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12/01/2026

LA PERCEPCIÓN DE NUESTROS ANTEPASADOS,
ACTUAL DE SUS DESCENDIENTES
Luz y guillermo

Realmente, es muy difícil conocer con precisión los orígenes de la civilización del Cem Anáhuac, porque el Vaticano ordenó la destrucción del conocimiento, tanto en el Anáhuac, como en el Tawantinsuyo. Literalmente los españoles arrasaron, quemaron, asesinaron y destruyeron la episteme de este continente, para imponer su tesis de que los descubiertos no eran seres humanos, que eran violentos, guerreros, caníbales y demoniacos, lo que justificaba todos los crímenes y destrucciones de nuestra civilización. Más aún, la civilización Occidental ha hecho todo lo posible para que no se conozca y lo poco que se sabe, se desvirtúe, sobre las civilizaciones antiguas del mundo. Una cortina de confusión, basada en que, todo lo antiguo, por fuerza es primitivo, nos ofrece un pobre panorama de la humanidad en el tiempo antiguo, es decir, antes de 1492, que inicia la modernidad, la colonización, el capitalismo, el neoliberalismo y la globalización.

Gracias a las nuevas tecnologías y en especial al Internet, cada día se conocen a nivel mundial descubrimientos asombrosos de artefactos y construcciones, que rebasan con mucho, los fechamientos oficiales de Occidente en cuanto a “la historia de las civilizaciones”. Cada día, se está descubriendo la existencia de la presencia humana civilizada de miles y de cientos de miles de años antes del año diez mil aC.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

31/12/2025

ANAHUAC ESENCIA Y RAÍZ DE LA MATRIA
Una visión femenina de la historia
Periodo Clásico: el esplendor, cultura teotihuacana. 9
Luz y guillermo

El segundo periodo de la civilización del Anáhuac inicia en el año 200 aC. y finalizará a mediados del siglo noveno dC., con el llamado colapso del periodo clásico. Este es el periodo del esplendor, cuando la civilización del Anáhuac alcanza sus mayores logros culturales y humanos, condensados en lo que se conoce como Toltecáyotl. El Dr. Miguel León Portilla define este concepto como, “esencia y conjunto de creaciones de los toltecas”. Los toltecas eran las personas que estudiaban e investigaban en los Tollan, que hoy se conocen como zonas arqueológicas, pero que nunca fueron construidas como ciudades, ni palacios y menos como fortalezas. Tolteca era el grado más alto de conocimiento de la civilización del Anáhuac.

En el prólogo de su libro “Toltecáyotl aspectos de la cultura náhuatl”, el investigador señala, “La toltecáyotl, el legado de Quetzalcóatl y los toltecas, abarcaba la tinta negra y roja -la sabiduría-, escritura y calendario, libros de pintura, conocimiento de los caminos que siguen los astros, las artes, entre ellas la música de las flautas, bondad y rectitud en el trato de los seres humanos, el arte del buen comer, la antigua palabra, el culto de los dioses, dialogar con ellos y con uno mismo... Lo más elevado de las que se nombran 'instituciones' de un pueblo, las creaciones que dan apoyo a la estructuración de una cultura, todo eso y probablemente también otras realidades, se incluían en el significado de Toltecáyotl.”

Al igual que las civilizaciones coetáneas del Anáhuac, como son las civilizaciones de India y China, los anahuacas poseían un profundo conocimiento del mundo que los rodeaba, lo que les posibilitó satisfacer sus necesidades vitales de la vida material. En otros espacios del conocimiento, en especial, de la mecánica celeste, donde lograron crear el sistema calendárico más exacto de la humanidad. Pero fundamentalmente, la Toltecáyotl, en su vértice superior de conocimiento, busca la trascendencia de la existencia en los planos superiores de la conciencia y de la energía. Nada diferente de las civilizaciones del mundo antiguo, que siempre mantuvieron unidas, la espiritualidad con la ciencia en una sola búsqueda de la plena realización humana.

