Libro
Anónimo
Leía un libro comprado al azar. Hacia la mitad de la lectura descubrió su nombre y la descripción de un personaje exactamente igual a él mismo.
iRead Sala de lectura
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iRead es una sala de lectura virtual en donde se publican diferente tipos de cuentos cortos de lunes a viernes; con la finalidad de favorecer el incremento en el hábito de la lectura y promover nuevos talentos que aporten aspectos positivos al desarrollo de la misma. Al ser estudiantes de Comunicación, sentimos la necesidad de aportar algo a la sociedad.En México según estadísticas de la OCDE y la
20/07/2012
Échate este micro micro microcuento para abrir el apetito: http://ireadsaladelectura.blogspot.com
La muerte en Samarra
Por: Gabriel García Márquez
El criado llega aterrorizado a casa de su amo.
—Señor —dice— he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.
El amo le da un caballo y dinero, y le dice:
—Huye a Samarra.
El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.
—Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza —dice.
—No era de amenaza —responde la Muerte— sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.
El dedo
Por: Feng Meng-lung
Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.
-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.
-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.
A su imagen y semejanza.
Tarde en la noche, se podía escuchar a los Dioses llorando, arrepintiéndose de sus creaciones y preguntándose ¿qué habían hecho mal? y ¿por qué nada nunca les salia bien?
Un cuento corto sobre un sueño llamado: Libertad
Por: Ángel Collado Ruiz
Soñaba que gritaba: libertad, libertad, libertad. Mientras el llanto me empapaba el pecho, desperté de pronto sobresaltado, tarde unos minutos en reponerme, no estaba llorando, aún era de madrugada, abrí despacio la ventana de mi habitación, contemple la ciudad dormida, las casa de mis vecinos, sus autos estacionados, los juegos de los niños por los jardines, el sillón que utiliza mi anciana vecina para leer sus periódicos del día.
Me acorde de aquellos, tan lejos, tan solos y comencé a gritar como un loco: libertad, libertad, libertad y el llanto brotó.
Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista.
"Examen de sangre"
Según los resultados iba tener una vida exitosa y cumpliría todos sus sueños
Por: Andrea Bocconi
Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"
No obstante, algo en su interior le gritaba que había más… Una mañana, cuando su amo abrió, como de costumbre, la jaula para asearla y reemplazar las vasijas vacías por otras llenas; obedeciendo a un impulso incontrolable, casi brutal, picoteó con fuerza la mano del niño y, aprovechando que este retrocedió inducido por el miedo súbito que le había provocado aquel extraño comportamiento, batió las alas y se elevó. Vio al pequeño patio quedar atrás y sintió el frío impacto del viento.
Sentía el tiempo pasar por su frágil cuerpo, podía adivinar a la muerte aproximándose y no comprendía su propia infelicidad. ¿Por qué serlo teniendo maíz y agua fresca con que saciarse todos los días, un amo dedicado que le susurraba con cariño y a quien regalarle su dulce canto; en fin, un hogar?
La alondra y la libertad
Por: Ana Delia Mejía
Érase una bella alondra que había pasado toda su vida encerrada en una jaula, y, aunque la jaula era linda y amplia y siempre estaba limpia, la alondra no era feliz.
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