19/09/2026
El Ing. Leopoldo Barcenas Uribe, miembro de nuestro Consejo Consultivo Superior, nos comparte una remembranza muy especial sobre el Ing. Juan Valdespino Martínez ✝:
Amigo Ing. Juan Valdespino Martínez: hoy el Creador te ha pedido acudir a Él. Descansa en paz. A Caro y a tu hijo les expresamos las más sentidas condolencias y el ferviente deseo de que encuentren pronta recuperación. Te recordaremos, Juan, con agradecimiento y reconocimiento. Q. E. P. D.
Tu pasión por la fotografía te llevaba frecuentemente al cuarto oscuro que tenía el Departamento Editorial del ITRQ, donde, con el permiso de José Luis Pérez, revelabas e imprimías tu material. Era 1971 y ahí acudíamos a recoger hojas blancas de reúso para apuntes y ejercicios de clase. Ahí, con mucha paciencia, nos explicabas el proceso de revelado, estimado compañero Juan.
Hacia la esquina noreste del Tec aún había una gran área de bosque y una explanada donde luego se construyó una cancha que, siendo para básquetbol, era de usos múltiples. En ese lugar, en el otoño de 1972, tuvimos nuestro Woodstock tecnológico: posiblemente The WC Busy, Camelot, Riverside, Los Lenz, Blues Mec y, en el clímax del concierto, el vocalista pronuncia: «La siguiente rola va con dedicatoria muy especial y sabrán para quién es; la hemos titulado “Pipino el gruexo”». Vaya manera en la que disfrutábamos nuestra vida estudiantil, apreciado amigo Juan.
Tu afición por la música y la grabación en cinta te llevó al Lab. de Ing. Eléctrica, buscando espacios para tal fin. El área de alumbrado proporcionaba los efectos que buscabas y, con el permiso de mi jefe, Ing. Arturo Martínez Haro, se constituyó en estudio de grabación. El instrumentista favorito era el Ing. Echeverría Peñaflor. Era 1973 e intercambiábamos clases de computación por fotografías. Y evolucionaban el mundo y la tecnología, distinguido amigo Juan.
Un año después, en la primavera del 74, te conocimos como nuestro sobrestante de obra. Comandabas nuestra cuadrilla de instaladores, que hacíamos nuestros pininos de capacitación en el centro de recría de ganado vacuno de la SARH, en Calamanda. Irrepetibles los sábados al terminar la jornada laboral, cuando todo el grupo nos trasladábamos a Esperanza, a los tacos de carnitas y al lago de la huerta, disfrutando con nuestras amistades inolvidables tardeadas. Continuaba nuestro aprendizaje, destacado maestro Juan.
Atinadamente, la DGIT te brindó la oportunidad de ser director del plantel. Ahí supimos que, cuando la toma de decisiones se realiza con visión, los resultados son exitosos. En el verano de 1998 recibías de manos del presidente Ernesto Zedillo un valioso galardón institucional. Era tiempo de cosechar, querido amigo Juan.
Descansa en paz, amigo. Por siempre. 🦊🦊🦊