El 14 de octubre 2015 publique en mi espacio y en el foro PENTAS DE CORAZÓN, datos históricos sobre un valiente personaje MATIAS LAZCANO OCHOA.
Se bien que han pasado casi cinco años y muchos elementos de nuevo cuño penta, tal vez desconozca donde encontrar información histórica de la institución.
Voy a compartir con ustedes de nuevo...
TRAGEDIA DE TIERRA BLANCA
Matías Lazcano Ochoa
65 Aniversario Luctuoso de Matías Lazcano Ochoa, Comandante de los Socorristas de la Cruz Roja de Culiacán, fallece cumpliendo su deber en una acción heroica, tratando de salvar 5 trabajadores de una profunda noria con gases tóxicos en el antiguo Seminario de Culiacán. En su honor una calle lleva su nombre.
Pocas Instituciones sociales desparraman más beneficios a la población que la Cruz Roja de Culiacán.
¿Cómo nació, cómo se desarrolló la Cruz Roja?
Se sabe que el Club Rotario se interesó en la creación de una institución de auxilio, calcada de la Cruz Roja Mexicana que funcionaba maravillosamente bien en la capital del país.
En una sesión del Club Rotario que tuvo lugar en el centro recreativo Antonio Rosales, ubicado en Angel Flores y Morelos, en Culiacan Sin., la idea empezó a florecer en el ánimo de muchos buenos vecinos.
Las primeras promociones que se hicieron resultaron muy positivas: no había razón alguna para que Culiacán, una ciudad en rápido crecimiento, no contará con su Cruz Roja.
Con el fin de que la idea no se muriera como sucede frecuentemente con otras nobles ideas, se formó una especie de comité del que formó parte el doctor Mario Camelo y Vega, llegado de Tabasco y avecindado formalmente en la ciudad, en quien recayó la presidencia, por sus méritos al encabezar la cruzada.
Otros miembros del comité fueron el licenciado Francisco Verdugo Fálquez, buen abogado y notario público, cronista de la ciudad, como vicepresidente; Alejandro Hernández Tyler, un gran poeta, como secretario, y J. de Jesús Hernández un excelente hombre, como tesorero.
Con el fin de respaldar el trabajo de este magnífico equipo de hombres y mujeres de buena fe, se integró un comité de damas, cuya presidencia recayó en Alicia Calles de Almada, esposa de Jorge Almada, renombrado industrial del azúcar, yerno del general Plutarco Elías Calles, ex presidente de la república.
Se agregó a este comité de mujeres una hermosa muchacha llamada Daisy Grenfell, hija de un auxiliar norteamericano de J. M. Hiser, entonces concesionario de la Ford, frente a la plazuela Rosales, por la Angel Flores y Riva Palacio.
Acordaron estos ilustres vecinos echar a andar cuanto antes la institución, cuyos reglamentos y plan de trabajo se calcaron de la Cruz Roja Mexicana, de la ciudad de México.
Primera tarea fue hallar un local donde pudiera atender a personas en aprietos graves por accidentes.
LA CRUZ ROJA POR LA AVENIDA OBREGON:
Por un acuerdo del coronel Rodolfo T. Loaiza, gobernador del estado, un viejo caserón aparentemente en ruinas, por la Obregón e Hidalgo, donde antiguamente estuvo instalado el obispado, fue destinado a la naciente institución, compartiría después el caserón con el periódico "La Voz de Sinaloa", de Gustavo D. Cañedo.
Tenía Cañedo las noticias más frescas a su disposición, pues sólo bastaba que abriera una puerta para que encarara el drama cotidiano que provoca el discurrir de la gente.
Frente al edificio de la institución estaba el Banco de Culiacán, cuyo gerente era Arturo R. Murillo, fue uno de los primeros bancos que otorgaron crédito a comerciantes y agricultores.
El edificio fue donado a la Cruz roja de Culiacán por decreto presidencial del 25 de febrero de 1947, cuando el gobernador era el general Pablo E. Macías Valenzuela.
Se murmuró que esta donación fue hecha por el presidente Miguel Alemán como un tributo de amor a una hermosa muchacha culiacanense. ¿Será esta aureola romántica un aparte en la historia de la institución?
Justo es recalcar que el grupo fundador tuvo que realizar mil esfuerzos para reacondicionar el viejo caserón de la Obregón e Hidalgo. Mucho tuvo que ver en esta restauración la generosidad de un hombre siempre listo para servir a su ciudad como fue don Alfonso J. Zaragoza, cuyo brazo derecho, Miguel Antonio Espinoza de los Monteros, no se quedó rezagado.
Hubo un percance inesperado cuando se acondicionaba una amplia recámara como sala de cirugía. Las vigas del techo ya no servían, amenazando con el desplome. No había dinero para comprar vigas de mora.
Surgió inesperadamente un donativo generoso, consistente en rieles de desecho del Ferrocarril Occidental de México, conocido como el Tacuarinero, que soportaron sin mayores problemas el techo del caserón que había pertenecido a la familia Echavarría.
