25/08/2026
“SOLO QUEREMOS QUE ENTRENE”
Aunque taekwondo hay uno solo, parece que tiene más presentaciones que la Coca-Cola. 😅
Está el taekwondo tradicional, el competitivo, el formativo, el recreativo, el ultra pro max… y seguramente mañana aparecerá otra etiqueta.
Pero cuando quitamos el marketing, seguimos hablando de lo mismo:
Taekwondo.
Una buena academia debería tener espacio para el pequeño que apenas empieza, para el adolescente que quiere competir, para el adulto que busca hacer ejercicio y para quien algún día descubre que quiere llegar mucho más lejos.
Porque seamos honestos:
La mayoría de los padres que llevan por primera vez a su hijo a taekwondo no están buscando un campeón nacional ni un atleta olímpico.
Buscan que haga ejercicio.
Que tenga disciplina.
Que aprenda a convivir.
Que gane confianza.
Que se divierta.
Que aprenda a caer y levantarse.
Y, sobre todo…
que quiera seguir regresando.
Aquí hay algo importante que muchos padres primerizos quizá no saben:
Es mucho más fácil construir el prestigio de una academia alrededor de sus competidores que alrededor de sus maestros.
¿Por qué?
Porque mostrar medallas, trofeos y campeones es muy atractivo.
Pero una medalla también puede ser una forma de tomar prestado el talento de un atleta.
La verdadera pregunta no debería ser solamente:
“¿Cuántos campeones tiene esta escuela?”
También deberíamos preguntar:
“¿Qué hace esta escuela con los niños que todavía no son campeones?”
Porque el alto rendimiento siempre será una minoría.
La gran mayoría de los niños que practican taekwondo no llegarán a representar a México, ni a ganar una Olimpiada Nacional, ni a vivir del deporte.
Y eso está bien.
El problema aparece cuando una academia se construye exclusivamente alrededor del atleta competitivo.
Entonces comienza el filtro:
Se filtra el talento.
Se filtra la capacidad económica.
Se filtra quién puede entrenar más.
Se filtra quién puede viajar.
Y poco a poco, algunos niños dejan de sentirse parte del deporte.
Porque para el atleta que está persiguiendo resultados, quizá el dobok, el saludo, la filosofía, la etiqueta o ciertos rituales no parecen sumar puntos en el marcador.
Su objetivo es otro:
ser más rápido, más fuerte y más efectivo.
Pero el taekwondo puede ser mucho más que eso.
Puede formar al competidor…
sin dejar de formar al niño.
Puede preparar para una competencia…
sin convertir la competencia en una obligación.
Puede enseñar disciplina…
sin convertir el entrenamiento en sufrimiento.
Por eso, si eres padre y estás pensando en llevar a tu hijo por primera vez a taekwondo, no te fijes solamente en las medallas.
Observa a los maestros.
Observa cómo hablan con los principiantes.
Observa qué pasa con el niño que no tiene talento natural.
Observa si respetan las diferentes etapas.
Pregunta si competir es una opción o una obligación.
Pregunta qué ocurre cuando un niño simplemente quiere entrenar por diversión.
Y, sobre todo, observa a tu hijo.
Porque quizá hoy no sabes si será campeón.
Y tampoco necesitas saberlo.
Primero déjalo entrenar.
Después, que él descubra hasta dónde quiere llegar.
Porque una buena escuela no debería decidir por adelantado qué será tu hijo.
Debería darle las herramientas para descubrirlo.
Y quizá la pregunta más importante antes de elegir academia no sea:
“¿Aquí puedo hacer campeón a mi hijo?”
Sino:
“¿Aquí pueden lograr que mi hijo ame el taekwondo?” 🥋
UTA Taekwondo El tejocote