24/07/2026
Cantar es un don.
El instrumento vocal es un instrumento divino, jamás creado por mano humana.
La dimensión espiritual del canto es algo metafísico.
¿Es necesario aprender a cantar?
Alguien que nace con un instrumento vocal sonoro y funcional, debiera ser objeto de estudio. Pero incluso una voz así requiere entenderse a si misma.
Entender una voz, para un maestro es una suerte de muchos años, ya que cada persona posee una voz única e irrepetible, como nuestro iris o la huella de nuestras manos.
Todos los maestros de canto que he conocido, creen tener la piedra filosofal, el vellocino de oro.
A diferencia de otros instrumentos donde las dimensiones y los materiales suelen ser semejantes y son construidos en serie, el instrumento vocal presenta desafíos diferentes para su dominio por su diversidad.
- La experiencia del maestro se basa principalmente en la escucha. Tener un buen oído para detectar los errores al emitir el sonido.
- Tener un buen ojo para corregir la mecánica de la participación de otras partes del cuerpo en la producción del sonido.
- Tener un buen criterio en seleccionar los ejercicios y el repertorio adecuado para cada voz.
Y por último:
- Poseer una gran intuición para ayudar a resolver las dificultades del alumno.
El maestro de canto es una combinación de cantante, pianista, pedagógo, amigo, familiar, psicólogo, etc
Cantar te hace feliz, pero también el proceso puede ser traumático si no se tienen las facultades naturales.
Hay alumnos avezados
que avanzan rápido y otros que se atoran y les gana la frustración.
Se necesita paciencia de ambas partes, maestro y alumno son una simbiósis que se complementan para el logro de una técnica.
Cuando hablamos de técnica, hablamos de la dimensión desconocida.
Se supone que técnica es lo que funciona y prevalece a través del tiempo.
Pero las mismas indicaciones pueden no funcionar entre alumno y alumno. He ahí la importancia de que el maestro no apresure la madurez, ni el desarrollo de un discípulo.
Se necesita disfrutar el proceso. Y ese gozo del proceso conlleva un gozo espiritual.
Tanto el maestro y el alumno deben fortalecer el espíritu en cada lección. Cuando un alumno reconoce en cada oportunidad de ejercitarse un logro, en el sentido que el logro no es otra cosa que relajarse, disfrutar la libertad en cada sonido, descubrir algo nuevo en su voz. Quizá una meta así, sea lo más saludable en el proceso.
Conectar con las emociones, conectar con el texto que se canta. Quizá un logro así, suele ser más importante que dominar el registro agudo o grave.
Por eso aprender a cantar debiera ser un conocimiento que se revela. Algo que surge de nuestra propia naturaleza. Eso es una realización o en palabras más elevadas, una iluminación divina.