LOS PRIMEROS MEDICOS DE LA CRUZ ROJA DE CULIACAN:
Los primeros médicos en acudir a prestar un servicio no remunerado fueron los doctores Otilio Castañeda Torres, Aída Flora Medina, José Cascajares, Pedro Vargas, Miguel Angel Chávez Nava, y un joven que se abría paso rápidamente entre los mejores cirujanos del país llamado Fernando Uriarte, que años más tarde sería rector de la entonces Universidad de Sinaloa.
El cuerpo de ambulantes se formó con jóvenes fogosos, inbuídos de una poderosa mística de socorro al prójimo.
Llamó pronto la atención un muchacho llamado Matías Lazcano Ochoa por su serenidad y arrojo en momentos inquietantes a causa de incendios, desplomes, inundaciones, accidentes.
EL PRIMER GRAN DRAMA DE LA CRUZ ROJA:
Se registró un terrible drama que enlutó a la naciente Cruz Roja de Culiacán: murió Matías Lazcano Ochoa al tratar de rescatar a tras albañiles que construían una noria en el Seminario de Culiacán, que estaba ubicado en la colonia tierra Blanca.
Su hermano, el licenciado Manuel Lazcano Ochoa, relató al autor de este texto: -Fue el 22 de septiembre de 1950 cuando ocurrió aquel horrible drama que ha llenado de dolor a mi familia.
Al mediodía, Matías y yo acordamos ir a tomarnos un café a la Carpa Sonia, pegadito al mercado Garmendia, por la calle Angel Flores. Estábamos allí platicando sobre el proyecto de montar un pequeño molino para convertir la caña de azúcar en piloncillo, por el rumbo de El Salado, cuando llegó un grupo de muchachos, aspirantes a socorristas, y le dijo que había ocurrido un accidente.
Matías era el comandante del grupo de socorristas, se levantó y se fue.
Me quedé en la Carpa Sonia; al rato, cuando ya me desesperaba por la tardanza de Matías, me llegó la noticia espantosa. Fui a Tierra Blanca, y sí, vi con mis propios ojos, a mi hermano, el cadáver de mi hermano.
SALVO A DOS ALBAÑILES, AL TERCERO YA NO PUDO
Tres albañiles habían bajado al fondo de la noria donde estaba una bomba movida por un motorcito de gasolina. Estaba lleno de gas venenoso.
Matías Lazcano rescató a dos albañiles, inconscientes por el efecto del monóxido de carbono. Se metió de nuevo a la noria, tras el tercero. Pero ya no pudo volver a la superficie.
Después de muchas maniobras que hicieron Ricardo Timmermann y Anastasio "Tacho" Márquez, el cuerpo fue rescatado, el doctor Olavo Corona, jefe del cuerpo de bomberos de Mazatlán, envió un pulmotor. Pero ya no había nada que hacer.
Culiacán se paralizó por la tragedia.
Cerró el comercio el día de su entierro. Cayó sobre el hogar de doña Sara Ochoa de Lazcano, el más horrible dolor. Soportó la gran dama con entereza lo irreparable, y animó a su familia a salir adelante. Fue una prueba espantosa.
Matías dejó embarazada a su esposa María Elvira Escamilla; después de su muerte, nació su hija Patricia.
LA ORDEN DE GRAN COMENDADOR A MATIAS LAZACANO OCHOA
Matías fue honrado con el grado de Gran Comendador por la Cruz Roja.
Fue declarado miembro de la Legión de Honor de la Cruz Roja Internacional. El doctor Camelo y Vega, presidente de la Cruz Roja, y el licenciado Clemente Vizcarra Franco, secretario general de Gobierno, participaron en el funeral.
Poco después, Manuel Montoya, presidente municipal de Culiacán, firmó el decreto por el cual se le imponía el nombre de Matías Lazcano Ochoa a la calle que pasa frente al Seminario, en la colonia Tierra Blanca.
Hoy día, Matías es ejemplo de valor y desprendimiento para las nuevas generaciones de culiacanenses.
UN NUEVO EDIFICIO EN EL BULEVAR LEYVA SOLANO
En vista de que el edificio de la Obregón e Hidalgo resultaba insuficiente, y, además porque la ampliación de la Obregón era un imperativo dado el tráfico, el gobernador del estado, Leopoldo Sánchez Celis, acordó la donación de un terreno por el bulevar Leyva Solano.
En 1963, se colocó la primera piedra del edificio, en la Leyva Solano, entre Ruperto L. Paliza y Jesús G. Andrade, y un año después se puso en servicio el nuevo local de la Cruz Roja.
El viejo cascarón de la Obregón fue demolido para ampliar esa calle, y en su lugar se levantó una hermosa plazoleta con un bello árbol en el centro, mudo testigo del ayer.
