23/03/2022
Habla con tus hijos, tanto como puedas. Pregúntales cómo les fue en su día, cuál es su color favorito, que les gusta comer, quien es su mejor amigo, que película es su preferida… pregúntales tanto y siempre para que se acostumbren a ti.
Para que sepan que ahí estás, para que se les haga costumbre, para que recuerden que tienen con quien platicar, a quien recurrir, quien los escucha en todo momento y no los juzga.
Guía a tu pequeño, no lo juzgues.
Dile que hacer cuando veas que se desvía sin recordarle lo mal que lo hizo, lo torpe que es, lo mal que se peino, lo descombinado que se vistió, para!!!!!!
Dejemos de decirle a nuestros hijos que no pueden, que no toman buenas decisiones, que lo hacen mal… es evidente que cometerán errores porque no saben nada de la vida aun, que nosotras por la experiencia, los tropezones y el tiempo hemos atesorado.
Siempre que quieras educar con lo negativo, recuerda lo mucho que te hirió a ti cuando tenías la edad de ellos.
Optemos por recalcar mejor lo que si debe de hacer, con una voz firme y decidida para que ellos sigan nuestros pasos y nuestras reglas cuando veamos que ya es necesaria nuestra intervención. Aplíquenos reglas firmes sin flexibilidad cuando sea necesario sin lastimar, sin maltratar, sin culpar y sin hacer sentir terrible a nuestros hijos.
Que nuestros hijos sepan que lo que les decimos es porque somos más sabias que ellos, por ahora.
Que sepan que somos fuertes y que lo que les pedimos que hagan tienen fundamentos fuertes y que lo que más buscamos en el fondo es su felicidad absoluta.
Platica con ellos, vuélvete indispensable en su vida. Que siempre sepan que tú estás ahí para escucharlos, para apoyarlos y para ser su “brújula” cuando no encuentren el camino.
Texto: Lydia Cárdenas
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