Humberto Valdez-Sanchez

Humberto Valdez-Sanchez Personajes y hechos de la historia de México que te sorprenderán, conmoverán o decepcionarán.
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254. LA TORRE DEL MIILAGRO Desde su independencia, México solo ha tenido dos etapas sostenidas de progreso económico. Co...
07/10/2026

254. LA TORRE DEL MIILAGRO

Desde su independencia, México solo ha tenido dos etapas sostenidas de progreso económico. Coincidentemente ambas duraron treinta años: el Porfiriato y el Milagro Mexicano.

La Segunda Guerra Mundial, que inició en 1939, afectó gravemente la economía de todos los países del mundo. Solo un país resultó altamente beneficiado con ella: México.

Durante la guerra, Europa, Estados Unidos y Canadá dedicaron sus industrias a la fabricación de armas y equipo militar, lo que obligó a los norteamericanos a importar todos los demás bienes que necesitaba para su población. México, al ser su vecino inmediato, se convirtió en el principal abastecedor del mercado norteamericano. La industria mexicana se desarrolló velozmente para poder surtir a Estados Unidos.

Al terminar la guerra, en 1945, este impulso económico duró muchos años más, dando origen al llamado Milagro Mexicano, que es el período, de 1940 a 1970, en que la economía mexicana creció a un 6% anual promedio, durante treinta años consecutivos. Algo que muy pocos países en el mundo han logrado.

Durante los gobiernos de Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, México dejó de ser un país predominantemente rural, basado en la producción agrícola y se fue convirtiendo en un país básicamente urbano, con el predominio del sector industrial y de servicios.

La obra más representativa de esta época fue la Torre Latinoamericana, que se construyó para alojar a la compañía La Latinoamericana, Seguros, S.A., en un lugar en donde, en la Época Prehispánica, se localizaba el zoológico del emperador Moctezuma II, y en la Época Colonial se construyó el Convento de San Francisco.

La construcción de la torre se inició en febrero de 1948, cuando Europa y Japón aún estaban en ruinas a consecuencia de la guerra. Su construcción duró ocho años, y usó una tecnología original mexicana que permite construir en el subsuelo fangoso, de consistencia esponjosa de la ciudad de México, de elevada sismicidad. Dicha tecnología sigue siendo utilizada por todos los constructores de rascacielos en zonas sísmicas.

La torre consta de tres sótanos y 44 niveles que se elevan a 134 metros de altura sobre el nivel de la calle. Esta elevación aumenta a 181.3 metros si se agrega la antena y el pararrayos. Tiene una superficie construida de 27,700 metros cuadrados y ocho elevadores de alta velocidad, que, en su momento, fueron los más rápidos del mundo.

Se inauguró el 30 de abril de 1956. En ese momento era el tercer edificio más alto del mundo (los otros dos estaban en Estados Unidos).

La torre recibió el premio del Instituto Norteamericano de la Construcción de Acero por ser "el edificio más alto que jamás haya sido expuesto a una enorme fuerza sísmica". Resistió los terremotos de 1957, de magnitud 7.7; el de 1985, de magnitud 8.1; y el de 2017, de magnitud 7.1. Se considera que puede soportar un terremoto de 8.7 grados en la escala de Richter.

La torre está catalogada como un monumento histórico. Por ley, el aspecto de la fachada no puede alterarse, ni ha cambiado desde su conclusión.

La Torre Latinoamericana ha resistido terremotos muy intensos que han causado graves daños en México, eso no es un milagro: el milagro es que México haya terminado destruido por las crisis económicas que causaron los presidentes ineptos y corruptos que nos gobernaron después de 1970.

Esos son otra historia…

Imágenes:
Torre Latinoamericana y su construcción.
Desaparecido Convento de San Francisco
Edificio original de Seguros La Latinoamericana

# TorreLatinoamericana

EL "RARO" AMOR DE TOÑO CAPÍTULO XXIX. EN SAN LUIS POTOSÍPARTE 2. EL "RARO" AMOR DE TOÑO Toño sonrió emocionado. Me abraz...
06/10/2026

EL "RARO" AMOR DE TOÑO

CAPÍTULO XXIX. EN SAN LUIS POTOSÍ
PARTE 2. EL "RARO" AMOR DE TOÑO

Toño sonrió emocionado. Me abrazó y me besó:

—Muchas gracias, Ma. Creí que nunca se habían dado cuenta de lo que quería; pensé que se iban a enojar conmigo y que tal vez me corrieran de la casa. Esto que me acaba de decir me da el valor que me faltaba para luchar por mi felicidad. ¡Muchas gracias, Ma! —me dijo.

