Instituto Francisco Javier Clavijero AC

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Ofrecemos un espacio de formación teológica en los aspectos humanos y espiriturales para los laicos.

05/04/2026
03/04/2025

SAN RICARDO, OBISPO DE CHICHESTER EN INGLATERRA

Ricardo se convirtió en sacerdote después de conocer a Edmundo Rich.

Como párroco, en Inglaterra, se encargó de la reforma del clero, la gratuita administración de los sacramentos, la celebración de la misa en condiciones dignas y en particular de los pobres y los enfermos.

Murió en 1253 en Dover.

Fuente: VATICAN NEWS

02/04/2025

SAN FRANCISCO DE PAOLA, EREMITA, FUNDADOR DE LA ORDEN DE LOS MÍNIMOS

Nació en Paula, hoy provincia de Cosenza, Italia, el 27 de marzo de 1416. De niño sufrió una grave infección en un ojo, sus padres lo encomendaron a la intercesión de San Francisco de Asís: en caso de curación vestiría el hábito franciscano por un año. Perfectamente curado, para cumplir el voto ingresó a los 15 años en el convento de San Marcos Argentano (Cosenza), donde pronto manifestó su propensión a la oración y firme piedad. Al concluir su estancia en el convento, emprendió con sus padres una peregrinación, buscando una vida religiosa adecuada para él. Fue a Asís, Montecassino, Roma, Loreto y Monte Luco. En Roma, turbado por el lujo de la corte papal comentó: «Nuestro Señor no iba de esa manera». Era el primer indicio de su alma reformadora.

Ermitaño

Volvió a Paula, comenzó un periodo de vida como ermitaño, en un lugar áspero en la propiedad de su familia. Otros se asociaron poco a poco a esta experiencia y, cada vez más numerosos, reconocieron su guía espiritual. Con los suyos construyó una capilla y tres dormitorios. En 1452 obtuvo la aprobación diocesana y la facultad de instituir un oratorio, un monasterio y una iglesia. Los mismos nobles de Paula, entusiasmados por la experiencia de Francisco, contribuyeron como simples obreros en la construcción de los edificios.

Aprobaciones papales

La fama de santidad de Francisco se difundió rápidamente: en 1467, el papa Pablo II envió a Paula a un emisario para tener noticias sobre el eremita. Después de haber presentado su informe positivo sobre el monasterio, el mismo legado pontificio decidió sumarse a la comunidad.
El 17 de mayo de 1474, el papa Sixto IV reconoció oficialmente la nueva orden con la denominación: Congregación eremítica paulana de S. Francisco de Asís. El reconocimiento de la regla con el nombre actual llegó más tarde con el papa Alejandro VI.

Su manto sobre el mar

Amado y buscado como guía espiritual, a Francisco se le consideraba como única autoridad capaz de oponerse a los abusos de la corte aragonesa en el reino de Nápoles, poniéndose de lado de los pobres. Sobre ello narran algunos hechos prodigiosos atribuidos a él. En 1464, año de grave carestía, algunos obreros se dirigían hacia la llanura de Terranova para encontrar trabajo. En Galatro (Reggio Calabria) encontraron a San Francisco que iba a Sicilia. Él les pidió un poco de pan, pero ellos estaban a su vez con hambre y no tenían nada para comer. Entonces, Francisco les dijo: «Denme sus alforjas, porque dentro hay pan». Así fue: en sus pobres alforjas, los obreros encontraron pan blanco, caliente y humeante. Y cuanto más comían, más aumentaba.
Otro episodio que se cuenta es el de un barquero que no quiso llevar a Francisco y sus compañeros a Sicilia. El santo extendió entonces su manto sobre el mar y así pudieron cruzar el estrecho. Otro ‘carisma’ atribuido al santo fue la profecía, como cuando predijo que la ciudad de Otranto iba a caer en manos de los turcos, en 1480, y luego iba a ser reconquistada por el rey de Nápoles.

