la oportunidad de colaborar.
Todos los estudios científicos e informes independientes advierten sobre el empeoramiento de la huella hídrica, los residuos y las emisiones vinculadas al ciberespacio y economía digital. Naciones Unidas señala que “la continuación de las trayectorias actuales no es compatible con la necesidad de cumplir con los límites planetarios” ( UN Trade and Development (UNCTAD).
Posiblemente estamos en “el período más barroco del ciberespacio y la infoesfera”: una proliferación masiva y a menudo innecesaria tanto en el ámbito tangible como en el intangible, que marca el éxodo digital en el que todos participamos. La inteligencia artificial generativa ha acelerado este proceso, contribuyendo a una expansión sin precedentes.
Este fenómeno plantea una contradicción: mientras la infoesfera y el ciberespacio se expanden, las condiciones biológicas de la vida en la Tierra se deterioran. El cambio climático avanza en paralelo con una creciente “gula digital”, impulsada por una dependencia cada vez mayor de la infraestructura tecnológica, que agudiza el deterioro de los ecosistemas.
Es una “irresponsabilidad conceptual” pensar en el ciberespacio y la infoesfera como entidades ilimitadas, cuando, en realidad, están profundamente ligadas a los recursos finitos de la biosfera: agua, minerales, energía y suelo. La transformación digital es, en última instancia, física, fósil y tóxica.
Desde la ética digital, debemos reconocer nuestra responsabilidad en este proceso. El ciberespacio y la tecnología no pueden seguir expandiéndose sin considerar sus impactos ecológicos. Un futuro sostenible obliga a replantear nuestro consumo digital; optar por un desarrollo tecnológico que respete los límites planetarios.
La verdadera innovación reside en armonizar lo digital con lo biológico, asegurando que el progreso tecnológico contribuya, en lugar de amenazar, el equilibrio ecológico del que depende toda vida en el planeta.
🔺Greenpeace: https://lnkd.in/eMmCDanZ
Cada año se generan 2,6 toneladas de basura tecnológica más y en 2030 se alcanzarán los 82 millones. Es urgente tomar medidas.