15/05/2026
Hoy rindo un homenaje y expreso mis más profundas felicitaciones y gratitud a un grupo de docentes que representan el verdadero significado de la vocación, el compromiso y el amor por la educación, me refiero a la plantilla docente de la Escuela Preparatoria Cuauhtémoc.
Hablar de ustedes es hablar de esfuerzo, sacrificio y esperanza. Durante 8 largos años trabajaron sin recibir sueldo, entregando su tiempo, sus conocimientos y hasta parte de sus propias vidas con la única convicción de que la educación podía transformar el futuro de esta comunidad.
No fue un camino fácil. Muchos docentes pasaron por esta institución en aquellos años difíciles, pero no todos pudieron resistir las necesidades, las carencias y la incertidumbre. Sin embargo, ustedes permanecieron firmes, luchando día tras día, sosteniendo la escuela con su trabajo, su paciencia y su fe en que algún día llegaría el reconocimiento merecido.
Ese esfuerzo finalmente dio frutos cuando, en el año 2011, la institución fue oficializada y fuimos contratados por el gobierno. Pero más allá de un contrato, lo que realmente se oficializó fue una historia de entrega y dignidad que merece ser recordada siempre.
Hoy quiero decirles gracias. Gracias por no rendirse. Gracias por creer en la educación aun cuando las circunstancias parecían estar en contra. Gracias por sembrar conocimiento incluso en tiempos donde no había recompensa económica, pero sí una enorme recompensa humana y moral.
Ustedes son ejemplo para las nuevas generaciones de docentes y para toda la comunidad. Su historia demuestra que la verdadera vocación no se mide solamente por un salario, sino por la huella que se deja en la vida de los estudiantes y en el desarrollo de un pueblo.
Y precisamente porque ustedes han sido ejemplo de perseverancia y compromiso, también quiero invitarlos a continuar trabajando con ética, responsabilidad y sensibilidad humana. Los jóvenes estudiantes necesitan más que maestros que enseñen materias; necesitan docentes que sepan escuchar, orientar, respetar y tratar con dignidad a cada alumno.
La educación deja marcas profundas en la vida de los jóvenes. Una palabra de aliento puede cambiar destinos, así como un mal trato puede dejar heridas difíciles de borrar. Por eso, el llamado es a seguir construyendo una educación basada en el respeto, la paciencia, la comprensión y el buen ejemplo.
Que nunca falte en nuestras aulas el trato humano, la empatía y el compromiso de formar no solo estudiantes preparados académicamente, sino también personas valiosas para la sociedad.
Reciban hoy mi reconocimiento, mi admiración y mis más sinceras felicitaciones. Que nunca se olvide todo lo que hicieron para que esta institución siga en pie y continúe formando generaciones.
Muchas felicidades y que Dios bendiga siempre su noble labor
Con cariño.
Claudia Inés Cabrera Gómez