Del eremitorio a la corte

Llevada por los comerciantes napolitanos, la fama de Francisco llegó a Francia, a la corte de Luis XI, entonces enfermo, el cual pidió al papa Sixto IV que hiciese llegar al Eremita paulano a su cabecera. Tanto el papa como el rey vieron en esta invitación posibilidades de ventajas políticas. Pero Francisco obedeció con fatiga a la imposición papal: estaba acostumbrado a su eremitorio y con disgusto se iba a poder adaptar a la vida de corte. A su llegada, el rey Luis XI se arrodilló a sus pies, nunca obtuvo la curación, per la acción del ermitaño en la corte llevó a buenas relaciones entre el papado y la monarquía francesa. También allí, Francisco fue apreciado por los humildes, así como por los doctores académicos en busca de una guía espiritual. Permaneció 25 años en Francia, trabajando también como campesino, mientras crecía su fama de reformador y penitente. Al sumarse algunos benedictinos y franciscanos, la congregación calabresa abandonó la vida eremítica por la cenobítica. Además, el cambio llevó a la fundación, primero de la Tercera Orden seglar y luego de las Monjas. Las reglas respectivas fueron aprobadas por Julio II, el 28 de julio de 1506.

Muerte y canonización

Francisco se apagó en Tours el 2 de abril de 1507. Su fama se difundió pronto en Europa, a través de las tres ramas de la familia Mínima (frailes, monjas y terciarios). Fue canonizado el 1° mayo de 1519, solamente doce años después de su muerte, durante el pontificado del papa León X, al cual había predicho su elección pontificia cuando era niño. El 13 de abril de 1562, algunos hugonotes forcejearon su tumba y al encontrar su cuerpo incorrupto le dieron fuego. Sus pocas reliquias se conservan en los conventos de los Mínimos, entre ellos en Palermo, Milazzo y Paula.

Fuente: VATICAN NEWS

01/04/2025

SAN HUGO, OBISPO DE GRENOBLE

Desea ser monje, pero durante 50 años dirige la diócesis de Grenoble. Gregorio VII quería que Hugo estuviera en primera línea para restaurar las buenas costumbres del clero y enseñar al pueblo.

Los 7 Papas sucesivos también lo quisieron, el último de los cuales, Inocencio II, lo canonizó en 1134.

Fuente: VATICAN NEWS

11/03/2025

SAN SOFRONIO, OBISPO DE JERUSALÉN

Obispo de Jerusalén desde 634, San Sofronio combatió la herejía monotelista que Sergio, Patriarca de Constantinopla sostenía, afirmando que Cristo tenía solo una voluntad, la divina y no dos, la divina y la humana.

Sufrió el asedio de los árabes y obtuvo la libertad de culto para los cristianos.

Fuente: VATICAN NEWS

10/03/2025

SAN JUAN OGILVIE, SACERDOTE JESUITA Y MÁRTIR

Otoño de 1613. El capitán Watson vuelve a pisar el muelle de Leith, en las afueras de Edimburgo, después de 22 años de ausencia. Hasta entonces, había viajado por toda Europa. Francia, Bélgica, Alemania, Austria, Bohemia y Moravia. Es un hombre culto el capitán Watson, porque pudo estudiar en todas las ciudades donde estuvo. Ahora, sin embargo, ha decidido volver a casa y continuar su trabajo allí. Un trabajo que no podrá hacer a la luz del día.

El clandestino del Evangelio

Porque el "Capitán Watson" es en realidad Juan Ogilvie, un misionero jesuita de incógnito, aterrizado en una tierra que le es tanto madre como enemigo. Veinte años antes de su nacimiento en 1579, Escocia se convirtió en protestante y la vida se volvió muy peligrosa para los católicos. Celebrar o participar en una Misa puede llevar a la pérdida de los bienes y al exilio, los reincidentes pagan con sus vidas. Juan lo sabía bien y, a pesar de que sus superiores lo habían enviado a Rouen, en Francia, durante dos años escribió y rogó al Superior General, el padre Claudio Acquaviva, que lo dejara volver para estar entre sus compatriotas. Lo logra con la tenacidad y el 11 de noviembre de ese año de 1613 el clandestino del Evangelio comenzó su nueva misión.