Toño me besó de nuevo, se levantó y se fue. Yo me quedé pensando en si sería necesario hablar con Fabi para que lo enseñara a coser vestidos. Por lo pronto no hablaría de eso con Sacramento hasta saber que planes tenía Toño.

Un par de días después, Romi llegó hasta donde yo estaba y me abrazó.

—¡Gracias por hablar con Toño, mamá! —me dijo.

Me dio gusto que Toño hubiera elegido a Romi para confiarle sus secretos y sus planes de una nueva vida. Le pregunté a Romi:

—¿Qué te dijo Toño? ¿Qué planes tiene?

—¡Que si quería ser su novia! ¡Se quiere casar conmigo! —me dijo emocionada.

—¡Pero Toño es…

—No, mamá. Toño no es mi hermano. Nos criamos como si lo fuéramos, pero no lo somos —me interrumpió Romi.

Me quedé callada un momento, asimilando la situación y el malentendido que cometí. Luego le pregunté:

—¿Desde cuándo sabías que Toño estaba enamorado de ti?

—Cuando cumplí diez años me di cuenta que Toño era capaz de hacer cualquier cosa con tal de complacerme, pero no le daba importancia; me portaba muy infantil con él y lo hacía enojar —dijo—. Luego empecé a darme cuenta que Toño tenía muchas cosas que no tenía ninguno de los que se acercaban a mí y lo empecé a mirar de otra manera.

—¿Por qué no me hablaste de eso? —le pregunté.

—Porque quería estar segura de lo que siento por él. No quería decepcionarlo.

—Y… ¿estás segura?

—Completamente segura —me dijo.

Esa noche le platiqué todo a Sacramento, excepto mi malentendido, y me dijo:

—¡Vaya, hasta que se atrevió a decírselo!

—¿Cómo, ya lo sabías? —le pregunté.

—Claro que lo sabía. Era muy evidente, pero no quise darme por enterado porque era un asunto de ellos.

—¿Y cómo te diste cuenta?

—Porque Antonio se la pasaba soñando despierto; porque se ponía feliz cuando ella estaba cerca; porque se lo cargaba la fregada cuando Romi tenía sus propios planes, y porque yo viví eso por ti —me dijo mientras me abrazaba.

Al día siguiente, doña Rita me dijo:

—Antonio nunca me lo dijo, pero siempre supe que sentía algo por la niña Romelia. Ya me dijo que ella lo aceptó y que ustedes no se oponen. Ustedes lo conocen; es muy buen muchacho; la va a cuidar y a hacerla feliz.

Resultaba que yo era la única pendeja de la casa. Todo mundo lo sabía menos yo. En un descuido hasta Marianita lo ha de haber sabido.

La boda se celebró un año después. Sacramento se comportó como lo que era: el orgulloso padre de ambos novios. No escatimó en gastos de la fiesta de bodas. Les regaló una casa relativamente cercana a la nuestra para que nos visitaran muy seguido, pero no tan cercana como para que no tuvieran intimidad. Antonio no quiso aceptar los muebles que les ofreció. Tenía suficiente dinero ahorrado y llevó a Romelia a que los eligiera. Doña Rita no aceptó su invitación de irse a vivir con ellos.

—Casados es casa-dos, no casa-tres —dijo—. Además, ya me acostumbré a vivir aquí; quiero seguir cuidando al coronel y atender a Toño y a Romi cuando vengan a visitarnos.

Al regresar de la fiesta de bodas, Sacramento me abrazó y me dijo:

—Gracias por todo lo que me has dado. Nunca pensé que iba a ser tan feliz como lo he sido. Te quiero.

Esa noche se casaron Romelia y Antonio, pero la noche de bodas fue para nosotros. Cuando Sacramento se durmió yo me sentí segura porque al oírlo roncar sabía que él estaba conmigo. Pero esa noche, su roncar empezó a oírse distinto.

Esta es una novela. Se publica cada tercer día. Pasado mañana inicia el Capitulo ### de ###III.

