23/10/2025
El 29 de septiembre celebramos la festividad de Micael, portador de la luz, la fuerza y el coraje interior. Su espada, símbolo de claridad, corta la oscuridad y protege la vida que brota de la Tierra.
En Cholula, este mismo día florece otro símbolo protector: la flor del pericón, Yahuitl por su nombre en náhuatl, ligada a los antiguos cultos a Tláloc, a los Tlaloques y a la diosa Chalchihuitlicue. Es símbolo de protección, pues es la guardiana del ciclo del maíz: brota cuando llegan las lluvias y es momento de sembrar, y florece cuando los elotes están listos para ser cosechados. Marca el ciclo agrícola del maíz y acompaña las manos y los corazones de los campesinos.
El pericón, de naturaleza caliente, encarna el fuego, la luz y la vida. Por esa razón, se coloca en los caminos, en las milpas y en las puertas como símbolo de protección, pues su color amarillo recuerda la espada de Micael.
En el México colonial, Micael o San Miguel fue reconocido como el portador del rayo y, por lo tanto, asociado al culto a Tláloc y a las deidades del agua. En este sincretismo religioso, la espada de la luz y el relámpago de la lluvia nos recuerdan que la espiritualidad ancestral perdura en las almas campesinas, llenas de sabiduría. Aunque hay un océano de distancia, las prácticas rituales mesoamericanas encuentran resonancia con los ritmos anuales que trabajamos desde la pedagogía Waldorf.
Dentro de la celebración de Micael se nos invita a mirar hacia adentro, a cultivar la valentía que nace del amor, de la comunidad y de la potencia de nuestros espíritus en conexión con la naturaleza y nuestra propia cultura. Celebrar a Micael en nuestra tierra es reconocer que lo espiritual habita en lo natural, y que los saberes de los abuelos y abuelas siguen floreciendo en las manos que cortan una mazorca y en las bocas que disfrutan un delicioso elote. 🌼💛🌻🎉