Herbario FCB UANL

Herbario FCB UANL

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Herbario de la Facultad de Ciencias Biológicas, Universidad Autónoma de Nuevo León.

Photos from Red de Herbarios Mexicanos's post 14/05/2026

Tesistas que trabajan en el Herbario UNL, ¡recuerden que ya está próxima nuestra reunión nacional de herbarios en La Paz, Baja California!, tod@s están invitad@s a participar en modalidad cartel con los hallazgos de sus investigaciones. No olviden mandar su resumen antes del 31 de mayo.

Photos from Herbario FCB UANL's post 10/05/2026

En las zonas áridas del noreste de México, ser una planta joven no es sencillo. El sol intenso, la falta de agua y las temperaturas extremas hacen que sobrevivir los primeros años sea uno de los mayores retos para muchas especies. Por eso existen las plantas nodriza.

Algunas especies de Dasylirion, conocidas comúnmente como sotoles, funcionan como refugio para numerosas cactáceas durante sus etapas más vulnerables. Bajo la sombra de sus hojas, pequeñas biznagas y otros cactus encuentran temperaturas más estables, mayor humedad y protección contra herbívoros y la radiación solar directa.

Gracias a esta relación, muchas cactáceas logran germinar y crecer en ambientes donde difícilmente podrían sobrevivir por sí solas. En cierto sentido, estas plantas “cuidan” a las nuevas generaciones del desierto.

En este Día de las Madres también vale la pena recordar que, en la naturaleza, el cuidado y la protección son fundamentales para sostener la vida.

🌵 Feliz Día de las Madres 🌵

22/04/2026

Hoy celebramos el Día de la Tierra, una fecha que nos invita a detenernos un momento y mirar con atención aquello que muchas veces damos por hecho: la vida que nos rodea.

Desde el herbario, esta celebración cobra un sentido especial. Aquí resguardamos y estudiamos una pequeña muestra de la enorme diversidad vegetal que existe en nuestro planeta. Cada ejemplar prensado representa mucho más que una planta: es historia, evolución, adaptación y, sobre todo, evidencia del papel fundamental que tienen las plantas en el funcionamiento de los ecosistemas.

Las plantas sostienen la vida tal como la conocemos, pero también sostienen nuestro propio estilo de vida. Todos dependemos de ellas, incluso cuando no lo notamos. De las plantas obtenemos alimento, medicinas, materiales, fibras y recursos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Además, son responsables de producir el oxígeno que respiramos, regular el clima y mantener los ciclos ecológicos que hacen habitable este planeta.

En regiones como el noreste de México, esta diversidad se expresa en matorrales, bosques y comunidades vegetales que, aunque a veces parecen discretas, albergan una riqueza biológica sorprendente.

Sin embargo, también son uno de los grupos más vulnerables frente a la transformación del territorio, el cambio climático y la pérdida de hábitat. Por eso, conocerlas es el primer paso para valorarlas y conservarlas.

Hoy, más que celebrar, es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con la Tierra y reconocer que cuidar de las plantas es, en el fondo, cuidar de nosotros mismos.

16/04/2026

Un día como hoy nació Alfredo Dugès (1826–1910), una figura clave para entender cómo empezó a documentarse la biodiversidad en México.

Desde Guanajuato, Dugès hizo algo que hoy parece básico, pero en su momento era urgente, salir al campo, recolectar y registrar. En botánica, su trabajo fue justo ese cimiento. Reunió colecciones de plantas, organizó ejemplares y aportó registros en una época donde gran parte de la flora mexicana aún no estaba bien documentada.

Más allá de describir especies, su aportación fue ayudar a construir las primeras colecciones formales que después darían lugar a herbarios y estudios más sistemáticos. Ese tipo de trabajo es el que permite que hoy podamos hablar de distribución, diversidad y conservación con bases reales.

Su impacto también se refleja en la nomenclatura. Varias especies llevan su nombre como reconocimiento a su trabajo, por ejemplo Eryngium dugesii, Salvia dugesii y Cerdeña dugesii. Son pequeños recordatorios de alguien que dedicó su vida a observar y documentar la naturaleza.

También fue profesor, y eso se nota. No solo dejó ejemplares, dejó una forma de hacer ciencia, salir, observar y tomarse en serio lo que tenemos enfrente.

Recordar a Dugès es recordar esa etapa donde la botánica en México apenas se estaba construyendo, y donde cada planta colectada era un paso hacia entender nuestra biodiversidad.

03/04/2026

En Semana Santa hay plantas que no solo florecen… también cuentan historias. Y pocas tan simbólicas como las pasifloras.