253. MEXICO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, en 1939, México se declaró “neutral”, ...
05/10/2026

253. MEXICO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, en 1939, México se declaró “neutral”, pero empezó a requisar las empresas de origen italiano y alemán en México. En abril de 1941, incautó todos los barcos alemanes e italianos anclados en puertos mexicanos, arrestando a 1,300 marineros. Entre las naves confiscadas por México estaban los barcos italianos Lucifero, Genoano, Vigor, Atlas y Americano, que México rebautizó como Potrero del Llano, Faja de Oro, Amatlán, Las Choapas y Tuxpan, respectivamente; y el barco alemán Hameln, que fue renombrado como Oaxaca.

Alemania e Italia protestaron, porque nuestro país no respetó su neutralidad, pero no recibieron respuesta. Cuando Japón atacó a Estados Unidos, el 7 de diciembre de 1941, el gobierno mexicano rompió sus relaciones diplomáticas con Japón, Italia y Alemania, arrestó a sus diplomáticos y los envió a Estados Unidos.

México intensificó su venta de petróleo a Estados Unidos, usando los barcos incautados, por lo cual, el 13 de mayo de 1942, un submarino alemán hundió el barco petrolero Potrero del Llano, muriendo 14 de sus 35 marinos; el 20 de ese mes, hundieron el barco Faja de Oro, donde murieron otros 9 marinos mexicanos. El gobierno mexicano protestó ante Alemania porque eran navíos de un país “neutral”, pero no recibió respuesta.

El 22 de mayo de 1942, el gobierno mexicano le declaró la guerra a Alemania, Italia, Japón y sus aliados. Entre junio y septiembre de ese año, submarinos alemanes hundieron los barcos: Tuxpan, Las Choapas, Oaxaca y Amatlán frente a las costas de México, donde murieron 18 marinos en total.

Es indudable que México tenía que ser un aliado natural de Estados Unidos en esta guerra por situaciones de carácter geográfico, político y económico, pero, en honor a la verdad, hay que reconocer que México no había sido muy “neutral” al inicio de la guerra y que los barcos que le hundieron no eran muy “mexicanos”.
En 1944, el presidente, Gral. Manuel Ávila Camacho anunció la intención de enviar la Fuerza Área Expedicionaria Mexicana, dirigido por el coronel P.A. Antonio Cárdenas Rodríguez, nacido en el Pueblo Mégico de General Cepeda, Coahuila, para combatir en el extranjero. La parte principal de este grupo fue el Escuadrón de Pelea 201, dirigido por el capitán P.A. Radamés Gaxiola Andrade.
Trescientos voluntarios se alistaron para integrar este grupo expedicionario. El 21 de julio de 1944 partieron a Estados Unidos, a recibir entrenamiento en distintas bases militares norteamericanas. Curiosamente, gran parte de la instrucción les fue proporcionada por mujeres.

Originalmente, el Escuadrón 201 combatiría en Europa, así que recibieron entrenamiento para pelear contra aeronaves y pilotos alemanes e italianos, pero, como la guerra en Europa estaba terminando, se decidió que pelearan contra los japoneses en Filipinas, que era una nación cuyo idioma había sido el español. El entrenamiento sufrió una demora, ya que había conocer las características de los aviones y del combate de los japoneses.

Durante el entrenamiento, murieron dos pilotos en accidentes: Cristóforo Salido y Javier Martínez. También fueron también excluidos seis pilotos como resultado de los exámenes médicos. Finalmente fueron seleccionados los mejores treinta mejores pilotos mexicanos para combatir en la guerra del Pacífico, acompañados por 268 integrantes del personal de tierra.

El 27 de marzo de 1945, la FAEM se embarcó, en el puerto de San Francisco, en el buque Fairisle, rumbo a Filipinas, a donde llegaron el primero de mayo. Para esa fecha la guerra en Europa ya había terminado.

El emblema la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana eran tres triángulos equiláteros invertidos, concéntricos, con los colores rojo, blanco y verde, del exterior al centro. Pero, para inspirar más miedo a los japoneses, usaron el nombre de guerra de Águilas Aztecas y, como insignia, la caricatura del gallo Pancho Pistolas.

En los cuatro meses que participaron en la guerra, volaron en más de 95 misiones de combate, en la que murieron cinco pilotos: Pablo Luis Rivas Martínez, José Espinosa Fuentes, Héctor Espinosa Galván, Fausto Vega Santander y Mario López Portillo. Uno más falleció en un hospital militar debido a una enfermedad.

