25/09/2024
A nueve años del 25/Sept/2015
Estudié ingeniería porque entendí que mi memoria sí cumplía el dicho: “Lo que fácil viene fácil se va”. Me era muy fácil memorizar temas, tópicos, fechas, etc., pero en mi RAM o memoria a corto plazo, eran igualmente volátiles.
Así que cuando Jesús me hizo el favor de simplificar 10 mandamientos en uno solo, logré comprender la razón detrás de las reglas indispensables para la convivencia en pequeñas comunidades: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¡Es e.x.t.r.a.o.r.d.i.n.a.r.i.o! Es extraordinario pues no se limita al amor romántico, al amor parental, ni siquiera al amor sufrido descrito en Corintios 13. El amor verdadero, libre, pleno y responsable permite el florecimiento del ser amado, del prójimo y de uno mismo.
Hoy, 21 siglos después, me pregunto. ¿Esto sigue siendo válido? Y me encuentro con la maravillosa respuesta de que efectivamente sigue siendo válido. Lo único que debemos tener claro es quién es nuestro “prójimo”.
En el llamado Antropoceno, nuestro prójimo no son solo nuestros “hermanos”. Nuestro prójimo no son solo nuestros vecinos, ni los que comparten nuestra clase social, ni son solo nuestros compatriotas, ni siquiera se limita sólo a nuestros congéneres.
Prójimo viene de “proximus” o cercano. En ese sentido, el conocimiento y la tecnología nos recuerdan que “prójimo” es un concepto mucho más amplio.
El COVID-19 nos demostró como todos estamos cerca. Tenemos cerca a nuestros hermanos que han emigrado o a los que están en guerra y a los animales que hemos domesticado, desplazado o amenazado. En nuestra cercanía también está el medio ambiente y los seres inertes que la conforman, los ríos, mares y mantos acuíferos prístinos o contaminados, el aire con olor a hierba fresca o fétido, los suelos fértiles o erosionados...
Vivimos en un planeta globalizado, geométricamente cuasi-esférico pero sobre todo conformado por círculos o ciclos: el ciclo del agua, el ciclo atmosférico (carbono, nitrógeno y oxígeno), el ciclo del clima, el ciclo de la cadena alimenticia, el ciclo de la vida, etc. Éstos y muchos otros ciclos, incluyendo el ciclo del héroe o los ciclos económicos e históricos, están en una coordinación perfecta y han hecho posible este momento de nuestra historia.
Si podemos visualizar a los ciclos como trayectorias cerradas que regresarán en algún momento a su condición inicial, entonces entenderemos que cada una de nuestras acciones afecta a nuestro “prójimo” y, en algún futuro, cercano o lejano, nos afectará también a nosotros.
Barrer nuestra acera dejando la basura frente a la casa del vecino, dejar el grifo abierto mientras lavo mis dientes, dejar los desechos de mi perro en la vía pública, copiar en un examen de certificación profesional, aceptar dinero sin haberlo ganado, son acciones que nos pueden dar beneficios inmediatos. Sin embargo, con el paso de los ciclos las consecuencias, volverán a mi esfera personal.
Mañana tendré que volver a barrer lo que el viento y el flujo de las personas dispersó sobre mi acera, en unos meses la escases de agua me hará comprarla a un alto precio, por la tarde estaré respirando patógenos y otras partículas volátiles de los desechos secos de mi perro, en unos años cometeré errores en mi profesión que podrían costar la vida de un ser querido, algún día las dádivas gubernamentales que recibí serán insuficientes para repavimentar o para pagar mi tratamiento médico.
Hoy se cumplen 9 años del establecimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible por la Organización de las Naciones Unidas. Estos fueron propuestos por líderes mundiales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos, nosotros y las generaciones futuras. Y más que celebrar o enumerar cada uno de ellos, mi invitación es a reflexionar.
Es un hecho que las problemáticas que nos aquejan son extremadamente complejas, con raíces ancestrales, culturales, demandantes de recursos y con implicaciones inimaginables. Es por eso, que la solución no está en una persona, en una institución, en un gobierno ni en una institución internacional.
Para Alcanzar la Agenda 2030, todos debemos contribuir, como lo establece el Objetivo 17: Establecer alianzas globales para el desarrollo sostenible. Si bien, esta estrategia va orientada hacia los gobiernos y organizaciones internacionales, cada uno de nosotros también está en este globo. Cada uno de los problemas no resueltos en algún momento me impactará, por lo tanto, me concierne.
El esfuerzo, el talento y el compromiso de cada uno de nosotros con los ODS y la Agenda 2030 es muy valioso y puede resultar abrumador atender y entender cada uno de ellos. ¡Podría ser complicado hasta memorizarlos!
Es entonces cuando debemos recordar la frase con la que iniciamos: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Cuida todo tu entorno, sea vivo o inerte. Tal vez nadie, gobiernos, instituciones, científicos, investigadores o individuos comunes seamos capaces de comprender la complejidad de los ciclos que conforman nuestro Globo terráqueo. Pero. las consecuencias de cada acción volverán a nosotros más temprano que tarde.
Para cerrar y faltando solo 6 años para el 2030 les pido recordar también el “Efecto Mariposa”. Si el bello aleteo de una pequeña mariposa puede cambiar el mundo, tengan por seguro que cada acción correcta nos acercará más a un futuro mejor y sostenible para tod@s.
Claudia Camacho-Zuñiga.
Fundadora de Sistema Tlamatini.