13/08/2026
Hay una conversación que, quienes nos dedicamos a la educación, creo que ya no podemos seguir dejando para después.
La inteligencia artificial está avanzando a una velocidad difícil de dimensionar. Hoy puede escribir, investigar, programar, diseñar, organizar información y resolver problemas que hace muy poco pensábamos que necesariamente requerían de una persona.
Por eso hay una pregunta que me hago cada vez con más frecuencia:
Si el mundo está cambiando así de rápido, ¿por qué seguimos educando prácticamente de la misma manera?
Seguimos teniendo currículas cargadísimas de contenidos. Seguimos dedicando horas a memorizar información, a repetir procedimientos, contestar ejercicios y demostrar cuánto recuerda un niño.
Y quiero ser muy clara al decir que no creo que los conocimientos académicos hayan dejado de ser importantes, seguimos necesitando lo mismo, necesitan leer bien, escribir, comprender matemáticas, conocer ciencia, historia, cultura. Claro que sí.
Pero hoy eso ya no va a alcanzar, porque si un niño puede obtener una respuesta en segundos con ayuda de la inteligencia artificial, el verdadero reto ya no está solamente en encontrar información.
Está en saber qué hacer con ella, ahí está el verdadero potencial y la verdadera intención. ¿Es cierta? ¿Tiene sentido?
¿De dónde viene? ¿Puedo cuestionarla?
¿Hay otra manera de resolverlo? ¿Estoy de acuerdo? ¿Puedo construir algo nuevo a partir de ella?
Ahí es donde a mi gusto la educación tendría que empezar a moverse.
Necesitamos dedicar mucho más tiempo a desarrollar autorregulación, pensamiento crítico, creatividad, empatía y metacognición.
En realidad y aquí entre nos, esto siempre debimos de hacerlo, pero hoy con la IA por delante es urgencia y es prioridad.
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