La cultura que representa este periodo es la llamada cultura teotihuacana, que se desarrolla en el Altiplano Central, actualmente el Estado de México, a 78 km al Norte de la Ciudad de México. Aproximadamente entre los primeros siglos de la era y el
sexto siglo dC. Teotihuacan fue el centro generador y difusor de la Toltecáyotl. Como todos los Tollan del periodo, estos centros eran utilizados como centros de investigación y estudio. El concepto de Tollan viene de la metáfora de las cañas, que nacen en grandes conglomerados en lugares cercanos a fuentes de agua.

Para los anahuacas y practicantes de la Toltecáyotl, la vida en ciudades no era una práctica generalizada, dado que, “el arte de vivir en equilibrio”, pretendía vivir en armonía con el medio ambiente y en equilibrio con los seres humanos. Las ciudades son un conglomerado de personas que, al vivir hacinadas, requieren de terceros que les provean los alimentos en calidad de subalternos. Por el contrario, la familia anahuaca tenía como forma de vida esencial el ser autosuficiente, por lo que existía una vinculación total entre la milpa y la familia, así como el huerto y los terrenos de cultivo. De modo que cuarenta familias se constituían en un calpulli, lo que conformaba un caserío como espacio vital del calpulli.


Los Tollan no eran ciudades, sino centros de estudio e investigación en donde vivían los toltecas concentrados en sus estudios y tareas. Es suficiente observar los Tollan del periodo Clásico, con un sentido analítico y descolonizado, para darse cuenta que no fueron ciudades, fortalezas o palacios. Eran recintos con espacios que no pueden ser de uso doméstico o militar. Y que, además, guardan en sus plantas arquitectónicas asombrosos parecidos, aún entre construcciones de culturas y lugares diferentes, lo que explica, porque su uso obedecía a los mismos fines, no importara que estuvieran en lo que hoy son los estados de Yucatán, Oaxaca o Michoacán, por citar solo tres.


En el imaginario colectivo moderno, a la gente le resulta muy difícil pensar en un diseño y uso científico para estos recintos, porque pesa sobre nuestra percepción colonizada que, estos lugares, eran habitados por culturas primitivas y poco evolucionadas, discurso basado en los dogmas coloniales en los que hemos sido educados por el invasor.

Los Tollan eran habitados por toltecas que estudiaban e investigaban los conocimientos más elevados de la Toltecáyotl. Especialmente en Teotihuacan se recibía toltecas de todos los confines del Anáhuac y de todas las culturas, donde llegaban a conocer los avances científicos y daban a conocer sus propios descubrimientos. Esta es la razón por la cual los arqueólogos han encontrado, lo que ellos llaman “barrios” de las diferentes culturas del Anáhuac en Teotihuacan.

Uno de los grandes logros de nuestra civilización es lo que se conoce como “La unidad en diversidad”. El poder convivir y compartir entre pueblos diferentes, el respetar las diferencias y compartir los conocimientos entre iguales, es un logro de un alto desarrollo humano.

Esto se logró, entre otras cosas, porque todos los pueblos compartían una misma matriz de conocimiento y un mismo objetivo civilizatorio.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

27/12/2025

LA PERCEPCIÓN DE NUESTROS ANTEPASADOS,
LA INVASIÓN, COLONIZACIÓN E IDENTIDAD
ACTUAL DE SUS DESCENDIENTES 6
Luz y guillermo

Extensión en tiempo y espacio, físico y sagrado.

Los diez mil años de vida de la civilización del Anáhuac. Se supone que el ser humano, cuando deja de ser nómada, cazador y recolector, y se queda a vivir en un lugar a través de generaciones y por medio del desarrollo de la agricultura, pasa a un modelo de vida sedentario. La agricultura permite, entre otras cosas, además de una dieta más balanceada, disponer de mayor tiempo para dedicarlo a otras actividades que no tienen que ver con la sobrevivencia básica. Actividades como la observación del mundo que le rodea, la mecánica celeste, el desarrollo de actividades artísticas, pero, sobre todo, actividades que tienen que ver con la reflexión sobre lo divino y lo sagrado de la existencia.

Las muestras más antiguas del proceso de la creación del maíz y la domesticación del frijol, la calabaza y algunos quelites, hasta el día de hoy, tienen un fechamiento del año ocho mil aC. en el estado de Oaxaca, pero es muy probable que más adelante se encuentren otras más antiguas, sobre todo en la cuenca del Río Balsas en el estado de Guerrero.

