24/02/2026
Este es un tema que nos duele, especialmente porque sucede en la cotidianidad de nuestras vidas, con la gente que conocemos.
Desde la mirada del Psicoterapeuta Russlan Mendez 🤝
¿Culpa de una fiesta o de un vacío heredado?
Lo de Valentin's Party no fue un accidente. No fueron "niños traviesos" o simplemente un "mal organizador". Catorce jóvenes intoxicados con cristal, piedra y L*D en una fiesta son un síntoma, no la enfermedad.
Dejemos de ser hipócritas. Es muy fácil exigir patrullas y clausuras, pero ¿quién vigila el abandono emocional que ocurre dentro de cuatro paredes?
Las preguntas que duelen:
* ¿Cuándo empezó esta crisis?
Esto no comenzó al destapar una botella o al encender un cigarro de ma*****na.
Empezó hace años, con cada ausencia, rechazo, agresión, abandono, indiferencia o sobreprotección. Cada consejo que no dimos, cada capricho que cumplimos, esa falta de autoridad, es decir, con cada vacío que como padres no llenamos con presencia y criterio, y que hoy el mercado de las dr**as llena con veneno.
Antes de comenzar a culpar debemos ocuparnos de ellos, al final después del enojo lo que nos queda es ayudarlos. Y para eso debemos preguntarnos:
¿Qué están tratando de no sentir? Un adolescente no consume cristal para "divertirse"; lo consume para evadirse.
¿De qué realidad están huyendo nuestros hijos que la inconsciencia les parece un refugio más seguro que su propia casa?
¿Qué sigue después del hospital? Mañana les darán el alta. El lavado estomacal les limpiará el cuerpo, pero ¿quién les va a limpiar el alma?
Si regresan al mismo cuarto vacío, al mismo silencio de los padres y a la misma falta de propósito, la próxima fiesta no terminará en urgencias... terminará en el panteón.
La cruda realidad del morbo:
Muchos dirán que fue "un mal día". La filosofía del autoengaño nos hace creer que la rehabilitación termina con el suero. Pero si no hay una inversión de tiempo, de amor honesto y de guía real, ellos solo continuarán consumiendo.
¿Por qué habrían de parar si el vacío sigue ahí?
La droga solo ocupa el espacio que nosotros dejamos disponible. No se trata de "vigilar" eventos sociales. Se trata de recuperar el criterio y la autoridad moral que hemos cedido por comodidad. La pregunta no es qué hacía el organizador, la pregunta es: ¿Qué demonios estamos sembrando en el silencio de nuestros hogares?