El nombre del género Passiflora no es casualidad. Proviene del latín passio (pasión) y flos (flor), y hace referencia directa a la Pasión de Cristo. Esta asociación fue propuesta por misioneros en América durante el siglo XVI, quienes interpretaron la compleja estructura de la flor como una representación simbólica: los filamentos de la corona como la corona de espinas, los cinco estambres como las heridas, los tres estigmas como los clavos, e incluso los zarcillos como los látigos.

Más allá de la interpretación simbólica, desde el punto de vista biológico las pasifloras son un grupo fascinante. Sus flores están altamente especializadas para la polinización, muchas veces por insectos grandes como abejas o incluso por aves como los colibríes. La corona de filamentos no es solo ornamental; funciona como una estructura que guía a los polinizadores hacia el néctar, asegurando el contacto con las estructuras reproductivas.

México es un país particularmente diverso en este grupo. Se han registrado alrededor de 90 especies de Passiflora, distribuidas principalmente en regiones tropicales y subtropicales, aunque algunas alcanzan zonas más templadas. Esta diversidad incluye desde especies ampliamente conocidas por sus frutos comestibles, como el maracuyá (Passiflora edulis), hasta especies silvestres poco estudiadas que forman parte importante de los ecosistemas donde crecen.

Además, las pasifloras mantienen interacciones ecológicas muy específicas. Sus hojas son alimento para las larvas de varias mariposas, especialmente del grupo de los heliconinos, lo que ha llevado a una interesante historia evolutiva de defensas químicas y adaptaciones entre planta e insecto.

Así, en una sola flor convergen historia, simbolismo y biología. Y en esta temporada, donde muchas de ellas están en plena floración, vale la pena detenerse a observarlas con más detalle.

Porque a veces, entender una planta también es entender cómo la hemos interpretado a lo largo del tiempo.

01/04/2026

Durante la Cuaresma muchas mesas cambian, pero no porque falte comida, sino porque cambian los ingredientes. Y en ese cambio, las plantas toman un papel central.

Esta temporada coincide con el inicio de la primavera, un momento en el que muchas especies vegetales están disponibles, ya sea por el desarrollo de tejidos jóvenes o por la disponibilidad de cultivos que pueden almacenarse.

Los nopalitos, por ejemplo, son brotes jóvenes de cactáceas del género Opuntia. Se trata de tejido en crecimiento, con alto contenido de agua y compuestos que la planta utiliza como defensa, lo que también influye en sus propiedades nutrimentales.

Las lentejas (Lens culinaris) y las habas (Vicia faba) pertenecen a las leguminosas (fam. Fabaceae), un grupo de plantas que establece asociaciones con bacterias fijadoras de nitrógeno. Esto se traduce en un alto contenido de proteínas, lo que históricamente las ha convertido en una alternativa importante a la carne durante periodos de ayuno.

En el caso de los romeritos (Suaeda spp.), hablamos de plantas halófitas, adaptadas a crecer en suelos salinos. Estas condiciones ambientales influyen directamente en sus características fisiológicas y en su sabor, lo que explica su presencia en preparaciones tradicionales más complejas.

Lo que vemos en la Cuaresma es el resultado de una relación estrecha entre la disponibilidad de recursos vegetales y las prácticas culturales. Son elecciones que, antes de consolidarse como tradición, respondían a condiciones ecológicas concretas.

Entenderlo así permite ver estos platillos desde otra perspectiva: no solo como parte de una costumbre, sino como una expresión de la historia natural de las plantas que los hacen posibles.

29/03/2026

En el norte de México, la Semana Santa también se vive desde la cocina. Y entre los ingredientes más emblemáticos de esta temporada están los cabuches, esos pequeños botones florales que aparecen en los desiertos justo cuando el calor empieza a apretar.

Los cabuches son, en realidad, los botones florales de distintas especies de cactáceas, principalmente del género Ferocactus. Antes de que la flor abra, estos tejidos concentran agua, azúcares y compuestos que los hacen especialmente atractivos como alimento en regiones áridas donde los recursos son estacionales y limitados. Desde el punto de vista biológico, su recolección implica cortar la estructura reproductiva de la planta, es decir, impedir que esa flor llegue a desarrollarse, sea polinizada y eventualmente produzca semillas.

Pero más allá de la biología, los cabuches forman parte de un conocimiento profundo del desierto. Su uso está documentado en diversas culturas del norte de México, donde se preparan en guisos, con nopales o en escabeche. Este tipo de prácticas etnobotánicas reflejan una relación estrecha con el entorno, basada en el aprovechamiento temporal de los recursos y en la observación de los ciclos naturales.

