14/07/2026
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Nos reunimos con el corazón lleno de gratitud para celebrar el cierre de un ciclo maravilloso. Al mirar hacia atrás, podemos ver cómo el paso de las estaciones transformó no solo la naturaleza, sino también las manos y las almas de nuestros pequeños. Medimos el crecimiento de los niños y las niñas en la voluntad y el amor impresos en cada una de sus creaciones.
En este tiempo podemos ver el hilo dorado de este año reflejado en el trabajo manual, esa labor silenciosa que entrelazó nuestras vidas:
* Las pequeñas manos creadoras: cada pequeño trajo al mundo algo único. Vimos sus dedos ágiles aprender el ritmo del dedo-punto, transformando hilos de lana de oveja en cordones firmes. Sus manos rellenaron con paciencia las pelotas tejidas, moldearon la cálida cera de abejas y dieron forma a los muñecos de tela que hoy los acompañan en sus juegos. En cada puntada y en cada n**o, los niños no solo crearon un objeto; tejieron su propia atención, su motricidad y su confianza en el mundo.
* El hacer amoroso de las maestras: Como un faro de calma, las maestras sostuvieron el espacio a través del ejemplo digno. Sus manos tejieron, cocinaron, remendaron, prepararon el pan cada semana. Al verles trabajar con propósito y alegría, los niños aprendieron que el trabajo humano es un acto de amor y cuidado hacia los demás.
* La comunidad como sostén: Nada de esto habría sido posible sin la labor colaborativa de cada familia y de los aliados de la comunidad. Gracias, familias, por tejer junto a nosotras, por aportar en base a sus habilidades y por confiar en los ritmos pausados de la infancia. Esta comunidad es el telar que sostiene la vida de nuestra escuela.
¡Feliz fin de curso y bendecido tiempo vacacional! ⭐️