Amor y traición

La vida cotidiana del Padre Juan es un continuo desafío al sistema. Celebra la Misa antes del amanecer con algunas personas de confianza, visita a los enfermos, a los presos, se encuentra con los nuevos convertidos y también con los "herejes", con los protestantes que pensaban volver al catolicismo. A veces pernocta en casa de algunos de ellos y tiene la costumbre de recitar el breviario en la habitación que lo alberga. "Alguien que me había espiado y me había oído susurrar en voz baja, a la luz de las velas, decía que yo era un mago", recuerda en sus memorias. Fue traicionado por un "hereje", Adam Boyd, un caballero de Glasgow, ciudad a la que el jesuita fue en octubre de 1614. Boyd finge que se quiere reconciliar con la Iglesia, en cambio indica al Padre Juan al arzobispo anticatólico de la ciudad, que lo hace arrestar.

Fe de hierro

Lo que sigue recuerda la noche de Jesús entre el Jueves y el Viernes Santo. Una noche que para el Padre Juan dura cuatro meses. Juicios entremezclados con torturas, constantemente encadenado y con las grebas de hierro que lo desgarran, insultado y abofeteado hasta por el arzobispo, el Padre Juan no cede ni un milímetro, por el contrario, responde punto por punto a las acusaciones. También le llovieron los insultos de las familias de algunos católicos, encarcelados por una lista de nombres encontrados entre los papeles confiscados al jesuita. Pero él no traiciona a nadie y por el contrario a menudo es cortante e irónico con aquellos que quieren doblegarlo. Y cuando la amenaza de muerte se hace concreta dice: "Salvaría, si pudiera, mi vida, pero nunca perdiendo a Dios: al no poder conciliar las dos cosas, sacrificaría el bien menor para ganar el mayor".

Hasta el último minuto

Como la violencia no logra quebrarlo, intentan seducirlo. Le ofrecen ricas prebendas y la mano de la hija del arzobispo. Todo le resbala al jesuita, que rechaza la apostasía y así como negar la supremacía espiritual del Papa sobre la del rey, que consideraba que gobernaba por derecho divino. En este punto, Jaime I Stuart interviene en la disputa, ordenando el ahorcamiento de Ogilvie si persiste en sus posiciones. La sentencia fue formalizada en la mañana del 10 de marzo de 1615 y ejecutada en la tarde. Incluso bajo la horca, relata la crónica oficial del proceso, el Padre Juan, lucha contra los que lo difaman acusándolo de lesa majestad. "En cuanto al rey -exclamó-, con gusto daría mi vida por él; y sepan también que yo y otro amigo mío escocés hemos hecho cosas tan importantes en beneficio del rey en el extranjero que ustedes con todos sus ministros nunca lograrán hacer lo mismo. Así que muero, sí, pero sólo por mi fe". Sus restos son enterrados junto con los de los condenados y se pierden para siempre. En 1976 Pablo VI lo proclama santo.

Fuente: VATICAN NEWS

08/03/2025

SAN JUAN DE DIOS, FUNDADOR DE LOS FATEBENEFRATELLI, PATRÓN DE LOS ENFERMOS Y TRABAJADORES EN LOS HOSPITALES

El camino que conduce al Señor, se sabe, pasa a veces por senderos muy sinuosos. Es el caso de san Juan de Dios, nacido como Juan Ciudad en un pequeño pueblo de Portugal y que dejó su casa a los 8 años para seguir a un clérigo, mostrando una vocación bastante precoz.

