07/06/2026
Muchos católicos rezan en casa, leen la Biblia, hacen sus devociones y procuran hablar con Dios durante el día. Todo eso es bueno y necesario. Pero la Iglesia nos enseña que la Santa Misa ocupa un lugar único en la vida cristiana.
En la Misa no solo recordamos a Jesús: participamos sacramentalmente del mismo sacrificio de Cristo, que se hace presente para nosotros. Escuchamos la Palabra de Dios proclamada en la comunidad, ofrecemos nuestra vida junto al altar y, si estamos debidamente preparados, recibimos a Jesús en la Eucaristía.
Por eso la oración personal y la Misa no compiten entre sí. Se complementan. La oración diaria prepara nuestro corazón para la Misa, y la Misa fortalece nuestra oración diaria.
La fe católica no se vive solamente en privado. Cristo nos llamó a formar parte de su Iglesia y nos dejó la Eucaristía como alimento para el camino.
La próxima vez que vayas a Misa, recuerda: no estás asistiendo a una reunión más. Estás entrando en el mayor regalo que Jesús dejó a su Iglesia.
Lucas 22,19. “Hagan esto en memoria mía.”