18/04/2022
De: un árbitro.
Para: su esposa.
>> Querida esposa, te escribo estas líneas para decirte algunas cosas que a veces por olvido, o falta de consideración no te digo. Gracias por estar, por guardar en silencio tu angustia, y por tus oraciones a Dios para que me cuide en cada partido. Sé perfectamente que a veces odias lo que hago y no te culpo, supongo que no debe ser fácil tener esa angustiante sensación de que cualquier cosa le puede pasar el Domingo a tu esposo. Tal vez te suene irónico, pero yo en tu lugar tal vez no aguantaría esa presión. No quisiera estar en tus zapatos, la verdad y te admiro por el valor que has mostrado en todo este tiempo. Sé que quisieras que dejara de ser árbitro y me dedicara a otra cosa y también comprendo eso, pero lamentablemente esto es lo que soy y lo que amo ser, y no es fácil para mí alejarme de esto. Te lo juro que a veces me dan ganas de colgar los taches (zapatos) y dejar todo hasta aquí, porque no es fácil tener que soportar tantas injusticias y abusos que cometen contra nosotros, pero luego me doy cuenta de que lo que no me mata me hace más fuerte, y me vuelvo a llenar de valor porque para mí, cada partido se convierte en un reto para hacerlo mejor.
Te pido perdón si con mi decisión de seguir, te hago sentir frustrada y triste. Quiero que sepas que por encima de todo, te amo y vales más para mí de lo que imaginas. Por favor, nunca dejes de pedir a Diosito que me proteja a mí y también a mis compañeros.
Te ama, tu esposo, el árbitro.
Créditos del autor