12/03/2022
Amados buenos días!
Leamos por favor Juan 7:45-8:11
¿Es aceptable el s**o fuera del matrimonio?, ¿es pecado? Si es así, ¿cuál debe ser nuestra actitud hacia aquellos que caen en la inmoralidad sexual?
El debate sobre la ética sexual continúa llenando hoy en día nuestros periódicos y otros medios. Las palabras de Jesús son tan relevantes hoy como lo fueron hace 2000 años.
Las palabras de Jesús fueron las palabras más grandiosas jamás pronunciadas, la clase de palabras que esperarías que Dios pronunciara.
Esta mujer, sorprendida en un acto de adulterio flagrante, debió sentirse absolutamente desesperada y avergonzada. La desesperación puede venir de la derrota y también puede venir del fracaso moral. Ella tenía que estar experimentando ambas realidades, sintiéndose llena de culpa, vergüenza y temerosa a la muerte.
Los condenadores trataron de «tenderle una trampa» a Jesús con una pregunta (8:6), pero él da una de las respuestas más brillantes, memorables y frecuentemente citadas en la historia del mundo: «Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» (v.7).
Jesús no toleró su adulterio, pero tampoco lo consideró como un pecado imperdonable. Él demostró lo fácil que es condenar a otros mientras somos culpables de los mismos pecados en nuestros propios corazones (vv.7-9). Esto se puede aplicar a muchas áreas de nuestras vidas. Antes de criticar a otros, vale la pena preguntarnos si estamos «libres de pecado» en esa área que estamos a punto de criticar en el otro.
Cuando juzgamos, acusamos y condenamos a otros, proyectamos sobre ellos lo que nos negamos a ver en nosotros mismos.
Como se suele decir, «el que vive en una casa de cristal, no debe lanzar piedras». En el contexto del debate sobre la ética sexual, si miramos nuestros propios corazones, a menudo veremos muchos vidrios quebrados a su alrededor.
En el relato de la mujer sorprendida en adulterio, cada uno de los acusadores es condenado por las palabras de Jesús y se retiran «hasta dejar a Jesús solo» (vv.7-9). Entonces Jesús le pregunta: «¿Ya nadie te condena?» (v.10) y cuando ella responde: «Nadie, Señor», Jesús dice: «Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar» (v.11).
La culpa es un sentimiento horrible, estar condenado es un estado terrible. Qué asombroso tuvo que ser oír las palabras de Jesús «tampoco yo te condeno» (v.11), proviniendo de quien estaba libre de pecado y era la única persona allí con autoridad para «tirar piedras», pero no lo hizo.
Hay un equilibrio extraordinario y una combinación casi única en las palabras de Jesús; están llenas de sabiduría y gracia, misericordia y compasión. Jesús no podía ser más claro al señalar que el adulterio es pecado. Sin embargo, no condena a la mujer de ninguna manera. Este es el mensaje del Nuevo Testamento, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Como resultado de la muerte de Jesús en la cruz por nosotros, tú y yo somos totalmente perdonados, no importa lo bajo que hayamos caído.
Sin embargo, esta no es una razón para seguir pecando. Jesús no perdona su pecado. Él la exhorta: «no vuelvas a pecar» (v.11). Jesús no nos condena pero te pide, como lo hizo con la mujer, que «no vuelvas a pecar».
Las palabras de Jesús, como siempre, están motivadas por su amor y su compasión. Estamos llamados a seguir su ejemplo.
Es fácil caer en uno de los dos extremos opuestos, ya sea que condenemos a las personas o seamos indulgentes con el pecado. *El amor no condena ni es condescendiente con el pecado, porque el pecado conduce a que las personas se lastimen. Si amamos como Jesús, ni condonaremos el pecado ni condenaremos a la gente, sino que desafiaremos amorosamente (incluyéndonos a nosotros mismos) para dejar atrás el pecado.*
La palabra griega para «perdonar» también significa «liberar». *Jesús vino a liberarnos por el poder de su Espíritu Santo. Somos liberados para amar como Dios nos ama. El perdón está en el núcleo de toda relación, es la esencia del amor.*
Les invito a qué hoy mediten en esto.
Tengan un bendecido día!