04/03/2025
La peregrinación al Santuario del Señor de Chalma!!!
La memoria colectiva de nuestra gente guarda una tradición que se ha convertido en un verdadero símbolo de fe y unión: la peregrinación al Santuario del Señor de Chalma. Es un acto que se lleva a cabo año tras año de fechas variadas, pero siempre con la misma devoción que generación tras generación, es arraigada por los peregrinos que acompañados de sus familias, amigos y vecinos, se lanzan a este largo y significativo viaje hacia el santuario, reafirmando así su identidad cultural y su fe.
Desde los primeros rayos del sol, las comunidades de Puente San Pedro, La Purísima, Villa Cuauhtémoc, Santa María Tetitla, San Mateo Mozoquilpan, entre otras, se preparan para recorrer kilómetros que los separan de su destino sagrado. Este trayecto empieza un día antes del Miércoles de Ceniza, porque la tradición marca que los peregrinos deben llegar al santuario para recibir la bendición de la ceniza, un acto cargado de simbolismo que marca el inicio de la Cuaresma.
El primer paso del peregrinaje se da en la parroquia de San Bartolomé Apóstol, donde, alrededor de las seis o siete de la mañana, se celebra una misa. Al terminar de ellas las campanas de la iglesia suenan en el aire, anunciando el inicio del camino. El párroco, en un gesto de respeto y devoción, bendice los estandartes y las imágenes que acompañarán a los peregrinos, signos de fe que atestiguarán su sacrificio y anhelos en cada paso del trayecto.
A medida que avanza la peregrinación, el andar se interrumpe con frecuencia, ya que muchos, como una ofrenda, entregan a los peregrinos pequeños regalos: un poco de limosna o alimentos como frutas, agua, jugos y café. Estos gestos de solidaridad son una muestra tangible de la unión de la comunidad, que acompaña a los peregrinos en su camino, haciendo que parezca que todo el pueblo marcha junto hacia el santuario.
El aire se llena de aromas a flores y copal, mientras el sonido de los cantos y plegarias de quienes rezan acompaña cada paso. La fe de los peregrinos se convierte en una fuerza que empuja el cansancio, desvanece el sudor de la frente y transforma el desgaste físico en un acto de pura devoción. En algunos momentos, el agotamiento y el esfuerzo son tales que los ojos se llenan de lágrimas y la voz se quiebra al intentar cantar o rezar. Esos son los instantes en que el alma parece sobrepasar al cuerpo, y la meta final —llegar al Santuario del Señor de Chalma— se convierte en un deseo tan profundo que el sufrimiento en el camino pierde toda relevancia.
Al caer la noche, cuando el recorrido atraviesa el monte conocido como el Polvorín, los peregrinos aseguran escuchar ecos extraños, como si sus rezos reverberaran en el aire. Las luces de las velas iluminan sus pasos y marcan el ritmo de la marcha hacia su destino sagrado. Cada luz y cada paso parecen acercarle un poco más a la gracia del Señor de Chalma.
Finalmente, al salir del monte y llegar al majestuoso ahuehuete, los peregrinos perciben la cercanía del santuario. Muchos, con una fe que les brota del corazón, cumplen las mandas prometidas al Señor de Chalma. Se postran de rodillas, se acercan al santuario con una devoción que trasciende lo físico. Algunos oran en silencio, mientras otros presentan a los más pequeños que participan por primera vez, perpetuando así la tradición.
La peregrinación al Santuario de Chalma es mucho más que un simple viaje. Es un acto profundo de fe que trasciende lo personal y se convierte en un fenómeno comunitario y cultural. A lo largo de los años, se renuevan las historias de milagros y fervor, y cada paso dado hacia la luz del Señor de Chalma se vuelve un testimonio de esperanza, sacrificio y devoción. Así que, año tras año, la tradición se mantiene viva, unida por una fe que no conoce fronteras y que, al final, se convierte en una experiencia compartida que queda grabada para siempre en el corazón de quienes han tenido el privilegio de caminar ese sendero sagrado.