29/09/2026
¿Recuerdas que se estilaba que cuando llegabas con zapatos nuevos a la primaria o secundaria alguien los pisaba para "estrenarlos"?
Más que una moda chocante, era un abuso y se estaban cruzando límites.
Si llegó a sucederte y no supiste defenderte, era normal en ese entonces, pues no tenías herramientas para hacerlo; no tenías las palabras adecuadas, el carácter, el argumento. Lo permitiste para pertenecer al grupito con quienes te juntabas.
Hoy, que has llegado a la adultez, seguramente no lo permitirías. Y si te sorprendes pensando que sí lo permitirías y que sigues permitiendo que otras personas crucen tus límites, déjame decirte que es de suma importancia que frenes eso; pues, tu cerebro-mente recibe el mensaje de que no vales, no eres importante, no mereces respeto, no eres suficiente. Y, con ello, tu cuerpo reacciona en consecuencia, como si llevara de forma permanente un cartel grande que dice: "puedes abusar de mí".
De hecho, a la primera persona a la que debes imponerle límites es a ti. Establécete límites en las acciones que te perjudican y date el mensaje de la gran importancia que tienes para ti y para los demás con autocuidados concretos: Duerme temprano, come nutritivamente; has ejercicio, aunque no te den ganas; para a tiempo en tu trabajo, aséate y arréglate todos los días, permítete el descanso y la dispersión...
Una vez que te estableces y respetas tus límites, verás cómo es sencillo imponerle y hacer respetar tus límites a otras personas. Y estas dos acciones concretas, activan en tu cuerpo-cerebro-mente el botón: ¡Lista para sanar y crecer interiormente!
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