Volaron su última misión de combate el 26 de agosto, para escoltar un convoy al norte de las Filipinas. El 1 de septiembre de 1945 se firmó la rendición incondicional de Japón, en una ceremonia en Tokio, a bordo del USS Missouri, en donde atestiguaron representantes militares de países aliados, entre ellos el coronel Antonio Cárdenas Rodríguez y el capitán Radamés Gaxiola Andrade.
La participación de México en la Segunda Guerra Mundial costó al país tres millones de dólares aproximadamente. Formar parte del bloque aliado hizo figurar a México entre las naciones victoriosas de la guerra.

El Escuadrón 201 regresó a la ciudad de México el 18 de noviembre de 1945, y fueron recibidos con un desfile militar. Ha sido el único contingente armado de México que ha combatido en el extranjero.

En la ciudad de México, en el Bosque de Chapultepec, se construyó el Mausoleo de la “Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana”, en el cual están depositados los únicos restos mortales que se recuperaron: los de José Espinosa Fuentes y Mario López Portillo.

El 3 de febrero de 2022 murió el coronel Carlos Garduño Núñez, a los 102 años de edad. El último piloto sobreviviente del Escuadrón 201.

Además del Escuadrón 201, México colaboró con el envío de 302,775 trabajadores a Estados Unidos para cubrir la falta de mano de obra y el permiso para que 14,849 ciudadanos mexicanos se alistaran en el ejército norteamericano.
Imágenes:
Potrero del Llano
Faja de Oro
Antonio Cárdenas Rodríguez
Radamés Gaxiola Andrade
Carlos Garduño Núñez

# MéxicoSegundGuerra



TOÑO ES “RARO”CAPÍTULO XXIX. EN SAN LUIS POTOSÍPARTE 1. TOÑO ES "RARO"Un día, Romelia se acercó a mí y me preguntó:—¿No ...
04/10/2026

TOÑO ES “RARO”

CAPÍTULO XXIX. EN SAN LUIS POTOSÍ
PARTE 1. TOÑO ES "RARO"

Un día, Romelia se acercó a mí y me preguntó:

—¿No se te hace raro Toño, mamá?

“¿Raro?” Me pregunté. Tuve hermanas, no hermanos. En el colegio, en Saltillo, había puras niñas. En el convento sólo conocí al padre Ismael y a los dos ancianos jardineros. Nunca conocí hombres de la edad de Toño, por lo tanto, no podía saber lo que era raro y lo que era normal en un hombre de esa edad.

—¿A qué te refieres? —le pregunté.

—A que ya tiene casi veinticinco años de edad y nunca ha tenido novia —me dijo Romelia.

Eso era muy cierto. Toño era muy serio y trabajador, pero no era tímido o reservado, al contrario, era muy alegre y platicador, pero nunca recuerdo que haya tenido novia ni cuando era estudiante ni cuando se puso a trabajar en la tlapalería de Sacramento.

—Quizá no ha conocido a alguna muchacha que le llame la atención —le dije a Romi, a quien cada semana le aparecía un pretendiente nuevo.

—No creo que sea eso. Creo que Toño nunca se va a casar porque tiene un secreto que no nos quiere contar, especialmente a papá y a ti.

Creo que, si alguien conocía a Toño, incluso más que su abuela, era Romelia. Desde que llegó a vivir a la casa de Sacramento, Romi y él establecieron una relación de hermanos en la que a veces andaban muy cariñosos, a veces se peleaban y a veces ni se hablaban, pero Toño siempre tuvo una actitud muy protectora con ella.

—¿Tú cómo sabes eso? ¿Te ha contado algo Toño? —le pregunté preocupada.

—¡Ay, mamá! A Toño no le sacas una sola palabra de algo que no quiera decir —me dijo Romi. Pero lo conozco como la palma de mi mano. Cuando él va, yo ya vengo de regreso —agregó—. Nunca va a decir lo que le pasa. Tiene miedo a sincerarse con nosotros y a decir lo que siente por miedo a que lo rechacemos.