De esta manera podemos afirmar que la civilización del Anáhuac, tiene por lo menos diez mil años de existencia. Este largo periodo de tiempo se puede dividir en dos grandes partes. Los primeros nueve mil quinientos años, desde la invención de la agricultura hasta el inicio de la invasión europea. La segunda, de cinco siglos, de 1492 a nuestros días con la invasión, colonización y neocolonización.

La primera parte, a su vez, se divide en tres etapas. El periodo formativo llamado Preclásico, en donde la cultura olmeca es la representativa. Los olmecas no se deben tomar como “el principio”, sino como el final de un largo periodo de formación del conocimiento, en el que no intervino ninguna otra civilización. Todo el conocimiento, desde el más básico y elemental, como es la alimentación, pasando por la salud, la educación y la organización, hasta llegar a niveles muy complejos y abstractos, como fueron las matemáticas, la ingeniería, la astronomía, el arte y la filosofía. La necesidad de trascender la realidad del mundo material y llegar espacios de la conciencia del potencial energético del ser humano.

La extensión del territorio de la civilización era muy amplia. Comprendía desde lo que hoy es el Sur de Canadá, hasta lo que hoy es Nicaragua en el Sur, abarcando las islas del Caribe, porque se sabe que los pueblos mayas eran navegantes de alta mar, que hacían travesías en grandes cayucos de ochenta remeros, con los que lograban hacer un puente entre el Anáhuac y el Tawantinsuyo, desde Yucatán pasando por las islas del Caribe, hasta llegar a Trinidad y Tobago. Actualmente, los pueblos mayas de Quintana Roo, en la península de Yucatán, están reactivando la práctica deportiva de la navegación en el mar, con cayucos impulsados por remeros, como lo hicieron por siglos sus antepasados. Los pueblos anahuacas de filiación maya que habitaron las islas del Caribe, fueron exterminados. De esta barbarie dieron cuenta Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas.

Desde hace muchos años, por el sentido común y una lógica descolonizadora, hemos afirmado que, en realidad, las civilizaciones del Anáhuac y el Tawantinsuyo, forman una sola unidad cultural civilizatoria. Porque uno de los logros más importantes de nuestros antepasados, es “la unidad en la diversidad”, que veremos más adelante. Pero si uno analiza la iconografía y la arquitectura ancestral y el arte popular contemporáneo, las cosmovisiones de las dos civilizaciones, se puede concluir descolonizadamente, que formamos parte, desde tiempos prehistóricos, de una sola civilización, desde Alaska hasta La Tierra del Fuego.

Especialmente, cuando comparamos las percepciones de lo sagrado y de lo divino, de la Madre Tierra, del ser humano, la comunidad y el universo que le rodea. En realidad, son exactamente las mismas, las diferencias son solo lingüísticas y pequeñas variantes estéticas. La dificultad para percibir esta realidad, ha sido provocada por los procesos de colonización, y que, el invasor, siempre nos ha estudiado por nuestras diferencias, no por nuestras semejanzas. Y por supuesto, la falta de una percepción “propia-nuestra” de nuestras identidades. La construcción del discurso de quiénes somos, ha estado en manos de los colonizadores, desde los de espada y crucifijo, hasta ahora, los dueños de los capitales trasnacionales, las academias y los medios masivos de difusión. No se conocen las voces de los agredidos-invadidos, desde Moctezuma hasta los pueblos indígenas y campesinos en su histórica lucha por la autodeterminación y sus recursos naturales.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

25/12/2025

ANAHUAC ESENCIA Y RAÍZ DE LA MATRIA
Una visión femenina de la historia
Periodo Clásico: el esplendor, cultura teotihuacana. 8

El segundo periodo de la civilización del Anáhuac inicia en el año 200 aC. y finalizará a mediados del siglo noveno dC., con el llamado colapso del periodo clásico. Este es el periodo del esplendor, cuando la civilización del Anáhuac alcanza sus mayores logros culturales y humanos, condensados en lo que se conoce como Toltecáyotl. El Dr. Miguel León Portilla define este concepto como, “esencia y conjunto de creaciones de los toltecas”. Los toltecas eran las personas que estudiaban e investigaban en los Tollan, que hoy se conocen como zonas arqueológicas, pero que nunca fueron construidas como ciudades, ni palacios y menos como fortalezas. Tolteca era el grado más alto de conocimiento de la civilización del Anáhuac.

