26/08/2026
EL BOLITAS - El Danzante de San Miguel.
El l Traje de Espejitos
Un trabajo más del Profe Chano Luquín.
Cuenta la gente de Pátzcuaro que hubo un hombre que alegraba con sus danzas afuera del templo y afuera de los negocios. No era limosnero, era danzante.
Fabricaba su traje con espejitos y cosas brillantes. Todo lo que le gustaba, se lo colgaba. Un chaquetón larguísimo, bien tupido de papelitos vistosos de colores, de retazos que encontraba. Y su sombrero, no era sombrero: eran dos cuernos grandes forrados de colguijes y campanitas del tamaño de cascabeles que sonaban cuando bailaba. En una mano la maraca, en la otra la sonaja, y cantando bajito: _"los aviones vuelan en el aire..."_
Se llamaba Fidel. Y con razón. Fidel significa fidelidad, y él era muy fiel a su religión. Dicen que todo lo que las manos caritativas le daban, lo llevaba íntegro a la imagen de la Virgen de la Salud.
Amable con todos. Nunca fue agresivo.
> _“Lo veíamos afuera del billar en la calle Libertad, sentado en la banqueta con el montón de tortillas y verduras comiendo, rodeado de sus innumerables perritos. Éramos los niños del barrio y no comprendíamos la grandeza de ese hombre emblemático.”_
Así lo recuerdan. Su otro altar era la comida.
> _“Yo lo recuerdo en el mercado cuando bailaba y comía, y qué si comía. Se comía como un kilo de tortillas. Mi tío Esequiel Molina le daba un pilón de boronitas de las carnitas y dos chiles en vinagre y le daban nopales y sacaba la tortilla de arriba y se la comía y así hasta que se acababa todo.”_
Vivía por el Cristo, a 200 metros del panteón rumbo al Manzanillal. Otros dicen que en una vecindad de la calle Libertad llegando al cerrito. Subía por flores al estribo y bajaba por agua a las casas de la colonia El Calvario. Muy amigo de todos.
> _“Qué fascinante historia, mi papá Luis Vergara León siempre le invitaba de su riquísimo pan. Era una alegría ver danzar a Bolitas.”_
Su frase célebre retumbaba en el portal Régules y en la plaza chica, afuera de lo que hoy es Banamex:
Y se sentaba, con su alterón de tortillas y sus chilitos, a comer como los reyes.
Pero en Pátzcuaro, como en todas partes, también hay sombras.
El Bolitas, que nunca le hizo mal a nadie, había juntado con los años unos centenarios. No para él. Los tenía enterrados allá por La Valenciana. Era todo lo que tenía en este mundo.
Se los robaron.
> _“Muy conocido el Bolitas, quien tristemente fue desalojado de su pobre vivienda, muriendo solo, abandonado en la banqueta.”_
El hombre que le había dado alegría a todo el mercado, que había bailado para todos los niños, que había sido libre como el viento, murió solo. En una banqueta. Sin su traje de espejitos. Sin sus perritos.
> _“Yo lo recuerdo hasta el año de 1964. Yo salí de Pátzcuaro y no supe cuándo murió.”_
Hoy muchos preguntan si tiene algún lugar para visitarle en el panteón. Nadie sabe.
El Bolitas era un ejemplo de vida: desapegado de bienes materiales, fiel a su estilo, auténtico. Los chiquillos lo veíamos con admiración, miedo y asombro, y solo de grandes comprendimos.
Pátzcuaro está lleno de Tilas la de la sábana, de La Chula y de tantos... pero como El Bolitas, ninguno.
Porque él nos enseñó que la riqueza no se entierra, se baila.
Y que a veces, el pueblo no valora a sus santos hasta que ya no están bailando en el portal... o echando platica y tomando café.
Que Dios lo tenga en su Santa Gloria.
_— Crónicas de Pátzcuaro, del Profe Chano Luquín_