26/09/2026
El Encuentro
Nunca en la historia habíamos tenido tantas maneras de comunicarnos.
Podemos escribirle a alguien en cualquier momento, escuchar su voz, verlo en una pantalla, saber de su vida aunque esté a miles de kilómetros.
Y, sin embargo, hay algo que me inquieta y que debemos reflexionar:
podemos estar en contacto sin estar realmente con alguien.
A veces confundimos una respuesta con una conversación, una reacción con interés, una conexión con cercanía.
Tal vez por eso el verdadero desafío no sea comunicarnos más.
Sea estar presentes cuando alguien está frente a nosotros.
Porque encontrarse con alguien requiere algo que ninguna pantalla puede proporcionar: tiempo, atención y esa disposición sencilla de dejar, por un momento, todo lo demás a un lado.
Quizá por eso una conversación que no necesita ser fotografiada, una taza de café, sin prisa o una mirada que permanece unos segundos más de lo habitual todavía tienen tanto valor.
No porque sean cosas extraordinarias.
Sino porque, en medio de tantas formas de estar conectados, todavía nos recuerdan lo que significa estar con alguien.
Y quizá valga la pena preguntarnos:
¿Cuántas de nuestras conexiones son realmente encuentros… y cuántas solamente nos ayudan a sentir que no estamos solos?