15/08/2021
Tips para educar sin gritar a los hijos.
¿Quién no ha gritado alguna vez a sus hijos? Se quiera reconocer o no, los padres y madres saben que alguna vez, o muchas, gritan a sus hijos. Cierto es que el día a día, las prisas, los atascos, el estrés de la casa, el trabajo, favorece que podamos estallar con una palabra más alta que la otra cuando un hijo no hace caso a la petición de sus padres. Al final, el estrés de los padres lo pagan los hijos.
Cada vez es más habitual encontrar familias que resuelvan todo a gritos y parece imposible una vuelta atrás, a las conversaciones y negociaciones sin elevar la voz. Reflexionar que las consecuencias negativas de los gritos a nuestros hijos son múltiples; los beneficios, ninguno. «Educar gritando les aporta: malestar constante, estrés, problemas de concentración, desmotivación, frustración, rabia, baja autoestima, desatención, mal ejemplo (si gritamos, ellos gritarán), y un largo etcétera».
Para lograrlo recomienda llevar a cabo los siguientes tips:
1. Mirar desde sus ojos: comúnmente se nos olvida que los niños son niños, no adultos en construcción. Es decir, los niños no ven la vida como nosotros la vemos ni razonan de la misma manera.
Los niños piensan como niños, ven una oportunidad de juego en cada situación, aprovechan cada minuto para tener tiempo libre, sin obligaciones, sin normas, juegan y disfrutan del día. Por eso, es importante que, ante una situación de conflicto con los hijos, antes de actuar, de gritar, uno se pare a mirar desde la perspectiva del pequeño, su punto de vista, desde sus ojos.
2. Reflexionar: una vez dado el primer paso hay que reflexionar en cada situación. Es decir; respirar hondo y pensar si aquello que ha hecho es tan grave, tan importante o, por el contrario, es algo que se puede pasar por alto porque a mí como adulto me parece mucho, pero para él es simplemente una manera de hacer.
Toca reflexionar: ¿es tan grave? Si los padres consideran consideran que sí, lo mejor es respirar profundamente, relajar la frustración y disponerse a solucionar el problema. Con la empatía y la reflexión, se podrán prevenir y evitar muchos conflictos, porque se rebajará la ira y se podrán ver las cosas de otro modo. Solucionarlas sí, pero no de forma violenta ni angustiosa.
3. Escuchar activamente: en muchísimas ocasiones, cuando hay algún conflicto en casa, los padres no escuchan la versión de los hijos, no se les da ni siquiera la oportunidad de explicar sus motivos. Los niños siempre tienen un motivo para hacer lo que hacen, y éste, no tiene nada que ver con el motivo adultocentrista que los padres puedan imaginar. Hay que darles la oportunidad de expresarse, de explicar lo sucedido .
4. Diálogo: el diálogo es una de las herramientas más importantes para educar a los hijos. Hay que explicar, dialogar, expresar los diferentes motivos y lo que se espera con toda la comprensión y la serenidad del mundo.
Hay que darle explicaciones que pueda comprender, en buen tono y sin meter miedos ni temores.
5. Tiempo de calidad: es importante e imprescindible pasar tiempo junto a los hijos. Es difícil con esta sociedad en la que vivimos, pero debe ser uno de los objetivos principales. Y debe ser tiempo de calidad. ¿Qué significa esto? Pues llenar el tiempo de escuchar y ser escuchado, juegos en familia, contar cuentos, hacer manualidades, relajarse juntos en el sofá, ver una peli de su gusto, ir a pasear en bici, etc., etc. Todo esto desechando el móvil o tablet. Este vínculo afianzará la relación y quitará a los padres las ganas de gritar y fomentará una comunicación positiva.
6. Trabajo personal: en muchas ocasiones, las madres y padres son conscientes de que no quieren educar así. Pero sienten que les falta tiempo, cohesión, herramientas… Por lo tanto, es muy importante estar decidido a hacerlo y estar seguros de que es lo mejor para los hijos.
7. Pedir perdón: muchos padres se ofuscan en que sus hijos pidan perdón a sus hermanos, a sus amigos, a los mismos padres… e, incluso, les obligan a hacerlo cuando consideran que han hecho algo mal. Una vez más, se olvidan de que lo mejor que les podemos ofrecer es el ejemplo. Si queremos que integren el perdón como una herramienta para relacionarse, debemos pedírselo también a ellos cuando consideremos que hemos traspasado la línea del respeto.