El problema aparece cuando la demanda rebasa esos límites. La extracción intensiva de cabuches puede reducir el éxito reproductivo de las poblaciones de cactáceas, especialmente en especies de crecimiento lento como muchas del desierto chihuahuense. Si cada botón floral recolectado es una flor menos, también es una semilla menos… y en ecosistemas donde regenerarse puede tomar años o décadas, eso pesa.

Consumir cabuches no es, por sí mismo, algo negativo. Pero como con muchos recursos silvestres, la diferencia está en cómo, cuánto y de dónde vienen. Apostar por una recolección regulada, local y consciente permite que esta tradición continúe sin comprometer a las plantas que la hacen posible.

Porque al final, entender lo que comemos también es una forma de conservarlo.

21/03/2026

Hoy mucha gente regala flores amarillas. Se volvió tendencia, sí… pero en Nuevo León ni siquiera hay que comprarlas para entender por qué ese color importa tanto.

Sales al monte en marzo y el paisaje se empieza a llenar de puntos amarillos. No es coincidencia. En un entorno donde todo tiende a tonos secos y apagados, ese color resalta muchísimo. Para nosotros es bonito… para los polinizadores es casi un anuncio gigante. Abejas, escarabajos y otros insectos detectan muy bien esos tonos y saben que ahí hay alimento.

Por eso tantas plantas aquí apostaron por el amarillo. Es una forma eficiente de atraer visitas en un ambiente donde cada oportunidad de polinización cuenta. Además, esos pigmentos también ayudan a soportar el sol intenso que tenemos en el noreste.

Y aunque la tradición diga que regales flores, la verdad es que las más valiosas ya están allá afuera, creciendo solas, sosteniendo ecosistemas enteros. Desde las más comunes en los caminos hasta las que apenas se asoman entre las rocas, todas cumplen su papel.

Si hoy vas a regalar flores amarillas, está bien. Pero también date la oportunidad de salir a verlas en su lugar, donde realmente tienen sentido.

21/03/2026

Hoy celebramos el Día Internacional de los Bosques, esos ecosistemas que sostienen la vida mucho más allá de lo evidente. No solo son paisajes verdes: son reservorios de biodiversidad, reguladores del clima, protectores del suelo y del agua, y el hogar de miles de especies de plantas que muchas veces pasan desapercibidas.

Desde el herbario, los bosques representan también una fuente invaluable de conocimiento. Cada ejemplar recolectado, prensado y resguardado es un registro del tiempo, una pieza clave para entender cómo cambian nuestras comunidades vegetales y cómo podemos conservarlas. En un contexto de cambio climático y pérdida de hábitat, documentar la flora no es solo ciencia, es una forma de resistencia.

En México, nuestros bosques —templados, mesófilos y tropicales— albergan una riqueza florística extraordinaria. Sin embargo, también enfrentan amenazas constantes. Conocerlos es el primer paso para protegerlos.

Hoy es un buen día para recordar que conservar los bosques no es una opción, es una necesidad. Y que detrás de cada árbol, hay toda una comunidad que merece seguir en pie.

19/03/2026

Hoy, 19 de marzo, celebramos el Día de la Apreciación del Taxónomo.

Gracias a quienes nombran, describen y ordenan la biodiversidad. Su trabajo no solo clasifica la vida, la hace visible… y lo que se conoce, se puede proteger.

13/03/2026

Un 13 de marzo de 1873 nació George Forrest, uno de los colectores de plantas más importantes de finales del siglo XIX.

Forrest pasó buena parte de su vida recorriendo regiones montañosas del suroeste de China recolectando plantas. En aquella época muchas de esas zonas eran prácticamente desconocidas para la ciencia occidental, y cada expedición terminaba enviando cajas y cajas de ejemplares a herbarios y jardines botánicos.

En total reunió más de 30,000 especímenes, muchos de ellos especies que nunca se habían documentado. Sus colectas ayudaron a describir nuevas plantas y a entender mejor la diversidad vegetal de las montañas asiáticas. También cambiaron la horticultura: muchas especies de Rhododendron, Primula y otras plantas ornamentales que hoy se cultivan en jardines botánicos o colecciones científicas llegaron gracias a sus expediciones.

Ese trabajo de campo —caminar, recolectar, prensar, etiquetar y enviar ejemplares— es lo que sigue alimentando herbarios y estudios botánicos más de un siglo después.

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