Una vida llena de aventuras

Evidentemente, sin embargo, no era todavía el momento adecuado. Luego Juan se marchó a Oropesa, España, y hasta los 27 años vivió con una familia de pastores; posteriormente se unió al ejército y luchó al menos en dos importantes batallas en Pavía y luego en Viena, asediada por los turcos. Más tarde, mientras tuvo dinero, viajó por todo el continente europeo, incluso tocando África, hasta que regresó a España y se estableció en Granada donde abrió una librería. Entre los muchos oficios que había desempeñado hasta entonces, el oficio de librero era el más lo había apasionado: pronto se enamoró de los libros y los consideró también un subsidio para la oración y la fe, especialmente los que tenían imágenes sagradas.

La vocación en tres palabras

En Granada, un día, escuchó un sermón del místico Juan de Ávila y se sintió alcanzado como por un rayo. Anduvo pidiendo caridad para los pobres usando una fórmula especial de tres palabras: "Hagan bien hermanos", una exhortación a los demás a hacer el bien a sus hermanos y hermanas y, por lo tanto, también a sí mismos. Al mismo tiempo, también comienza a practicar formas de penitencia bastante exageradas que le harán ser arrestado y terminar en un manicomio. Aquí Juan se acerca a los últimos de los enfermos, a quellos encerrados por las familias que quieren esconderlos y deshacerse de ellos. También toca los métodos con los que son tratados, tratamientos tan inhumanos que llegan a ser torturas, y comprende que tiene que hacer algo, que debe estar cerca de estos desafortunados hermanos sólo porque Dios lo quiere.

Un nuevo enfoque hacia los enfermos

Al final de su experiencia en el manicomio, Juan se fue con el obispo y ante él se comprometió a trabajar y vivir en favor de los que sufrían enfermedades y abandonos y a acoger en su comunidad a todos aquellos que hubiesen querido imitar su opción preferencial por los enfermos y abandonados. La Providencia le concedió dos hermanos: los tres llevaban un pobre hábito con la cruz y en 1540 fundaron el primer núcleo de la Congregación de los Hermanos de la Misericordia. Pero Juan aspiraba a mucho más. Aunque no tenía conocimientos de medicina, estaba convencido de que los enfermos debían ser tratados de una nueva manera, es decir, escuchándolos y satisfaciendo sus necesidades a varios niveles. Pudo fundar un primer hospital para obedecer estos dictados en Granada, y luego otro en Toledo. Al mismo tiempo se ocupaba de los huérfanos, las prostitutas y los desempleados.

El nacimiento "póstumo" de la Orden

Juan murió a la edad de 55 años en 1550: mientras estaba rezando, arrodillado, sosteniendo un crucifijo. No dejó ninguna regla escrita, pero ya su obra de caridad estaba en marcha y sus cohermanos seguirán inspirándose en él. Cuarenta y cinco años después, sus enseñanzas serán codificadas en la Regla relativa a la nueva Orden Hospitalaria de san Juan de Dios, también conocida -con aquella expresión muy suya- de "Fatebenefratelli". Canonizado en 1609, fue luego proclamado Patrono de los enfermos y de los hospitales.

Fuente: VATICAN NEWS

07/03/2025

SANTAS PERPETUA Y FELÍCITAS, MÁRTIRES

Mártir de Cartago bajo Septimio Severo en el 203, Perpetua fue una dama noble y Felícitas la hija menor de sus siervos.

Madre reciente la primera, a punto de dar a luz la segunda, se apoyaron mutuamente en la arena hasta el final.

Perpetua retrató en su diario las miserias de las cárceles romanas.

Fuente: VATICAN NEWS

06/03/2025

SANTA ROSA DE VITERBO, VIRGEN FRANCISCANA

Una vida admirable, por corta que sea, puede dejar su sello indeleble. Este es el caso de Rosa de Viterbo: nació en 1233 en una familia pobre, con una malformación ósea que le impidió entrar en el cercano monasterio de las Clarisas.

