11/08/2026
Mi proceso de decolonización como docente empezó en la comunidad que marcó mi historia: San Matías Petacaltepec, San Carlos Yautepec, Oax. Allá en lo alto de las montañas de la Sierra Sur, llegué como maestra rural a la Esc. Prim. “Luz y libertad”, en el ciclo escolar 2012-2013. Me encontraba estudiando la Maestría en Educación y quería comerme el mundo, ensayar, errar, experimentar, transformar-me y transformar la educación. Ahí conocí a la que llamé la “generación dorada”, un grupo de estudiantes con los cuales tuve el enorme privilegio de trabajar durante tres ciclos escolares, desde cuarto grado y hasta que egresaron de su educación primaria. Kevin Pascual era parte de ese grupo, nunca lo supo (hasta ahora en este relato), pero fue de los estudiantes más citados en mi trabajo de tesis, siempre con una actitud potencialmente creativa, con fuerte sentido crítico, era un niño que cuestionaba, que proponía, que fue desarrollando una multiplicidad de saberes, habilidades y valores (la responsabilidad y el orden le costaron mucho, hay que decirlo). De las innumerables experiencias extraordinarias que conservo de este grupo, compartiré una de ellas: un día, cuando analizábamos una situación problemática en particular que había ocurrido en la comunidad, en medio de un proyecto transdisciplinar, me hizo la pregunta más difícil que como docente me han hecho jamás: “Maestra, ¿por qué existe el machismo?”. Pude evadir MI RESPUESTA, pero sabía que él quería escucharla y lo así lo hice. Esas y más preguntas, ideas, propuestas y opiniones fue compartiendo Kevin a lo largo de los dos años que trabajé con él. Después de 12 años, nos reencontramos, él ya egresado de la carrera de Diseño Textil y Moda, me contó de propia voz que en poco tiempo, ya logró colocar una de sus creaciones en una pasarela en París, que otro vestido que él confeccionó aparece en la revista Vogue, que se está abriendo camino como diseñador de moda, me dio su autógrafo y también, la oportunidad de compartirle algunos consejos de algo que afortunadamente, él tiene muy presente: sus orígenes, el orgullo por su identidad istmeña y su siempre rebeldía bien encauzada, que lo llevará a seguir cuestionando y recreando modelos preestablecidos como me ayudó a mí a hacerlo cuando lo acompañé en la construcción de sus aprendizajes en la primaria. El encuentro con Kevin fue muy emotivo y más que satisfactorio.
Quise contarles esta experiencia porque me ayuda a reafirmar lo que hace poco tiempo declaré: creo fervientemente en la escuela, a doce años de distancia, sigo soñando y trabajando para alcanzar las más grandes utopías. 🧠🫀