23/07/2026
Domingo! Otra vez, hoy tocó sacar los colores.
Una de las cosas que hice hoy, y que definitivamente no forma parte de mi rutina, fue sentarme a pintar. No porque sea un gran artista, sino porque quiero ejercitar algo que también necesita práctica: la imaginación.
Mientras coloreaba, comenzaron a aparecer preguntas de esas que te ponen a pensar: ¿por qué siempre pintamos las hojas de los árboles de color verde? ¿Y si es otoño? ¿Y si es un árbol de cerezo? ¿Y si simplemente el árbol que imagino tiene hojas amarillas, naranjas o rojas?
Como adultos, solemos buscar que los dibujos se parezcan a la realidad. Pero los niños muchas veces dibujan la realidad como la sienten, la recuerdan o la imaginan. Quizá ese árbol rojo no está “mal pintado”; tal vez es el árbol que vio una tarde, el que soñó o el que existe en su mundo.
La verdad es que no puedo recordar de qué color pintaba los árboles cuando era niño. Y eso me dio aún más curiosidad por volver a hacerlo. Tal vez, si nos permitimos crear sin preocuparnos por hacerlo “correcto”, podamos entender un poco mejor cómo piensan nuestros alumnos.
A veces, sin darnos cuenta, corregimos demasiado pronto. Les decimos cuál es el color “correcto”, cuando quizá lo más valioso sería preguntar: “Cuéntame, ¿por qué tu árbol es rojo?” Seguramente la respuesta nos sorprendería.
Aprovecharé estos días de descanso para darle un poco más de espacio al arte. Entiendo que, por las responsabilidades, no siempre es fácil sentarse a dibujar o pintar. Pero el arte no vive solamente en una hoja de papel. También está en una canción que escuchamos con atención, en un cuento, en una fotografía, en una danza o en esos pequeños momentos en los que nos detenemos a apreciar algo bello.
Bueno… ahora solo queda esperar que mi dibujo quede mejor de lo que imagino. Y si no, al menos habrá cumplido su propósito: recordarme que la creatividad también se entrena. ☺️❤️