De repente lo entendí: ¡A Toño no le gustaban las mujeres! Era como Fabi. Entendía muy bien por qué lo guardaba en secreto y tenía miedo al rechazo, pero lo que no entendía era que Toño era demasiado varonil para ser como Fabi, a menos que fuera como los “novios” que Fabi tenía y que nadie se imaginaba que les gustara que les agarraran la “mazacuata”.

No quería pensar en lo que a Toño le gustaba o no le gustaba hacer. Sólo pensaba que era buen muchacho y que merecía ser feliz. En su familia nadie lo rechazaría por eso. Sacramento era muy educado y lo quería mucho. Romi era muy madura para su edad. Yo nunca permitiría que le hicieran algo parecido a lo que me hicieron a mí.

—Voy a hablar con él —le dije a Romi—. Ella me abrazó y me dijo:

—Sabía que lo entenderías —dijo agradecida.

¿Entenderlo? No, no lo entendía, pero no lo podía rechazar.

El siguiente domingo, en la tarde, me puse a arreglar unas macetas en el patio trasero y le pedí a Toño que me ayudara con unos costales de tierra. Decidí ser lo más directa que pudiera.

—¿Por qué no saliste a pasear, Toño? —le pregunté.

—Todos mis amigos tenían compromiso, Ma.

—¿No tienes novia, hijo?

Toño evadió la mirada y contestó:

—No, Ma.

—Me extraña, Toño. Eres un muchacho muy guapo, responsable y educado; debes tener muchas admiradoras —le dije.

—No es por eso, Ma. No me interesa ninguna de ellas y no quiero hacerles perder el tiempo. No es correcto.

“Muy cierto”, pensé. Lo peor para una mujer es perder su tiempo con un novio que no tiene intención de casarse con ella, y que sólo busca guardar las apariencias.

Suspendí lo que estaba haciendo. Me senté en un muro de piedra y le pedí a Toño se sentara a mi lado. Le tomé la mano y le dije:

—Tú eres el hijo que Sacramento siempre quiso tener; él no piensa en ti como un padrino, piensa en ti como un padre. Yo no soy tu madre, pero me sentiría orgullosa de tener un hijo como tú, y queremos que seas feliz.

Toño iba a decir algo, pero no quise cortar el impulso y continué:

—Hemos visto que algo te falta. Que hay algo que tú quieres decir o hacer, pero no te atreves. Creemos que debes ser valiente para expresar tus sentimientos y luchar por tu felicidad. Nunca nos vamos a sentir defraudados por ti; te vamos a apoyar y a querer siempre como a nuestro hijo. Pase lo que pase.

Toño sonrió emocionado. Me abrazó y me besó:

—Muchas gracias, Ma. Creí que nunca se habían dado cuenta de lo que quería; pensé que se iban a enojar conmigo y que tal vez me corrieran de la casa. Esto que me acaba de decir me da el valor que me faltaba para luchar por mi felicidad. ¡Muchas gracias, Ma! —me dijo.

Toño me besó de nuevo, se levantó y se fue. Yo me quedé pensando en si sería necesario hablar con Fabi para que lo enseñara a coser vestidos. Por lo pronto no hablaría de eso con Sacramento hasta saber que planes tenía Toño.

¿Qué planes tendrá Toño?

¿Qué le digan Toñeta? ¿Quedrá poner una estética unisex? ¿Inscribirse en el Miss México Gay? ¿Vestir de mujer en las calles? ¿Ir a la marcha del orgullo gay? ¿Hacer limonadas con tantos limones que le caen del cielo?

Esta es una novela. Si la quiere adquirir en su versión impresa, últimos ejemplares a $300 pesos, con envío nacional gratis. Mande un mensaje privado si desea conocer la promoción.

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252. PONIÉNDOLE CALZONES A DIANAEn la década de los cuarentas, las autoridades de la ciudad de México realizaron distint...
03/10/2026

252. PONIÉNDOLE CALZONES A DIANA

En la década de los cuarentas, las autoridades de la ciudad de México realizaron distintos proyectos para embellecer la capital, como la colocación de monumentos y fuentes en las principales avenidas.

Se encargó al arquitecto Vicente Mendiola y al escultor Juan Olaguíbel la construcción de una fuente para la glorieta que se localizaba en el Paseo de la Reforma, cerca de la entrada al Bosque de Chapultepec. La escultura se llamaría “La Flechadora de las Estrellas del Norte”, que representa a Artemisa, la diosa griega de la cacería, o su equivalente romano, Diana.