Entre güelfos y gibelinos: el exilio

Los que nacen sin el esternón están condenados a morir dentro de tres años porque su esqueleto no puede sostenerse. Rosa alcanzará a vivir por 18 años, siempre agradeciendo a Dios, con una sonrisa, por el grande don de la vida. Al no poder llevar el hábito religioso, entró en la Tercera Orden Franciscana y comenzó a recorrer su ciudad, a lo largo y a lo ancho, con una cruz al cuello, llevando una vida de penitencia y de caridad hacia los pobres y los enfermos. El contexto histórico en el que se movió fue el de la amarga lucha entre los güelfos y los gibelinos, es decir, los partidarios del Papa Inocencio IV y los defensores del Emperador Federico II respectivamente. Fueron años de contrastes entre el Imperio y la Santa Sede y la ciudad de Viterbo estaba en el centro de ellos: debido a su firme decisión de apoyar al Papa, Rosa y su familia fueron exiliados en Soriano en el Cimino, hasta que, en 1250, el Emperador murió y la ciudad regresó bajo el gobierno del Papa.

El sueño de Alejandro IV

Postrada por su debilitada condición física, Rosa también murió, probablemente el 6 de junio de 1251. Fue sepultada sin ningún féretro en la tierra desnuda de la iglesia de Santa María en Poggio. Ya en 1252 el Papa Inocencio IV pensó en hacerla santa y ordenó un proceso canónico, el cual, sin embargo, nunca comenzó. Su sucesor, Alejandro IV, que, al no sentirse ya seguro en Roma, se trasladó entretanto a Viterbo, recibió varias veces en sueños la visita de la joven Rosa y ordenó el traslado de sus restos a la iglesia de las Clarisas, monjas a las que se les confió la custodia y el culto y donde todavía es posible venerar su cuerpo, completamente incorrupto que permaneció ileso también después de un incendio en 1357.

¿Santa o beata?

En los dos siglos siguientes la veneración creció en torno a la santa joven; así que en 1457 Calixto III ordenó iniciar un nuevo proceso de canonización, pero murió inesperadamente y ya no se continuó tal proceso. De todos modos, en 1583 el nombre de Rosa, como santa, ya estaba incluido en el martirologio romano y muchas iglesias en todo el mundo también le fueron dedicadas. Desde el 4 de septiembre de 1258, día del traslado de sus restos, Viterbo la celebra con tres días de fiesta, prefiriendo esta fecha a la de su muerte, ocurrida el 6 de marzo. Las fiestas comienzan con una solemne procesión y una histórica cabalgata por las calles de la ciudad y terminan con el transporte, dentro de un recorrido establecido en el centro histórico que repite el de la traslación, de la Máquina de Santa Rosa: una gigantesca y pesadísima estructura de madera y tela que representa el traslado de la santa y que cada año es más espectacular, al punto que recientemente ha sido incluida por la UNESCO en el Patrimonio de la Humanidad.

Fuente: VATICAN NEWS

05/03/2025

SAN JUAN JOSÉ DE LA CRUZ, SACERDOTE FRANCISCANO

Este pequeño sacerdote de la Orden de los Frailes Menores, que creció siguiendo los pasos de san Pedro de Alcántara, tiene, entre otros, el mérito de haber restaurado la disciplina religiosa en muchos conventos de Nápoles. Estaba muy afeccionado a la gente de la isla de Ischia, a la que volverá sólo dos veces, hoy es co-patrón con Santa Restituta. Fue canonizado por Gregorio XVI en 1839, junto con Francesco de Jerónimo y Alfonso María de Ligorio que lo habían conocido en vida y le habían pedido consejo.

