16/07/2026
Hoy, 13 de julio de 2026, la revista Nature Astronomy publicó algo que lleva décadas buscándose: la primera detección de un azúcar directamente en el espacio interestelar.
Se llama eritrulosa. Es un azúcar de cuatro carbonos, el mismo que le da aroma a las frambuesas, y fue encontrado flotando en una nube molecular cerca del centro de la Vía Láctea, a unos 26,000 años luz de la Tierra.
El descubrimiento lo lideró Izaskun Jiménez-Serra, astrofísica del Centro de Astrobiología de España, junto a un equipo internacional. Usaron dos radiotelescopios españoles, el Yebes de 40 metros en Guadalajara y el IRAM de 30 metros en Granada, para detectar la huella espectral de la eritrulosa en estado gaseoso dentro de la nube G+0.693-0.027.
Lo que hace este hallazgo tan significativo es el lugar donde ocurre. Esta nube existe antes de que se formen estrellas o planetas. Encontrar eritrulosa ahí significa que los azúcares pueden formarse en el espacio interestelar por sí solos, sin necesitar un planeta ni una estrella previa.
Los azúcares no son solo dulce. Son moléculas fundamentales para la vida: forman el esqueleto del ARN y el ADN. La pregunta que lleva siglos sin respuesta es cómo llegaron estos ingredientes a la Tierra primitiva. Este descubrimiento apunta hacia el espacio.
Lo más sorprendente del estudio es que la eritrulosa es al menos ocho veces más abundante en esa nube que azúcares similares de tres carbonos. Los modelos computacionales del equipo explican que se forma sobre la superficie de granos de polvo interestelar, combinando moléculas más simples a temperaturas cercanas al cero absoluto.
Y hay una conexión directa con la Tierra. Los investigadores calculan que entre 500 millones y 50,000 millones de kilogramos de eritrulosa pudieron haber llegado a la Tierra primitiva transportados por asteroides hace entre 3,900 y 4,100 millones de años.
La eritrulosa además puede transformarse en otros azúcares al contacto con agua, incluyendo los que forman los ácidos nucleicos.