22/09/2026
«¿Quiénes son ellos?», pregunta la gente; y otro más prudente inquiere: «¿Quiénes serán? ¡Somos scouts!». Esta frase se convirtió en nuestra carta de presentación en los eventos con otros grupos cuando apenas iniciamos, en aquellos días en los que formábamos parte del Grupo 1. A raíz de nuestro crecimiento explosivo a un año de la fundación de aquel grupo, un día como hoy, 22 de septiembre de 1976, el Consejo tomó la decisión de dividirse para dar paso al Grupo 2. Es así como nazco como grupo, aunque fue hasta el 12 de diciembre de ese mismo año, en las instalaciones del Seminario Mayor, cuando fui investido formalmente. A partir de allí comenzó un sinfín de historias, de éxitos y tropiezos, pero siempre saliendo airoso.
Mis primeros pasos contaron con una sección de Manada, con Marco Antonio Alemán Villareal(+) , como su primer dirigente; la Tropa estaba a cargo de Gastón Fernández Camacho como jefe y de Raúl Morales González como subjefe; como jefe de grupo figuraba el Sr. Eleuterio Vega. De los demás integrantes de aquel primer Consejo no conservo un recuerdo preciso, pero desde esa fecha no dejé de crecer. La Tropa cambió de sede y comenzó a sesionar en el entrañable lugar conocido como «Las Manzanitas», mientras que la Manada permaneció en el Seminario Mayor. Para cumplir con nuestros deberes para con Dios, los domingos asistíamos a la misa de 10:00 a. m. en la Catedral, donde, con el paso del tiempo, nos fuimos integrando a la celebración participando en las lecturas, en la recolección de limosnas y, en alguna etapa, hasta cantando. Años más tarde cambié de sede y nos trasladamos a un recinto propiedad del Instituto Mexicano del Seguro Social, a las espaldas del tianguis, donde permanecimos durante muchísimos años.
En 1978, mi Tropa participó en el Campamento Nacional de Lago Brumoso, en el Estado de México, cosechando excelentes resultados.
En 1979, la Manada de Lobatos acudió al Campamento Nacional de Lobatos en Meztitla, el inolvidable campo escuela de la Asociación de Scouts de México.
Con estos dos eventos comenzó un viaje ininterrumpido de participación en actividades locales, regionales, nacionales e internacionales. Con profundo orgullo puedo evocar cómo, en el 50.º aniversario de la fundación de la Asociación de Scouts en México, la banda de guerra que abría los desfiles, tanto en la ciudad de Pachuca como en la Ciudad de México, formaba parte de mi ser.
Atesoro también el recuerdo de nuestros servicios nacionales e internacionales en momentos históricos: la Universiada de 1979, la Copa Mundial de Fútbol de 1986, los desfiles del Día del Niño organizados por el DIF Nacional en el Bosque de Chapultepec y la emblemática visita del papa Juan Pablo II a Chalco en 1990, donde mis tropas femenina y masculina brindaron su apoyo incondicional, así como los servicios en Catedral como el encendido del fuego nuevo en semana santa, que hasta la fecha se sigue realizando.
Fue en la década de los ochenta cuando florecieron las unidades femeninas en mi seno. Desde esas épocas, el grupo goza de gran prestigio a nivel nacional por los campamentos y actividades desarrolladas, contando con una gran participación de grupos de diferentes partes de la república. Hoy cumplo 50 años de servir a la sociedad, de contribuir con mi grano de arena a formar mejores ciudadanos para nuestro país. A lo largo de medio siglo, generaciones enteras han caminado por mis filas; he visto pasar a familias completas donde abuelos, padres e hijos han compartido este mismo fuego. Cincuenta años se dicen fácil, pero en la realidad se guarda cada vivencia: junto a las alegrías y los triunfos, también han existido momentos amargos y pruebas difíciles. En cada tropiezo o acierto, siempre ha prevalecido la entrega de dar lo mejor de cada integrante para salir adelante.
En este aniversario evoco con entrañable cariño a todos aquellos que habitaron mis ramas, a quienes vivieron y sintieron el escultismo, y a quienes hoy lo mantienen vivo. Cuántas promesas pronunciadas, cuántos adelantos, insignias terminales alcanzadas y dirigentes que completaron su Insignia de Madera, formando adiestradores de tres y cuatro maderos. Hoy rindo homenaje a los hermanos scouts que ya descansan en el campo de la dicha y del reposo junto al Señor. A todos los dirigentes y scouters que han dedicado lo más valioso que posee el ser humano —su tiempo— para formar a la juventud, y a quienes ya han plantado su tienda junto al Creador, les guardo una gratitud eterna.
Mi gratitud se extiende a las madres y padres de familia que depositaron su confianza en nuestros dirigentes para guiar el camino de sus hijos, y a todos los que continúan haciendo posible que yo exista, sin importar la asociación, porque el propósito sigue siendo el mismo: esculpir ciudadanos de bien. ¡Felicidades a todos los que han formado parte de mi historia, a quienes hoy la construyen y a las generaciones por venir!