En el prólogo de su libro “Toltecáyotl aspectos de la cultura náhuatl”, el investigador señala, “La toltecáyotl, el legado de Quetzalcóatl y los toltecas, abarcaba la tinta negra y roja -la sabiduría-, escritura y calendario, libros de pintura, conocimiento de los caminos que siguen los astros, las artes, entre ellas la música de las flautas, bondad y rectitud en el trato de los seres humanos, el arte del buen comer, la antigua palabra, el culto de los dioses, dialogar con ellos y con uno mismo... Lo más elevado de las que se nombran 'instituciones' de un pueblo, las creaciones que dan apoyo a la estructuración de una cultura, todo eso y probablemente también otras realidades, se incluían en el significado de Toltecáyotl.”

Al igual que las civilizaciones coetáneas del Anáhuac, como son las civilizaciones de India y China, los anahuacas poseían un profundo conocimiento del mundo que los rodeaba, lo que les posibilitó satisfacer sus necesidades vitales de la vida material. En otros espacios del conocimiento, en especial, de la mecánica celeste, donde lograron crear el sistema calendárico más exacto de la humanidad. Pero fundamentalmente, la Toltecáyotl, en su vértice superior de conocimiento, busca la trascendencia de la existencia en los planos superiores de la conciencia y de la energía. Nada diferente de las civilizaciones del mundo antiguo, que siempre mantuvieron unidas, la espiritualidad con la ciencia en una sola búsqueda de la plena realización humana.

La cultura que representa este periodo es la llamada cultura teotihuacana, que se desarrolla en el Altiplano Central, actualmente el Estado de México, a 78 km al Norte de la Ciudad de México. Aproximadamente entre los primeros siglos de la era y el sexto siglo dC. Teotihuacan fue el centro generador y difusor de la Toltecáyotl. Como todos los Tollan del periodo, estos centros eran utilizados como centros de investigación y estudio. El concepto de Tollan viene de la metáfora de las cañas, que nacen en grandes conglomerados en lugares cercanos a fuentes de agua.

Para los anahuacas y practicantes de la Toltecáyotl, la vida en ciudades no era una práctica generalizada, dado que, “el arte de vivir en equilibrio”, pretendía vivir en armonía con el medio ambiente y en equilibrio con los seres humanos. Las ciudades son un conglomerado de personas que, al vivir hacinadas, requieren de terceros que les provean los alimentos en calidad de subalternos. Por el contrario, la familia anahuaca tenía como forma de vida esencial el ser autosuficiente, por lo que existía una vinculación total entre la milpa y la familia, así como el huerto y los terrenos de cultivo. De modo que cuarenta familias se constituían en un calpulli, lo que conformaba un caserío como espacio vital del calpulli.


Los Tollan no eran ciudades, sino centros de estudio e investigación en donde vivían los toltecas concentrados en sus estudios y tareas. Es suficiente observar los Tollan del periodo Clásico, con un sentido analítico y descolonizado, para darse cuenta que no fueron ciudades, fortalezas o palacios. Eran recintos con espacios que no pueden ser de uso doméstico o militar. Y que, además, guardan en sus plantas arquitectónicas asombrosos parecidos, aún entre construcciones de culturas y lugares diferentes, lo que explica, porque su uso obedecía a los mismos fines, no importara que estuvieran en lo que hoy son los estados de Yucatán, Oaxaca o Michoacán, por citar solo tres.


En el imaginario colectivo moderno, a la gente le resulta muy difícil pensar en un diseño y uso científico para estos recintos, porque pesa sobre nuestra percepción colonizada que, estos lugares, eran habitados por culturas primitivas y poco evolucionadas, discurso basado en los dogmas coloniales en los que hemos sido educados por el invasor.

