03/06/2026
Antes que nada, gracias presidenta por mantener el diálogo tan abierto. Tan abierto que tuvieron que cerrar calles, poner vallas, bloquear accesos y rodear el Zócalo para que nadie pudiera llegar. Una estrategia revolucionaria: cerrar todo para demostrar qué tan abierto está todo.
Y gracias también por el enorme respeto mostrado hacia los maestros. Un respeto tan grande que un profesor terminó perdiendo un ojo por el impacto de una bala de goma. Pero seguramente fue una confusión, porque nos dijeron que todo se hizo con mucho respeto, y cuando algo se hace con respeto, pues ya no cuenta.
También queremos reconocer que los canales de comunicación siguen abiertos. Eso nos han repetido muchas veces. De hecho, deben estar tan abiertos que ya nadie los encuentra. Los maestros llevan semanas pidiendo una reunión directa y nada. Debe ser que el canal está abierto, pero en modo invisible.
Y tampoco hay que culpar a la presidenta. Ella sí quiere dialogar. Claro que quiere. Lo ha dicho muchas veces. Lo único que no ha pasado es el diálogo, pero la intención ahí está. Y como todos sabemos, las intenciones resuelven leyes, corrigen injusticias y modifican reformas por sí solas.
Lo mismo pasa con el USICAMM. Ella está de acuerdo en quitarlo. No lo ha quitado, pero está de acuerdo. Y eso es lo importante. Porque entre resolver un problema y estar de acuerdo en que existe, evidentemente lo segundo requiere mucho más esfuerzo.
Ahora, sobre las vallas, tampoco malinterpretemos las cosas. No las pusieron para impedir el paso de los maestros. Las pusieron para protegerlos. Imagínense que un maestro caminara libremente por el Zócalo y se encontrara con una estructura. Qué peligro. Mejor cerrar todo el perímetro. Por seguridad, por supuesto.
Y sobre los policías que dispararon proyectiles, tampoco saquemos conclusiones apresuradas. Porque el gobierno apoya plenamente la manifestación pacífica. Entonces, si hubo disparos, nadie sabe quién fue. Tal vez fue un fantasma. Tal vez una fuerza misteriosa. Tal vez las balas de goma decidieron dispararse solas. Porque si algo hemos aprendido, es que cuando ocurre algo incómodo, automáticamente nadie sabe nada.
Lo más admirable es la perfección del discurso:
— El diálogo está abierto, pero no hay diálogo.
— Las puertas están abiertas, pero hay vallas.
— Se respeta la protesta, pero se contiene la protesta.
— Se apoya a los maestros, pero no se atienden sus demandas.
— Se promete el cambio, pero todo sigue igual.
La verdad es que deberíamos agradecer tanto compromiso. No cualquiera logra cerrar calles, poner barricadas, evitar reuniones, ignorar peticiones y aun así convencerse de que está promoviendo la comunicación.
Pero bueno, no seamos negativos. Sigamos esperando. Porque según nos explican, la presidenta sí quiere escuchar, sí quiere resolver y sí quiere cambiar las cosas. Nomás que todavía no. Tal vez mañana. Tal vez la próxima semana. Tal vez cuando los canales abiertos encuentren la manera de conectarse con la realidad.