Una flor de bondad

Nacer en una familia acomodada es a menudo una ventaja, pero lo es aún más nacer y crecer en una familia religiosa, donde la fe no es algo abstracto, sino una compañera de la vida diaria con la oración, el ayuno y la devoción. Los Calosirto también enviaron a su hijo Carlos Gaetano a estudiar con los Agustinos de Ischia, para que su formación religiosa fuera más completa. Y tenían razón. Fue allí donde el pequeño se enamoró de Jesús y donde Jesús le hizo escuchar su voz que lo llamaba a dedicarle toda su vida.

Humilde y gran hijo de san Francisco

A sólo 16 años el joven entró en el convento de Santa Lucía al Monte de Nápoles. El 24 de junio de 1671 hizo su profesión religiosa y cambió su nombre por el de Juan José de la Cruz. Vivió entre los Frailes Menores Descalzos de la Reforma de San Pedro de Alcántara, llamados Alcantarinos, cuya regla lo condujo hacia una severa austeridad, tan grande que incluso renunció para siempre a calzar un par de zapatos. Llamado a fundar un nuevo monasterio en Piedimonte, allí también mandó construir una pequeña ermita, que todavía hoy es un destino de peregrinación, llamada "La Soledad". Durante su vida tuvo que ser testigo de la ruptura entre los alcantarinos de España y los de Italia, de los que llegó a ser Provincial, trabajando durante veinte años antes de ver la familia reunida y no sin sufrir críticas injustas e incluso calumnias, a las que respondió haciendo un voto de silencio. "Todo lo que Dios permite, lo permite para nuestro bien", era su consuelo.

"Fray Cien Parches"

Pero Juan José se siente ante todo un sacerdote, y un sacerdote en misión. Por eso,como san Francisco, buscará vivir la perfección de la pobreza de Jesús y de la Hermana Pobreza, e irá al encuento de los pobres en las esquinas de las calles, en las chozas y en las azoteas para ayudarlos, confortarlos y asístirlos material y espiritualmente. Durante el resto de su vida vestirá un solo hábito todo desgarrado y recocido con muchos remiendos; harapos muy desagradables que Juan José no los verá como un indumento muy impropio, sino que dirá que sus harapos, en realidad, son un elegante uniforme similar al de los caballeros. Por eso le apodarán el "Fraile de los Cien Parches". Además de una grande fe y caridad, se le atribuyen también otros dones carismáticos que manifestaban la potente capacidad de oración e intercesión que lo animaba: bilocaciones, profecías, lecturas de corazones, levitaciones, curaciones milagrosas e incluso una resurrección.

La predilección por Nuestra Señora

De niño, el joven Calosirto aprendió en casa la gran devoción por María, que crecerá en él a lo largo de su vida, junto con su vocación y santidad. Siempre invocaba a Nuestra Señora, buscando su consejo y consuelo en las situaciones más difíciles, y ella, una madre cariñosa y fiel, lo rodeaba con afecto y a veces incluso con maravillas. Como Superior de los Alcantarinos siempre tendrá una pequeña imagen de María en su escritorio y la mirará detenidamente y con fervor, dirigiéndose a ella en oración antes de cualquier decisión o pronunciamiento. "No sabía vivir más que con ella", sostienen sus biógrafos, y son muchos los testimonios de los frailes a los que recomendó rendirle homenaje porque ella "te consolará, te ayudará, te sacará de tus problemas". El fraile que lo cuidaba en su agonía, ha referido que las últimas palabras pronunciadas por Juan José en el momento de la muerte fueron para María: "Te encomiendo a la Virgen", dijo, y podemos considerar esto como su testamento espiritual. Murió el 5 de marzo de 1734.

Fuente: VATICAN NEWS

04/03/2025

SAN CASIMIRO, PATRÓN DE LA LITUANIA

Nace en 1458, hijo del rey de Polonia, de origen lituano, renunció a la corona de Hungría porque el Papa estaba en contra.

Se negó a casarse con la hija de Federico III de Habsburgo, sólo por ampliar el reino. Muere a los 25 años, sin dejarse vencer por la seducción del poder y el lujo.

Fuente: VATICAN NEWS

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