11/08/2026
Un terremoto es la liberación repentina de energía acumulada en las placas tectónicas, generalmente debido al movimiento a lo largo de una falla geológica. Esa energía se libera en forma de ondas sísmicas que se propagan a través del suelo, provocando el movimiento que percibimos en la superficie.
Científicamente, no existe una diferencia real entre un temblor y un terremoto. Ambos términos describen el mismo fenómeno físico. La distinción entre uno y otro es más bien de uso cotidiano y varía según la región: en algunos países se suele usar la palabra temblor para referirse a sismos de menor magnitud o percepción, y terremoto para eventos más intensos, pero en sismología ambos se estudian bajo el mismo concepto de sismo.
Para medir estos eventos se usan dos escalas distintas. La escala de magnitud, como la de Richter, mide la cantidad de energía liberada en el punto de origen. La escala de intensidad, como la de Mercalli, en cambio, describe los efectos percibidos en la superficie, que pueden variar según la distancia al epicentro y el tipo de terreno.
El hipocentro es el punto exacto bajo tierra donde se origina el sismo, mientras que el epicentro es el punto en la superficie ubicado justo encima de ese origen. Desde ahí se propagan distintos tipos de ondas sísmicas: las ondas P, que son las más rápidas y llegan primero, las ondas S, algo más lentas, y las ondas superficiales, que suelen causar el mayor impacto en las construcciones.
Después de un sismo principal, es común que ocurran réplicas, sismos de menor magnitud relacionados con el reacomodo de la zona afectada, que pueden continuar durante horas, días o incluso semanas después del evento principal.
Aprovecho para enviar un abrazo grande a Colombia, luego del sismo que se sintió allí hace apenas un día.