08/06/2023
Educación no significa nivel académico
«La educación no es sólo para pasar bien el año escolar, sino para pasar bien la vida» escribió el licenciado Enrique de la Madrid en su artículo «Crisis en el sistema educativo mexicano: propuestas para transformar la educación» publicado el seis de enero próximo pasado en «El Universal».
En el mismo artículo el licenciado de la Madrid puntualiza que nos educamos para «conocernos a nosotros mismos… ayudarnos a aprehender a vivir en sociedad, a convivir con los demás en paz, respetar y tolerar a los que piensan diferente, trabajar en equipo y ser útiles a la sociedad… adquirir las habilidades y conocimientos necesarios para obtener empleos o crear negocios que nos permitan alcanzar una vida digna y feliz» y reducir la brecha que a muchos les aleja del bienestar, del estar bien, agrego de mi parte.
No puedo estar más de acuerdo porque “educar a otros”, hijos-alumnos-trabajadores consiste, como lo entiendo, en sacar de ellos lo que está oculto, explicitar lo que está implícito, desarrollar lo que este plegado.
Concuerdo porque se educa para formar, que desde mi perspectiva, es concertar, integrar, ordenar y dar congruencia, es decir traer a identidad.
Y comprendo que se educa y forma para que los hijos, los alumnos y los trabajadores decidan auto desarrollarse pasando -consciente, libre y voluntariamente- por la serie de estados sucesivos que todo proceso de maduración conlleva, de manera que creciendo y aumentando progresen hasta alcanzar la consciencia conciente de la libertad responsable y la espiritualidad implícita en las interrelaciones interdependientes.
Proceso éste del autodesarrollo que requiere autoeducarse, actualizando de manera consciente y libre las propias capacidades de perfeccionamiento. Proceso que requiere de autoformarse obteniendo un verdadero señorío sobre nuestros sentimientos, sobre nuestros afectos, sobre nuestra voluntad; proceso donde auto desarrollarse implica un esfuerzo constante por mejorar la propia educación y formación hacia la plenitud humana.
«El Hombre sobre la Tierra no es más que un elemento destinado a perfeccionarse cósmicamente en una Consciencia superior en formación» como Pierre Teilhard de Chardin nos explica en «El Fenómeno Espiritual» (Editorial Ta**us, 1955)
Entonces, el problema planteado a la Educación, la Formación y el Desarrollo es el de «guiar al individuo de tal manera en la dirección de sus perfeccionamientos esperados que la ´cantidad de Personal´, todavía difusa en la Humanidad, se desprenda con plenitud y seguridad», precisa Pierre Teilhard de Chardin… ciertamente no se logra ninguna de las tres acciones fundamentales de la existencia poniendo en sus manos una copia, manipulada y distorsionada, de la «Cartilla Moral» de Alfonso Reyes.
Mucho menos podemos esperar la educación, formación y desarrollo de los mexicanos, tan necesaria para la consolidación de la República, la integración de la Nación y el bien-estar de todos sin distinción, pretendiendo aplicar los retrógrados principios y las involutivas orientaciones pedagógicas de la estultamente llamada “Nueva Escuela Mexicana”.
Reforma que requiere de varios análisis que iremos haciendo en diversos artículos para conocer sus diversos aspectos. Aquí y ahora basta decir que hace una diferenciación entre los objetivos de las últimas dos reformas educativas y el modelo programado para entrar en vigor este año de 2023 como “la nueva escuela”. (La Nueva Escuela Mexicana: principios y orientaciones pedagógicas, www.gob.mx/sep)
En la reforma educativa de 2011 se impulsaba una educación basada en la adquisición de competencias y los estándares de calidad para la vida y el trabajo de los individuos. El estudiante debía demostrar que contaba con las habilidades y destrezas necesarias para conducirse con éxito en la vida social, principalmente laboral como el medio de liberarnos de la pobreza y reducir la brecha existencial.
En la posterior reforma, la de 2017, se proponía que la educación en México se volviera integral, enfocada a competencias clave para el desarrollo humano. En esta se fortalecía el modelo de aprendizaje centrado en el alumno, donde este era el principal protagonista y constructor de su propio conocimiento, mientras que el docente pasaba a ser un facilitador de recursos para su auto educación, formación y desarrollo.
En esta “Nueva Escuela Mexicana del 2022” ya no es el alumno, sino la comunidad, el centro del aprendizaje. Pasamos del “Yo” al “Todos nosotros” en el marco de una educación, declara la reforma, más diversa e inclusiva, donde las similitudes y diferencias entre los alumnos, docentes y toda la comunidad educativa en general, sean tomados en cuenta como parte del proceso de aprendizaje.
En posteriores artículos iremos viendo el alcance pernicioso de esta reforma cuyos “principios, orientaciones pedagógicas y libros de texto” son meros métodos, instrumentos y medios de adoctrinamiento partidista ajeno a la educación, formación y desarrollo de los mexicanos.
Por lo pronto sugiero que sigamos educando, formando y desarrollando a nuestros hijos, alumnos y trabajadores en los valores personales, familiares, sociales y laborales aunados al fomento de la inteligencia exitosa, de la que hablaremos de forma especial, por su importancia, en artículo por separado.
Concluyo por ahora aseverando que educar no consiste en adquirir certificado y títulos académicos sino la capacidad de formular, ejecutar, evaluar y luego, según sea necesario, reformular los planes de vida; y, que formarse y desarrollarse se da practicando la mejora continua en todas las áreas de nuestra vida, no en los salones de clase.
El desarrollo no es acumulación de conocimientos y grados académicos: es la habilidad intencional para adaptarse a diferentes ambientes, moldearlos y seleccionarlos, así como para lograr propósitos propios y de nuestra sociedad y cultura.
Esta educación, esta formación y este desarrollo abarca el pensamiento creativo, analítico, práctico y sabio, lo que Robert Sternberg denomina «Inteligencia exitosa», que estaba previsto ir logrando, como competencias, en las reformas educativas del 2011 y 2017 y que la “Nueva Escuela Mexicana” pretende eliminar.
Competencias para la vida y el trabajo que significan aprender a aprender; aprender a hacer; aprender a ser; aprender a vivir; aprender a convivir y aprender a trascender.