Los Tollan eran habitados por toltecas que estudiaban e investigaban los conocimientos más elevados de la Toltecáyotl. Especialmente en Teotihuacan se recibía toltecas de todos los confines del Anáhuac y de todas las culturas, donde llegaban a conocer los avances científicos y daban a conocer sus propios descubrimientos. Esta es la razón por la cual los arqueólogos han encontrado, lo que ellos llaman “barrios” de las diferentes culturas del Anáhuac en Teotihuacan.

Uno de los grandes logros de nuestra civilización es lo que se conoce como “La unidad en diversidad”. El poder convivir y compartir entre pueblos diferentes, el respetar las diferencias y compartir los conocimientos entre iguales, es un logro de un alto desarrollo humano.

Esto se logró, entre otras cosas, porque todos los pueblos compartían una misma matriz de conocimiento y un mismo objetivo civilizatorio.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

24/12/2025

ANAHUAC ESENCIA Y RAÍZ DE LA MATRIA
Una visión femenina de la historia
Periodo Clásico: el esplendor, cultura teotihuacana. 10
Luz y guillermo

El segundo periodo de la civilización del Anáhuac inicia en el año 200 aC. y finalizará a mediados del siglo noveno dC., con el llamado colapso del periodo clásico. Este es el periodo del esplendor, cuando la civilización del Anáhuac alcanza sus mayores logros culturales y humanos, condensados en lo que se conoce como Toltecáyotl. El Dr. Miguel León Portilla define este concepto como, “esencia y conjunto de creaciones de los toltecas”. Los toltecas eran las personas que estudiaban e investigaban en los Tollan, que hoy se conocen como zonas arqueológicas, pero que nunca fueron construidas como ciudades, ni palacios y menos como fortalezas. Tolteca era el grado más alto de conocimiento de la civilización del Anáhuac.

En el prólogo de su libro “Toltecáyotl aspectos de la cultura náhuatl”, el investigador señala, “La toltecáyotl, el legado de Quetzalcóatl y los toltecas, abarcaba la tinta negra y roja -la sabiduría-, escritura y calendario, libros de pintura, conocimiento de los caminos que siguen los astros, las artes, entre ellas la música de las flautas, bondad y rectitud en el trato de los seres humanos, el arte del buen comer, la antigua palabra, el culto de los dioses, dialogar con ellos y con uno mismo... Lo más elevado de las que se nombran 'instituciones' de un pueblo, las creaciones que dan apoyo a la estructuración de una cultura, todo eso y probablemente también otras realidades, se incluían en el significado de Toltecáyotl.”

Al igual que las civilizaciones coetáneas del Anáhuac, como son las civilizaciones de India y China, los anahuacas poseían un profundo conocimiento del mundo que los rodeaba, lo que les posibilitó satisfacer sus necesidades vitales de la vida material. En otros espacios del conocimiento, en especial, de la mecánica celeste, donde lograron crear el sistema calendárico más exacto de la humanidad. Pero fundamentalmente, la Toltecáyotl, en su vértice superior de conocimiento, busca la trascendencia de la existencia en los planos superiores de la conciencia y de la energía. Nada diferente de las civilizaciones del mundo antiguo, que siempre mantuvieron unidas, la espiritualidad con la ciencia en una sola búsqueda de la plena realización humana.

La cultura que representa este periodo es la llamada cultura teotihuacana, que se desarrolla en el Altiplano Central, actualmente el Estado de México, a 78 km al Norte de la Ciudad de México. Aproximadamente entre los primeros siglos de la era y el
sexto siglo dC. Teotihuacan fue el centro generador y difusor de la Toltecáyotl. Como todos los Tollan del periodo, estos centros eran utilizados como centros de investigación y estudio. El concepto de Tollan viene de la metáfora de las cañas, que nacen en grandes conglomerados en lugares cercanos a fuentes de agua.

Para los anahuacas y practicantes de la Toltecáyotl, la vida en ciudades no era una práctica generalizada, dado que, “el arte de vivir en equilibrio”, pretendía vivir en armonía con el medio ambiente y en equilibrio con los seres humanos. Las ciudades son un conglomerado de personas que, al vivir hacinadas, requieren de terceros que les provean los alimentos en calidad de subalternos. Por el contrario, la familia anahuaca tenía como forma de vida esencial el ser autosuficiente, por lo que existía una vinculación total entre la milpa y la familia, así como el huerto y los terrenos de cultivo. De modo que cuarenta familias se constituían en un calpulli, lo que conformaba un caserío como espacio vital del calpulli.


