18/08/2026
Día 14 del juicio de Lindsay Clancy
Wow… qué mucho hay hoy que decir. Pero por un momento quiero detenerme en Paula, la mamá de Lindsay.
Los mensajes que Lindsay le enviaba a su mamá son difíciles de escuchar
El 20 de octubre de 2022 le escribió:
“Mom, will you please come up and stay with me for a bit. I’m really sick. Something is wrong.”
Mamá, ¿puedes por favor venir y quedarte conmigo por un tiempo? Estoy realmente enferma. Algo está mal.
Hay algo particularmente doloroso en leer esas palabras hoy.
Porque no estamos solamente mirando hacia atrás tratando de encontrar señales que ahora, después de conocer la tragedia, nos parecen evidentes.
Estamos escuchando a Lindsay decir con sus propias palabras que sentía que algo no estaba bien.
Y estaba buscando ayuda.
Su mamá testificó que Lindsay le habló de pensamientos suicidas. Hablaba de su miedo, de no poder dormir, de sentirse enferma.
Y Paula estaba pendiente.
Le escribía todos los días.
Viajaba para ayudarla. Ayudaba con los niños y con la crianza. La llevaba a lugares cuando Lindsay dejó de conducir. Escuchaba sus miedos. Trataba de acompañarla mientras veía a su hija atravesar algo que le preocupaba profundamente.
Y hubo un momento de su testimonio en el que me detuve.
Lindsay estaba tan asustada y no quería quedarse sola que le pidió a su mamá que durmiera con ella en su cama.
Y Paula lo hizo.
Una hija adulta pidiéndole a su mamá que se acueste a su lado porque tiene miedo.
No sé por qué, pero esa imagen me tocó profundamente.
Nuestros hijos crecen. Se convierten en adultos. Se casan. Tienen sus propios hijos. Construyen sus propias vidas, pero hay momentos en los que vuelven a nosotros desde ese lugar profundamente vulnerable de quien simplemente necesita sentir: que mamá estaba ahí .
Y Paula estuvo.
Estuvo pendiente. Preguntó. Viajó. Ayudó. Cuidó a sus nietos. Acompañó a su hija. Respondió cuando Lindsay buscó refugio en ella.
Y aun así, la tragedia llegó.
Qué difícil debe ser vivir después con todas las preguntas que deja un desenlace así.
Porque Paula no solamente es la mamá de Lindsay.
También es la abuela de Cora, Dawson y Callan.
Los cuidó. Ayudó en su crianza. Los amó.
Y hoy tiene que vivir con una realidad que me cuesta incluso imaginar: llorar la muerte de tres nietos profundamente amados mientras continúa siendo la madre de la mujer acusada de haberles quitado la vida.
¿Cómo se sostiene un duelo así?
¿Cómo se llora como abuela sin dejar de amar como mamá?
Hay algo de este testimonio que para mí trasciende incluso este caso.
Lindsay estaba hablando. Estaba expresando que algo no estaba bien. Estaba buscando ayuda en diferentes lugares. Y las personas que la amaban también estaban intentando responder.
Había una hija pidiendo ayuda y una mamá intentando ayudarla.
Y aun así, ocurrió lo inimaginable.
Hoy necesitaba detenerme aquí. En la parte humana. En Paula.
En aquella madre acostada junto a su hija adulta porque su hija tenía miedo. En la que intentaba sostener a su hija mientras la veía deteriorarse.
En la abuela que ayudaba a cuidar a tres niños que amaba.
Y en una pregunta que, como profesional de salud mental, me parece que merece permanecer mucho después de que termine este juicio:
¿Qué nos falta cuando una persona logra decir “algo está mal”, busca ayuda, su familia intenta ayudar… y aun así no logramos evitar la tragedia?
Dra. Fermina L. Román- Psicóloga