La escultura, de siete metros de altura y cuatro toneladas de peso, fue elaborada entre abril y septiembre de 1942, en un taller de la calle Obrero Mundial de la ciudad de México.

La modelo que posó para su diseño fue una joven de 20 años de edad, llamada Helvia Martínez Verdayes, quien trabajaba como secretaria en las oficinas de Pemex. Helvia posó desnuda para el escultor, sin recibir pago alguno, a condición de guardar en el anonimato su identidad. Durante mucho tiempo fue un misterio quien fue la modelo, hasta que, en junio de 1992, ella misma, convertida ya en una respetable y conocida dama de sociedad, confesó la verdad.

El 10 de octubre de 1942, el presidente Manuel Ávila Camacho inauguró la Fuente de la Flechadora de las Estrellas del Norte, quien pronto pasó a ser conocida como “La Diana Cazadora”.

Desde su inauguración, la escultura de la mujer desnuda causó las críticas de los sectores más católicos y conservadores de la sociedad mexicana, encabezados por la Liga de la Decencia. Al año siguiente, con el apoyo de Soledad Orozco de Ávila Camacho, esposa del presidente, lograron que el gobierno capitalino censurara la obra, ordenando al escultor cubrir el trasero y bajo vientre de la escultura con un taparrabo de bronce. El artista únicamente lo fijó con unos puntos de soldadura, en espera de poder retirarlo más adelante.

El pudoroso taparrabo libró a la Diana Cazadora de las miradas pervertidas que le dirigían los transeúntes lidibinosos y calenturientos, pero no la libró de la delincuencia. El 16 de octubre de 1943 le robaron la flecha y la cuerda de su arco.

En 1967, al haber más apertura social, y ante la inminente celebración de los Juegos Olímpicos de 1968, se decidió retirar el taparrabos de bronce de la escultura para que luciera su trase… ¡perdón!, su belleza original.

Al realizar esto, la estatua sufrió algunos daños, por lo cual se decidió fundir una nueva pieza que ocupara su lugar. La obra original, dañada, fue instalada en la plaza central del pueblo de Ixmiquilpan, Hidalgo.

Termino este artículo con una nota de optimismo: la modelo, Helvia Martínez Verdayes, murió en 2022, pero antes, en 2016, recibió reconocimientos por parte del Senado Mexicano y del Gobierno de la ciudad de México. Esto le da esperanzas a nuestra querida Lyn May de recibir un justo homenaje por parte de tan dignas instituciones, por las miles de veces que ha mostrado su trasero, con elegancia y distinción, en cabarets y películas de ficheras.

# HelviaMartínezVerdayes
# JuanOlaguíbel

ENLODANDO A DON LUPECAPÍTULO XXVIII. EN SALTILLOPARTE 2. ENLODANDO A DON LUPELa madre Clemencia se mantuvo en silencio, ...
02/10/2026

ENLODANDO A DON LUPE

CAPÍTULO XXVIII. EN SALTILLO
PARTE 2. ENLODANDO A DON LUPE

La madre Clemencia se mantuvo en silencio, como una muda indicación de que ya había tomado una decisión y no había nada más que hablar.

Saqué la cajita de madera, que llevaba oculta en mi hábito y la puse en su escritorio. Ella la tomó, la abrió y preguntó:

—¿Y el dinero?

—No. No hay dinero —le respondí.

—¿Dónde está? —insistió.

—¿Por qué me pregunta por el dinero? ¿Por qué no me pregunta dónde encontré la caja?

Se mantuvo en silencio. Para ella era más cómodo no saber la verdad que enterarse de algo que contradijera sus suposiciones.

—La hermana Adalina la enterró en un rincón del corral.

—¿No sería usted la que la tomó del despacho de la madre ecónoma?

No supe por qué, pero su pregunta no me sorprendió ni me ofendió. Solo sonreí y le respondí:

—¿Y condenarme por cincuenta pesos? ¡No, madre! Usted sabe que yo no necesito dinero. No me sirve dentro del convento y, además, mi familia es de dinero y yo tengo el mío propio. Mucho más de lo que les robaron a ustedes.

