07/08/2026
Desde aquel día, la fe creció entre los habitantes. Las familias acudían a él para pedir por los enfermos, por las cosechas, por los hijos que partían y por los que ya no volvían. Con los años, los milagros atribuidos a su intercesión se multiplicaron, y su imagen se convirtió en símbolo de consuelo, fuerza y unión para todo Petatlán y más allá.
Cada 6 de agosto, el pueblo se transforma. Miles de peregrinos llegan a rendirle homenaje, algunos caminando descalzos, otros con lágrimas en los ojos, agradeciendo promesas cumplidas o pidiendo nuevos milagros. No es una simple fiesta; es una manifestación viva de la fe de un pueblo que encontró en Padre Jesús no solo a un Cristo tallado en madera, sino a un guía espiritual que permanece presente en cada corazón.
Padre Jesús no llegó por casualidad. Llegó para quedarse, para caminar junto a su pueblo y para recordarnos que, incluso en las aguas más profundas, la fe siempre encuentra la forma de llegar a tierra firme.