Antonio pulido saldaña

Antonio pulido saldaña la ley de dios no la puedes olvidar

22/03/2021

LA MEMORIA DEL ESPÍRITU

La “Benito” es un vetusto edificio depositario de miles de historias tejidas entre sus muros, entramadas en el ramaje de los árboles frutales que la rodean, trepadas en la cima de las soberbias palmeras que la custodian, escondidas en todos los rincones de sus salones de clase...

Septiembre del 71. El verano agoniza. El huerto del abuelo se encuentra pleno de frutos. Los
viejos nogales permiten que las nueces se liberen de su capullo verdinegro mientras el matiz amarillento del follaje comienza a declinar ante el ocaso.
El tiempo llegó de ir a la escuela.

Originalmente fui al salón de clases de la Profesora Esperanza Vela. Todavía alcancé los resquicios de los libros de la Patria, el oso que se asea pervive aún en mi memoria al igual que Lalo y Tito; primigenios vestigios donde ensayamos nuestra incipiente capacidad de explorar el prodigioso mundo de las letras.

"Esta semillita la sembró papá,
si tú la dibujas ya sabes la a”

El arte de escribir comenzaba su gloriosa gestación dibujando el contorno de la primera letra y primera vocal del alfabeto, luminoso germen y semilla de la sabiduría académica. La pegajosa tonadilla ayudaba a memorizar y construir con ritmo la línea continua que formaba la letra-semilla. Notas que danzaban eufóricas enmarcando el trazo tembloroso de mi mano, asistida por la maternal presencia de la profesora Esperanza.
Pasados unos días, el grupo fue dividido y comenzó una nueva experiencia, ahora como discípulo del Profr. Luis Galván.

A la menor provocación o señal de indisciplina el profesor empleaba un infalible método para garantizar orden y silencio. El sibilante sonido de la vara de membrillo que culminaba con el ardiente contacto de ésta en la palma de la mano, casi bastaba para coartar radicalmente toda inclinación del colectivo escolar a la subversión. El "casi" protege la afortunada oportunidad en que se desbordaba la primitiva energía de los seis años brincoteando impunemente en ausencia del maestro sobre los viejos mesabancos, saltando a través de las ventanas para invadir el Jardín del Edén y comer literalmente del fruto prohibido. Chabacanos y zanahorias sucumbían ante el embate de los niños-langosta que arrasaban el huerto escolar.

En el turno vespertino, el sopor del agónico verano hacía cabecear de sueño al profesor, que nos ordenaba dibujar y luego enviaba a un alumno —invariablemente Gerardo Sariñana— para que le trajese un refresco embotellado que ahuyentara su somnolencia. Mientras tanto, acosábamos a Quico Camargo para que nos prestara sus colores, lo presionábamos con distintas peticiones a gritos mientras aquél hacía infructuosos intentos de extraerlos de un gastado envase de leche de magnesia...
Las imágenes se multiplican, los espacios de “La Benito” tuvieron la virtud de tocarnos con una magia tal que basta traerlos a la memoria para que desborden una interminable avalancha de felices acontecimientos.

A la hora de entrada, la calle Juárez era el cauce de un caudaloso río de apurados escolares que llegaban a la escuela. Al reflejo matinal, la regordeta figura del Dire Othón se recortaba a mitad de la calle. Armado con un silbato arbitral, obligaba a los estudiantes rezagados a que dieran mayor velocidad a su carrera. Luego de comenzar las clases, la escuela se convertía en una colmena laboriosa que esparcía en el ambiente los rumores típicos de la enseñanza básica, ora de rítmicas repeticiones de las tablas de multiplicar, ora de melódicos ejercicios construidos con las primeras silabas… la venturosa infancia comenzaba a matizarse de otros saberes y a incursionar en el fantástico y misterioso universo de los libros.

El afortunado encuentro con la literatura se formalizó cuando el profesor Román Rodríguez, en cuarto año, organizó una biblioteca circulante de aula. Charles Perrault,
Dickens, Louisa M. Alcott y Amicis, nutrieron entonces con magia nueva nuestro bucólico contexto.

Hoy, a más de tres décadas de aquel tiempo, basta caminar por sus espacios para que rebrote a cada paso un recuerdo aquí tejido, un saber aquí descubierto, una aventura aquí comenzada…
Nuestros ojos están llenos de brillantes auroras y atardeceres de fuego y oro. Nuestros oídos pueden contar magnos conciertos matinales de las aves canoras de este espacio. Nuestras manos conocen la grumosa textura de esta tierra tanto como el terciopelo del duraznero. Nuestro espíritu sabe reconocer los sitios que han construido su devenir y fortaleza, su sensibilidad y su templanza, su pasión y valentía. Él sabe que uno de esos sitios fue y será siempre la Escuela Primaria “Lic. Benito Juárez”…

29/12/2019

Eso es mi deceo

28/12/2019

Espere a Santa 365 días y no me visito ojalá el año nuevo sea mucho mejor y que los reyes magos vengan cargados de muchas cosas buenas para toda mi familia ,al fin Diosito siempre estás con nosotros .. ..muchas gracias ..

16/03/2019

Es para ti ,para ti y también para ti....saludos

01/02/2019

Pulido social

24/01/2019

ORACIÓN DE LA MAÑANA

Buenos días Señor, hoy quiero pedirte me ayudes a vivir plenamente cada momento del día, que sepa disfrutar de las pequeñas cosas que cada jornada me ofrece. Vivir el momento presente, dar lo mejor de mi. Disfrutar los momentos de oración, de los momentos en el Sagrario, de trabajo, de conversación, de estudio, de la visita a la familia, de platicar con un amigo, de los momentos de estudio. Señor que sepa vivir cada momento, atento a mis hermanos, saber escuchar, servir. Gracias Señor por este día, por siempre acompañarme, Amén.

07/06/2018

Hay que dejarlo ir...

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