13/10/2025
¡SEÑOR AUMÉNTANOS LA FE!
Por Pbro. Lic. Ramón González Ramos
En una sociedad profundamente secular, en donde Dios ha sido sacado de la vida y proyectos de las personas y ya no se le invoca, no se le escucha, no se le obedece, ya no es parte de la vida y proyectos de los bautizados, la fe que es un regalo de Dios al hombre en el momento del Bautismo, se ve muy débil y tambaleante en las personas que todavía conservan una pizca de ingrediente religioso, mientras que otras muchas ya han perdido esa fe y sienten que no es necesaria, puesto que ahora la confianza ya no se pone en Dios, sino en la ciencia, la tecnología y el dinero (la economía). La ciencia deslumbra con su sabiduría, la tecnología embriaga con su capacidad de hacer posibles todas las ofertas de la ciencia y la economía expresa su omnipotencia al hacer que lo que la ciencia dice, la tecnología lo ejecute. En un mundo así, parece que todo es posible resolverlo sin la necesidad de Dios. Sin embargo, hay algo que ni la ciencia, ni la tecnología, ni la economía pueden resolver y esto es que la vida «tenga sentido», tenga rumbo, orientación, en pocas palabras que la persona se experimente auténticamente persona humana en lo más profundo de su ser. La ciencia, la tecnología y la economía pueden resolver infinidad de deseos y hasta caprichos. Es verdad que la ciencia, la tecnología y la economía han traído a la humanidad grandes logros; unos muy positivos (medicina, comunicación, transporte), otros muy destructivos (guerras, armas, robos, secuestros, armas químicas, etc.).
A pesar de la existencia de todo esto, en los seres humanos hay una necesidad en lo más profundo del corazón: la paz interior, la paz del corazón, la paz del principio vital del hombre: el alma. Esta paz, no la da, la ciencia, ni la tecnología, ni la economía, sino solamente Dios. En el Evangelio de san Lucas se nos cuenta que en una ocasión los apóstoles le dijeron a Jesús: Señor auméntanos la fe. Y el Señor dijo: —Si tuvieran fe, aunque sólo fuera como un grano de mostaza, dirían a éste árbol: «Arráncate y trasplántate al mar», y les obedecería (Lc 17,5-6). La «fe» consiste en dos cosas: 1) Obediencia: A Dios hay que creerle lo que nos dice y por lo tanto obedecerle, ya que Dios todo lo que nos dice es la Verdad y es para nuestro bien y 2) Confianza absoluta. Quien confía en Dios se abandona totalmente en sus manos, como se abandona el enfermo en manos del cirujano o el que va de viaje se abandona en las manos del piloto que conduce el avión. La obediencia y la confianza en Dios, lleva al hombre a la plena realización de su vida y sus proyectos.
¿Por qué se debilita o se apaga la fe en las personas? Esto sucede porque cuando la fe no se cultiva mediante la escucha de la Palabra de Dios y la enseñanza de la Madre Iglesia, se empieza a pervertir, es decir, se contamina y puede acabar en «creencias supersticiosas» o en «sectarismos». ¿Qué es una creencia supersticiosa? Es aquella creencia que contiene algunos elementos de la fe cristiana pero que en vez de ser vivida como Cristo nos la ha revelado, las personas le van quitando o añadiendo elementos que nada tienen que ver con la enseñanza de Cristo y les dan un valor mayor que lo que Cristo mismo nos enseña. Por ejemplo, hay quienes dicen que tienen fe, pero niegan la necesidad de los sacramentos y viven al margen de ellos y cuando rara vez van a Misa quieren comulgar, pensando que basta con pedir perdón a Dios en su casa es suficiente para comulgar en la Eucaristía (Eso es una fe pervertida). De igual manera, los bautizados acaban en sectarismos, cuando no cultivan la fe, apartándose de la comunión con los demás bautizados.
Cuando la fe es verdadera, aunque sea pequeña es capaz de realizar lo que para la lógica humana: tanto científica, técnica y económica es imposible. Cuando una persona vive la fe auténtica logra la paz del alma y sabe ordenar el valor de las cosas terrenales.