Cuando hablé de dinero, vi una fugaz expresión de interés en la mirada de la madre Clemencia, pero se apagó cuando me respondió:

—Muy cierto. Su familia tiene dinero, pero usted no tiene familia. Si la tuviera no estaría en el convento…

La expresión de la madre Clemencia no mostró expresión al decirme eso, pero percibí la intención de cómo y por qué me lo dijo. Me dolió, pero mantuve la calma mientras ella continuaba hablando.

—…su familia somos nosotras; debe hacer a un lado su egoísmo y compartir sus posesiones con la congregación.

—¡Claro que las comparto, madre! Y lo hago con mucho gusto. ¿No disponen ustedes de las rentas de la casa de la calle San Juanito? Lo demás son regalos personales de mis hermanas, los cuales también comparto de manera particular con algunas hermanas de religión y con otras personas…

—Bueno, hermana. No tiene caso que sigamos discutiendo sobre eso —me interrumpió—. Si me permite, tengo otras cosas importantes que hacer.

La madre Clemencia dio por concluida la entrevista; esperaba que yo me retirara de su despacho, sin embargo, permanecí sentada frente a ella.

—Respecto a don Lupe ¿Qué va a hacer? —le pregunté.

—No hay nada que hacer. Como le dije, hermana, ese asunto está en manos del Ministerio Público —respondió.

—Pero usted sabe que es inocente y no puede permitir que se cometa una injusticia con él.

—Mire, hermana —me respondió con absoluta calma—. A este mundo venimos a sufrir y todos esos padecimientos e injusticias nos las va a compensar Dios en el cielo. Estoy segura de que don Lupe va a ser recompensado por estos sufrimientos que está pasando...

—No puedo creer que usted pueda permitir… —intenté decir, pero ella continuó su discurso.

—…y yo, como Madre Superiora, debo cuidar la imagen de la Congregación de Adoratrices Perpetuas del Tepeyac. Debo elegir el menor de los males, aunque esto signifique manchar la imagen de don Lupe, cuyos sufrimientos en esta vida le serán compensados generosamente por Dios en la otra vida.

—No le están manchando su imagen ¡Se la están enlodando! Le están destruyendo la vida y la reputación, la de su familia…

—¡Hermana Cayetana! —me interrumpió—. Ya dije lo que tenía que decir y algún día usted va a entender mis razones. Mientras tanto le ordeno se abstenga de intervenir en este asunto y le prohíbo realizar cualquier tipo de comentario sobre esto, con las hermanas o con cualquier persona. Recuerde que usted pronunció libremente sus votos de obediencia y eso me autoriza a tomar las medidas disciplinarias que juzgue necesarias.

La madre Clemencia se puso de pie, se encaminó a la puerta y la abrió, invitándome a salir.

Sabía a qué medidas disciplinarias se refería: el aislamiento en la comunidad. Eso consistía en no compartir actividades con las demás religiosas, las cuales tendrían prohibido interactuar conmigo, dirigirme la palabra y acercarse a menos de cuatro metros de distancia. Eso sería algo que no podría soportar. Decidí que mi único camino era obedecer, por lo cual abandoné en silencio y cabizbaja su despacho.

El Ministerio Público declaró inocente a don Lupe por falta de pruebas. El anciano vino a pedirle a la madre Clemencia continuar en su empleo, pero ella se negó a recibirlo. Cuando se retiraba derrotado, lo alcancé, le di un breve abrazo de despedida y puse en su mano cincuenta pesos. Le dije:

—Con esto puede poner el estanquillo del que tanto hablaba.

Me di la media vuelta de inmediato y me alejé sin volver a mirarlo a la cara; sin oír su respuesta. Nunca supe que fue de él y su familia, excepto un domingo, en que la hermana Adalina comentó, mientras jugaba lotería:

—Me enteré que don Lupe puso una tienda de abarrotes. Lo ha de haber hecho con el dinero que nos robó.

Iba a replicar algo, pero la madre Clemencia me detuvo con una mirada de advertencia, al tiempo que decía:

—Hermanas, en sus oraciones les pido que recen por don Lupe, para qué Dios lo perdone por lo que hizo, o para que le dé fortaleza para soportar su sufrimiento si no lo hizo.

