10/08/2026
𝐆𝐫𝐢𝐭𝐚𝐫 e insultar a la oposición 𝐦á𝐬 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐧𝐨 𝐝𝐚 𝐦á𝐬 𝐫𝐚𝐳ó𝐧
Por José Luis Barragán Pregonero
Hay algo que no deberíamos confundir: 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐝𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐨, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐢𝐦𝐩𝐞𝐝𝐢𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚.
Lo ocurrido durante la sesión solemne del Cabildo de 𝐔𝐫𝐮𝐚𝐩𝐚𝐧, donde personas identificadas con el 𝐌𝐨𝐯𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐈𝐧𝐝𝐞𝐩𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐒𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐫𝐨 lanzaron consignas y abucheos contra un regidor de 𝐌𝐎𝐑𝐄𝐍𝐀 y la representante del gobernador, hasta dificultar su participación, deja una pregunta bastante sencilla: ¿esa es la forma de hacer política que queremos para Uruapan y en el futuro posible?
Yo puedo entender el enojo. Puedo entender la inconformidad y hasta el reclamo fuerte. 𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞𝐫𝐞𝐫 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐥𝐚 ú𝐥𝐭𝐢𝐦𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐚 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐠𝐫𝐢𝐭𝐨𝐬.
Porque, seamos sinceros, si para defender una causa necesitamos callar al que piensa diferente, quizá necesitamos revisar la causa… o la manera de defenderla.
Una sesión solemne de Cabildo no es un mitin. Tiene reglas, tiene protocolos y, sobre todo, merece respeto. 𝐋𝐚 𝐜𝐫í𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐚; 𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐨𝐬𝐞𝐫í𝐚 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚.
Y aquí va la parte incómoda: quienes hoy quieren ser escuchados también tienen que aprender a escuchar.
Porque 𝐠𝐫𝐢𝐭𝐚𝐫 𝐦á𝐬 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐢𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐫í𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐚𝐫𝐠𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨.
Uruapan necesita oposición, necesita ciudadanos inconformes y necesita voces críticas. Pero también necesita algo que últimamente parece escasear: 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐢𝐞𝐧𝐬𝐚 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞.
De lo contrario, terminaremos creyendo que en política gana quien grita más. Y eso, francamente, no es democracia.
Y también hay que decir otra cosa: 𝐥𝐚 ni 𝐨𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢ó𝐧 ni el Movimiento Independiente del Sombrerero 𝐧𝐨 𝐩𝐢𝐞𝐫𝐝𝐞n 𝐬𝐮 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐞𝐫 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐮𝐨𝐬𝐚. Al contrario, muchas veces gana más autoridad quien sabe cuestionar sin caer en la provocación barata. Porque una crítica bien hecha puede doler más que cien gritos: obliga a responder, a explicar y, sobre todo, a demostrar.
Y si alguien quiere señalar que el emisor está equivocado, en debate que 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞n argumentos y 𝐝𝐚𝐭𝐨𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐢𝐠𝐚 𝐪𝐮é 𝐞𝐬𝐭á 𝐦𝐚𝐥 𝐲 𝐜ó𝐦𝐨 𝐥𝐨 𝐚𝐫𝐫𝐞𝐠𝐥𝐚𝐫í𝐚 (sugerencias). En cambio, cuando todo se reduce al abucheo, el mensaje termina perdiéndose entre el ruido.
Y aquí está la verdadera prueba para todos: 𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐝𝐢𝐫 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐲 𝐧𝐨 𝐨𝐟𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫𝐥𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬. La democracia no funciona por turnos de conveniencia. O respetamos la voz ajena siempre, o terminamos convirtiendo la política en una competencia de quién grita más fuerte. fotos de redes sociales