Resilientes

Resilientes

Compartir

Resilientes, historias que inspiran!

10/10/2025

Fragmentos de una mente cansada
II. La voz sin rostro

El pasillo se alargó hasta cansarse de sí mismo.
El Habitante avanzó sin dirección. Cada paso parecía repetir otro que ya había dado, como si el suelo tuviera memoria.
De vez en cuando una grieta se abría, susurraba algo incomprensible y se cerraba rápido, avergonzada de existir.

El silencio, antes dócil, empezó a deformarse. No era ruido lo que lo quebraba, sino presencia.
Algo lo observaba. No desde lejos, sino desde dentro.

—¿Sigues caminando? —preguntó la voz, aguda, divertida—. Pensé que a estas alturas ya te habrías rendido.

El Habitante no respondió. El eco de su respiración se multiplicó hasta hacerse insoportable.

—¿O es que todavía crees que hay una salida? —continuó la voz—. Qué adorable. Un hombre que busca una puerta en una habitación que él mismo selló.

Giró sobre sí. Las paredes eran las mismas, pero su textura había cambiado: se sentían húmedas, como piel con fiebre.
El aire olía a metal. A veces, una carcajada pequeña —seca, sin garganta— rebotaba entre los muros.

—¿Dónde estás? —preguntó.

—En todas partes donde te duele —respondió la voz—. ¿Quieres verme?

El suelo se rajó. De la grieta salió humo. Dentro del humo, una figura: sin rasgos, sin ojos, sin boca, solo un contorno negro con respiración humana.
Se movía como si imitara los gestos de El Habitante, un segundo más tarde que él.

—No tienes rostro —dijo.

—Tampoco tú lo tenías cuando despertaste —replicó la voz.
—Yo… ya empiezo a recordar.
—Claro. Empiezas a mentirte. Todos los que recuerdan lo hacen.

El humo se acercó. La figura olía a ceniza y desvelo.
Cuando El Habitante dio un paso atrás, la sombra dio dos hacia adelante.

—¿Qué eres? —preguntó.
—Soy la costura que se te abrió cuando intentaste ser feliz —dijo la voz—.
Y ahora vengo a probar cuánto tardas en volver a romperte.

Se quedó quieto. No por valentía, sino porque el miedo también se cansa.
El humo se detuvo a un palmo de su cara. Una corriente helada recorrió el espacio.
Por un instante creyó ver una sonrisa trazada en la negrura.

—¿Por qué me hablas así? —preguntó, casi con ternura.
—Porque nadie más lo hará.
—Podrías ayudarme.
—Ya lo hago. Cada palabra mía es una cuerda. Tú decides si es para colgarte o para escalar.

El Habitante bajó la cabeza.
Entre sus pies, la grieta del suelo se había abierto un poco más. Dentro se oía algo parecido a un mar.
No un mar real, sino el ruido de miles de pensamientos hundiéndose.

—¿Qué es eso? —preguntó.
—Tú —dijo la voz—. Ahí estás completo.

El aire empezó a temblar. La figura se disolvió en una nube oscura que se pegó a las paredes, al techo, a su espalda.
La sintió subirle por la columna como una fiebre lenta.

—No me toques —susurró.
—Imposible —dijo la voz—. Fui la primera en tocarte cuando los demás dejaron de hacerlo.

Cayó de rodillas. El suelo palpitaba bajo él, como si respirara.
El mar en la grieta crecía; ya no eran olas, sino voces, pequeñas, entrecortadas, todas diciendo lo mismo: “quédate”.

—No quiero —murmuró.
—Ya lo hiciste. Hace tanto tiempo que te quedaste que ni siquiera recuerdas la salida.

El humo se espesó, formó tentáculos finos que rozaron sus brazos. Cada contacto traía un pensamiento viejo:
una promesa incumplida, una palabra que nunca dijo, una noche donde el sueño dolió más que la vigilia.

—¿Recuerdas eso? —se burló la voz—. Decías que el dolor te haría fuerte.
—Lo creí.
—Y te rompiste igual.
—Aún puedo levantarme.
—Claro que puedes. Solo que no servirá para nada.

El Habitante alzó la mirada. Del humo empezó a brotar una forma humana completa: su propia silueta, hecha de oscuridad líquida.
Le tendió la mano.
El reflejo sonrió con malicia.

—¿Qué pasará si la tomo? —preguntó.
—Depende. Quizás te salves, quizás desaparezcas. Quizás no haya diferencia.

El Habitante dudó. La Voz sonrió dentro de su cabeza.
—Hazlo —susurró—. No puedes seguir esperando que alguien venga a rescatarte del incendio que tú mismo encendiste.

Tomó la mano.
El contacto fue como hundirse en agua fría y densa.
El mundo giró.
Cuando abrió los ojos, la figura había desaparecido. En su lugar, había un espejo negro, alto, sin reflejo.
Y sobre su superficie, escrita con ceniza, una frase que aún ardía:

“Soy tu cansancio. Pero también soy lo que te queda.”

El Habitante apoyó la frente contra el vidrio. El frío lo alivió.
Por un momento quiso quedarse ahí para siempre.
Pero el espejo empezó a vibrar, como si algo del otro lado quisiera salir.

—No lo hagas —susurró la voz, risueña—. Si lo rompes, volverás a ver. Y lo que veas te va a doler.

El Habitante sonrió apenas.
—Tal vez eso sea lo único que sigue vivo —dijo.

Y con la mano desnuda, golpeó.

El espejo se quebró en mil líneas de luz.
Por cada fragmento, una imagen fugaz: una cama vacía, un par de manos sucias, un cuerpo inmóvil bajo la lluvia, una flor que respiraba.

Cuando todo se apagó, el pasillo ya no existía.
Solo él, de pie, cubierto de polvo, rodeado de un aire nuevo que olía a ceniza tibia.

La Voz habló por última vez esa noche:
—Bienvenido al principio del fin, Habitante.
Y se rió hasta que el silencio volvió a tener sentido

10/10/2025

El día de hoy tenemos compromiso con nuestros amigos de La Pika Trc Tragadiokis Fc
En vivo y a todo color en punto de las 8:50 ⏰️

MORAN VS C.J PROGRAMACIÓN ⚽️🔥

Desde el Planet Gol La Amistad 🏟

08/10/2025

Photos from Resilientes's post 08/10/2025

Mi nuevo ejercicio favorito 🖤

07/10/2025

Si, que antes era más chido dicen.

07/10/2025

📕📖

15/08/2025
¿Quieres que tu escuela/facultad sea el Escuela/facultad mas cotizado en Querétaro?

Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Localización

Categoría

Página web

Dirección


Querétaro
76230