Los Tollan no eran ciudades, sino centros de estudio e investigación en donde vivían los toltecas concentrados en sus estudios y tareas. Es suficiente observar los Tollan del periodo Clásico, con un sentido analítico y descolonizado, para darse cuenta que no fueron ciudades, fortalezas o palacios. Eran recintos con espacios que no pueden ser de uso doméstico o militar. Y que, además, guardan en sus plantas arquitectónicas asombrosos parecidos, aún entre construcciones de culturas y lugares diferentes, lo que explica, porque su uso obedecía a los mismos fines, no importara que estuvieran en lo que hoy son los estados de Yucatán, Oaxaca o Michoacán, por citar solo tres.


En el imaginario colectivo moderno, a la gente le resulta muy difícil pensar en un diseño y uso científico para estos recintos, porque pesa sobre nuestra percepción colonizada que, estos lugares, eran habitados por culturas primitivas y poco evolucionadas, discurso basado en los dogmas coloniales en los que hemos sido educados por el invasor.

Los Tollan eran habitados por toltecas que estudiaban e investigaban los conocimientos más elevados de la Toltecáyotl. Especialmente en Teotihuacan se recibía toltecas de todos los confines del Anáhuac y de todas las culturas, donde llegaban a conocer los avances científicos y daban a conocer sus propios descubrimientos. Esta es la razón por la cual los arqueólogos han encontrado, lo que ellos llaman “barrios” de las diferentes culturas del Anáhuac en Teotihuacan.

Uno de los grandes logros de nuestra civilización es lo que se conoce como “La unidad en diversidad”. El poder convivir y compartir entre pueblos diferentes, el respetar las diferencias y compartir los conocimientos entre iguales, es un logro de un alto desarrollo humano.

Esto se logró, entre otras cosas, porque todos los pueblos compartían una misma matriz de conocimiento y un mismo objetivo civilizatorio.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

20/12/2025

LA PERCEPCIÓN DE NUESTROS ANTEPASADOS,
LOS OLMECAS 7
Luz y guillermo

Otra concepción del universo en que el ser humano puede concebir el espacio en donde vive, según la Toltecáyotl, se refiere a tres partes o niveles que percibe. El primero es el Tlaltípac, es decir, el suelo que pisamos, la superficie de la Tierra. El segundo son trece niveles del piso al cosmos, llamado el Ilhuícatl, y finalmente, debajo del suelo que pisamos, nueve niveles descendentes llamados el Mictlán. Entendiendo estas metáforas a la condensación de la energía, y no, como los misioneros del siglo XVI la entendieron, es decir, como el suelo, el cielo y el in****no.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

Periodo Preclásico: la formación, cultura olmeca.

El primer periodo de la historia de la civilización del Anáhuac, se le conoce como Periodo Preclásico o formativo. Comienza cuando los seres humanos dejan de ser nómadas, cazadores y recolectores, y empiezan a descubrir la agricultura. Existe un estudio muy serio del Centro de Investigación Científica de Yucatán A.C., sobre lo que se conoce como “alimentación pre-anahuaca”, es decir, antes de que se inventara la cerámica para hacer ollas, comales y platos, así como la milpa, en lo que se conoce como Periodo Arcaico.

Sin embargo, en las cuevas de Guila Naquiz, en el Valle de Tlacolula, Oaxaca, se han encontrado pinturas rupestres de 12 mil años de antigüedad y semillas de cucurbitáceas de diez mil años de antigüedad, que son los restos más tempranos de plantas domesticadas descubiertas hasta la fecha en el Cem Anahuac (INAH 2010).

En general, la academia toma a la cultura olmeca, como el inicio de la civilización del Anáhuac, y sitúan su antigüedad entre los años 1500 y 1200 aC. Sin embargo, nosotros creemos que los llamados olmecas, son el final de un largo periodo, que podría iniciar con la alimentación pre-anahuaca y que termina con la formación de la cultura olmeca, que, mantendrá su influencia entre las demás culturas posteriores hasta la invasión europea.