FLORES SARMIENTO Y ANA MARIA NOE DE TIMMERMAN
Así como en el pasado fue el doctor Camelo el que mantuvo enhiesta la bandera de la Cruz Roja, ahora lo fueron Emigdio Flores Sarmiento, como presidente del consejo directivo, y Ana María Noé de Timmerman, presidenta del comité de mujeres amigas de la institución.
Y, luego otra remuda de gentes, tomó la estafeta Mario Ramos Tarriba, bajo cuya dirección se han remodelado las instalaciones de la noble institución.
CANTINFLAS REUNIÓ EL DINERO PARA LA AMBULANCIA
Mario Moreno, Cantinflas, vino a Culiacán e hizo una presentación a beneficio de la institución. Juntó suficiente dinero para comprar la segunda ambulancia.
Ya en 1952, la colonia griega, muy numerosa por cierto, donó otra ambulancia por medio de los señores Aristeo Canelos, Nicolás Macris, Miguel Crisantes, Guillermo Pulos y otros.
Pero fue el general Jesús A. Celis Campos el que tuvo el mérito de ser portador de la primera ambulancia para la institución; la recibió doña Alicia Calles de Almada, como presidenta del comité de mujeres. Era la época en que el general Celis Campos soñaba con ser gobernador. Sufriría luego una desilusión.
LA CRUZ ROJA MEXICANA: PAÑUELO DE LÁGRIMAS
Ha sido la Cruz Roja Nacional el pañuelo de lágrimas de la gente pobre. Cuando hay un aprieto abre sus puertas sin pensar a quien se le hará el favor.
La Cruz Roja Mexicana empezó a funcionar en la ciudad de México poco antes del estallido de la revolución. Se estrenó llevando alimentos a Monterrey que sufrió una de las peores inundaciones de su historia.
Hizo tal sacrificio en esa ocasión que el gobierno fijo en cuan útil era en casos de desastre y la declaró "institución de utilidad pública". Sin embargo, no la ayudó a tener techo propio, y la institución anduvo de un lado para otro. Estuvo en la calle Rosales 20, luego en la Alamo 8, después a Guardiola a la entrada por Madero y, finalmente en San Gerónimo 14
MATIAS LAZCANO SEMBRÓ CON SU SACRIFICIO
Matías Lazcano Ochoa no sacrificó en vano su joven vida. Su memoria fertiliza las aptitudes naturales de los jóvenes para someterse a la dulce servidumbre de ayudar al semejante en grave apuro.
Cuando se oye aullar a una ambulancia, algo de Matías bulle en el ambiente. Algo estruja al corazón. Proclama que la despensa del amor es inagotable. Permutó su vida espléndida por la de dos humildes albañiles. Salvó a dos, quería salvar a tres y no midió el peligro, usando una simple soga. Sólo lo empujaba la fiereza de una alma desbordada en amor al prójimo. Que su ejemplo cunda entre las nuevas generaciones de socorristas.
Y en memoria de aquella tragedia del 22 de septiembre de 1950, repito una oración irlandesa que leí por algún lado, y que dedico sin restricción alguna al recuerdo de Matías Lazcano: "Que el camino se levante para rozar tus pies, que el viento sople a tus espaldas, y que Dios te tenga en la palma de su mano".
SARA P. DE MADERO SIEMPRE DE NEGRO
José Emilio Pacheco ha dicho en su libro "Las batallas del desierto" que él vivió recién nacido cerca de la plaza del Ajusco, en la ciudad de México. Allí aprendió a caminar cuando la nana lo llevaba a ese sitio "para que tomara el sol". Por el rumbo existían las grandes mansiones, estilo francés, construidas por las familias más ricas y poderosas del porfiriato.
Cerca del parque del Ajusco vivía una dama muy hermosa, discreta y distinguida: Sara P. de Madero, viuda del presidente Francisco I. Madero, depuesto y asesinado por órdenes de Huerta tras la "Decena Trágica", en febrero de 1913.
Pacheco escribió, muchos años después, lo siguiente: "Me parecía imposible ver de lejos a una persona de quien hablaban los periódicos y los libros de historia. Ella fue protagonista de cosas ocurridas cuarenta años atrás, era una viejita frágil, dignísima, siempre de luto por su marido asesinado".
Y, en memoria de doña Sara, dama en el alto poder de la palabra, recae por la rendija de la memoria una frase muy hermosa de Bertold Brecht: "A la gente buena se le conoce porque es más buena mientras más se le conoce".
Pentathlón Jalisco Organización
Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario Organización Pentajalisco. Club Hípico EQUUS.
19/08/2020
Con las debidas precauciones un grupo de veteranos pentathletas conmemoramos el 81 aniversario del Pentathlòn en Jalisco.
PATRIA HONOR FUERZA.
Cuando se enteró mi madre de que yo era pentathleta, me dió un abrazo y me dijo:
"hijo mío de mi alma así te quería yo"
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28/07/2020
Bandera Guión.
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