Esta es una novela. Si la quiere adquirir en su versión impresa, últimos ejemplares a $300 pesos, con envío nacional gratis. Mande un mensaje privado si desea conocer la promoción.
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251. CAÍN Y ABEL ÁVILA CAMACHO"Arráncame la vida", la exitosa novela de Ángeles Mastretta, está inspirada en la vida del...
01/10/2026

251. CAÍN Y ABEL ÁVILA CAMACHO

"Arráncame la vida", la exitosa novela de Ángeles Mastretta, está inspirada en la vida del gobernador de Puebla, Gral. Maximino Ávila Camacho, un hombre capaz de cualquier cosa con tal de lograr sus propósitos, incluso... ¿Mandar asesinar a su hermano? Esta es la historia...

Cuando el Gral. Manuel Ávila Camacho fue designado candidato a la presidencia en 1939, su hermano Maximino se enfureció, pues consideraba que su hermano era muy débil y que la presidencia le correspondía a él, por ser mayor.

Maximino era despiadado, temperamental, arrogante y muy afecto al juego y a las mujeres. Durante la Guerra Cristera quemaba pueblos y fusilaba a los prisioneros, a diferencia de su hermano Manuel, de carácter afable y sereno, cuyas buenas maneras y dotes diplomáticas lo ayudaban a negociar y atraer por la buena a los rebeldes. Gracias a esto, lo llegaron a llamar el “Presidente Caballero”.

Maximino, quien había sido gobernador de Puebla, convenció a Manuel para que lo designara Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, pero no lo pudo convencer de que lo designara su sucesor. Esto causó resentimiento en Maximino.

La mañana del 10 de abril de 1944, el presidente Manuel Ávila Camacho llegó a uno de los patios de Palacio Nacional, acompañado del doctor Octavio Mondragón. Cuando bajaron del coche y se dirigían al elevador, uno de los guardias presidenciales, el teniente José Antonio de la Lama y Rojas, cuya familia vivía en la ciudad de Puebla, se acercó a ellos y se cuadró para saludar al presidente al estilo militar, a lo que Ávila Camacho respondió con una leve inclinación de cabeza.

El militar le dijo:

—Señor presidente ¿cómo está usted?

—¿Cómo te va? ¿Qué andas haciendo? —le contestó el general.

Después de esto, el teniente sacó rápidamente su pi***la reglamentaria, calibre 45, y le disparó al presidente en el pecho.

El doctor Mondragón trató de intervenir, pero el militar lo amenazó con la pi***la. Esta distracción fue aprovechada por el presidente, quien, gracias a que llevaba un chaleco antibalas, no sufrió daño; se arrojó sobre su agresor, lo golpeó en el brazo y lo desarmó, permitiendo que lo inmovilizaran los guardias.

El militar le dijo:

—No pude, por desgracia, cumplir mi misión.

El presidente nunca perdió la serenidad y la sangre fría que lo caracterizaban. Les ordenó a sus ayudantes que lo soltaran y le pidió que lo acompañara al elevador. Ahí le preguntó:

—¿Qué traes tú, amigo?

—En este país no hay libertad ni justicia; no nos dejan a los militares entrar uniformados a las iglesias ni a las logias—. Le contestó el militar.

Al llegar al despacho presidencial se encerraron en él, pero no se supo de qué platicaron. Al terminar, el teniente de la Lama y Rojas fue recluido en una celda del mismo palacio, a donde, al poco rato llegó el Gral. Maximino Ávila Camacho, quien, enfurecido, golpeó al teniente.

Al mediodía de ese mismo día, se informó “que el frustrado homicida intentó huir y fue herido de muerte por la espalda, cuando le dispararon militares del cuartel…”. Falleció 48 horas después en el hospital.

Muchos años después, un nieto y un sobrino del teniente de la Lama y Rojas señalaron que Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente, obligó al teniente a realizar el atentado, bajo amenaza de asesinar a sus familiares.
Nunca se supo el motivo real del intento de as*****to. La verdad solo la supieron Maximino y José Antonio de la Lama y Rojas; quizá el presidente Ávila Camacho.

Maximino falleció menos de un año después, bajo las sospechas de haber sido envenenado. Varios de sus hijos quedaron al cuidado de Manuel y su esposa Soledad, quienes no tuvieron hijos.

En su magnífica novela “Arráncame la vida”, Ángeles Mastretta, retrata el gobierno y la personalidad de Máximino Ávila Camacho.

Imágenes:
1 y 2. Maximino y Manuel Ávila Camacho
3 y 4. Maximino Ávila Camacho
5. José Antonio de la Lama



# JoséAntoniodelaLama

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