No se conoce con certeza el nombre que se daban a sí mismos aquellos constructores de las llamadas “cabezas olmecas”, pero se afirma que olmeca puede ser entendido como aquellos hombres que medían el movimiento, es decir, el tiempo. Porque en lengua náhuatl “ollin” es movimiento y “mecatl” cuerda para medir. Se reconoce a los llamados olmecas xicalancas, como un pueblo que habitó la región de Puebla y Tlaxcala entre el 600 y 900 dC., pero no como los olmecas del periodo Preclásico.

Hasta antes de la década de los años cuarenta, no existían los olmecas para la academia. Desde finales de la década de los años treinta, el norteamericano, Matthew Stirling, empezó a descubrir las llamadas “cabezas olmecas” y en 1939, descubrieron una estela fechada con el año 291 aC., lo que significó un nuevo ajuste en la cronología oficial que señalaba el año 200 dC., como lo más antiguo en el Anáhuac. Fue en 1942, en el congreso de la Sociedad Mexicana de Antropología, donde Alfonso Caso y Miguel Covarrubias, oficializaron el concepto de la cultura olmeca, como la cultura madre del Anáhuac.

En un principio se situó a la cultura llamada olmeca, en la zona entre los estados de Veracruz y Tabasco, pero con el tiempo, empezaron a descubrirse en muchas zonas arqueológicas, piezas y estelas con un estilo olmeca, como en las zonas maya, zapoteca y nahua. Lo que nos lleva a afirmar que todas las culturas, en su inicio, tuvieron una influencia del llamado “estilo olmeca”.

Realmente la cultura olmeca es bastante desconocida. Por ejemplo, se conoce arqueológicamente el inicio de la agricultura y la invención del maíz, pero de ese tiempo, ocho mil aC., al mil quinientos aC., no se tiene un detallado seguimiento arqueológico para conocer el proceso de evolución cultural. Pareciera que los olmecas aparecen espontáneamente en gran parte del Anáhuac. Tal vez, más adelante de acuerdo a los descubrimientos arqueológicos y las investigaciones se podrá saber con mayor precisión los pormenores de este proceso fundacional.

Lo cierto es que existen vestigios arqueológicos de la llamada cultura olmeca en Veracruz y Tabasco, como son: San Lorenzo en Tenochtitlán y Tres Zapotes en Veracruz; La Venta y Huimanguillo en Tabasco; Izapa en Chiapas, San José del Mogote en Etla y Monte Albán en Oaxaca; Chalcatzingo en Morelos. En la zona maya se han encontrado estucos muy antiguos con influencia olmeca.

El Museo de Antropología de Xalapa de la Universidad Veracruzana, posee un acerbo extraordinario de piezas olmecas, entre las que se encuentran parte de las 17 cabeza olmecas descubiertas hasta ahora, y desde luego, el Parque Museo de la Venta, en la ciudad de Villa Hermosa, Tabasco, producto del esfuerzo del poeta Carlos Pellicer, de rescatar estas maravillosas piezas encontradas en las exploraciones petroleras de la década de los años cincuenta del siglo pasado.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

Otra concepción del universo en que el ser humano puede concebir el espacio en donde vive, según la Toltecáyotl, se refiere a tres partes o niveles que percibe. El primero es el Tlaltípac, es decir, el suelo que pisamos, la superficie de la Tierra. El segundo son trece niveles del piso al cosmos, llamado el Ilhuícatl, y finalmente, debajo del suelo que pisamos, nueve niveles descendentes llamados el Mictlán. Entendiendo estas metáforas a la condensación de la energía, y no, como los misioneros del siglo XVI la entendieron, es decir, como el suelo, el cielo y el in****no.
No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

Periodo Preclásico: la formación, cultura olmeca.

El primer periodo de la historia de la civilización del Anáhuac, se le conoce como Periodo Preclásico o formativo. Comienza cuando los seres humanos dejan de ser nómadas, cazadores y recolectores, y empiezan a descubrir la agricultura. Existe un estudio muy serio del Centro de Investigación Científica de Yucatán A.C., sobre lo que se conoce como “alimentación pre-anahuaca”, es decir, antes de que se inventara la cerámica para hacer ollas, comales y platos, así como la milpa, en lo que se conoce como Periodo Arcaico.

Sin embargo, en las cuevas de Guila Naquiz, en el Valle de Tlacolula, Oaxaca, se han encontrado pinturas rupestres de 12 mil años de antigüedad y semillas de cucurbitáceas de diez mil años de antigüedad, que son los restos más tempranos de plantas domesticadas descubiertas hasta la fecha en el Cem Anahuac (INAH 2010).

En general, la academia toma a la cultura olmeca, como el inicio de la civilización del Anáhuac, y sitúan su antigüedad entre los años 1500 y 1200 aC. Sin embargo, nosotros creemos que los llamados olmecas, son el final de un largo periodo, que podría iniciar con la alimentación pre-anahuaca y que termina con la formación de la cultura olmeca, que, mantendrá su influencia entre las demás culturas posteriores hasta la invasión europea.

No se conoce con certeza el nombre que se daban a sí mismos aquellos constructores de las llamadas “cabezas olmecas”, pero se afirma que olmeca puede ser entendido como aquellos hombres que medían el movimiento, es decir, el tiempo. Porque en lengua náhuatl “ollin” es movimiento y “mecatl” cuerda para medir. Se reconoce a los llamados olmecas xicalancas, como un pueblo que habitó la región de Puebla y Tlaxcala entre el 600 y 900 dC., pero no como los olmecas del periodo Preclásico.

Hasta antes de la década de los años cuarenta, no existían los olmecas para la academia. Desde finales de la década de los años treinta, el norteamericano, Matthew Stirling, empezó a descubrir las llamadas “cabezas olmecas” y en 1939, descubrieron una estela fechada con el año 291 aC., lo que significó un nuevo ajuste en la cronología oficial que señalaba el año 200 dC., como lo más antiguo en el Anáhuac. Fue en 1942, en el congreso de la Sociedad Mexicana de Antropología, donde Alfonso Caso y Miguel Covarrubias, oficializaron el concepto de la cultura olmeca, como la cultura madre del Anáhuac.

En un principio se situó a la cultura llamada olmeca, en la zona entre los estados de Veracruz y Tabasco, pero con el tiempo, empezaron a descubrirse en muchas zonas arqueológicas, piezas y estelas con un estilo olmeca, como en las zonas maya, zapoteca y nahua. Lo que nos lleva a afirmar que todas las culturas, en su inicio, tuvieron una influencia del llamado “estilo olmeca”.

Realmente la cultura olmeca es bastante desconocida. Por ejemplo, se conoce arqueológicamente el inicio de la agricultura y la invención del maíz, pero de ese tiempo, ocho mil aC., al mil quinientos aC., no se tiene un detallado seguimiento arqueológico para conocer el proceso de evolución cultural. Pareciera que los olmecas aparecen espontáneamente en gran parte del Anáhuac. Tal vez, más adelante de acuerdo a los descubrimientos arqueológicos y las investigaciones se podrá saber con mayor precisión los pormenores de este proceso fundacional.

Lo cierto es que existen vestigios arqueológicos de la llamada cultura olmeca en Veracruz y Tabasco, como son: San Lorenzo en Tenochtitlán y Tres Zapotes en Veracruz; La Venta y Huimanguillo en Tabasco; Izapa en Chiapas, San José del Mogote en Etla y Monte Albán en Oaxaca; Chalcatzingo en Morelos. En la zona maya se han encontrado estucos muy antiguos con influencia olmeca.

El Museo de Antropología de Xalapa de la Universidad Veracruzana, posee un acerbo extraordinario de piezas olmecas, entre las que se encuentran parte de las 17 cabeza olmecas descubiertas hasta ahora, y desde luego, el Parque Museo de la Venta, en la ciudad de Villa Hermosa, Tabasco, producto del esfuerzo del poeta Carlos Pellicer, de rescatar estas maravillosas piezas encontradas en las exploraciones petroleras de la década de los años cincuenta del siglo pasado.

No se puede salir del calabozo con la narrativa y los valores del carcelero. Debemos crear nuestra propia narrativa propia-nuestra con los hijos. Descolonizar es dignificar.

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