24/12/2025
Día 4 de Yule- La Cacería Salvaje
Escucha, ¡oh! hogar de muros vivos,
cuando el sol yace herido en su lecho más bajo,
en el cuarto día de Yule crujen los cielos,
y la Cacería Salvaje rasga el viento nocturno.
Cabalga Odín, Padre de los Caídos,
con lobos y espectros, con cuernos y furia,
cruzando los mundos en la noche más larga
para medir el pulso entre sombra y llama.
Se oyen cascos que no tocan la tierra:
es Sleipnir, el de ocho pasos,
hijo del engaño y del misterio,
puente entre vivos, dioses y ancestros.
Por él viajan las almas antiguas,
los nombres olvidados que aún velan la sangre,
y su paso anuncia que la rueda no muere,
solo se inclina antes de alzarse de nuevo.
En este día cuarto, cuando la luz es semilla,
se abre la mesa del umbral y del establo,
pues quien honra al corcel del Padre Sabio
protege su techo del hierro del caos.
Deja heno limpio y grano dorado,
pan oscuro partido con gratitud,
un cuenco de hidromiel o cerveza
para la sed del viaje entre mundos.
Algunos atan cintas rojas o blancas,
símbolo de vida y retorno del sol,
otros colocan una manzana o zanahoria,
fruto de la tierra que aún sueña en la escarcha.
No es la riqueza lo que Sleipnir recibe,
sino la intención clara como hielo y estrella:
“Guarda este hogar, guarda este linaje,
llévanos a días de cosecha y paz.”
Entonces los ancestros se acercan en silencio,
se sientan junto al fuego que no se apaga,
y el humo asciende como antiguo lenguaje
que dice: recordamos, seguimos aquí.
La Cacería Salvaje no trae solo temor,
trae limpieza, destino y promesa,
pues donde galopa el Padre de Todos
la oscuridad aprende a retirarse.
Así, en el punto más bajo de la luz,
se siembra el triunfo que aún no se ve:
la llama pequeña vence al invierno,
la memoria vence al olvido,
y el cuarto día de Yule proclama
que tras la noche más honda del año
los buenos tiempos ya cabalgan
sobre ocho cascos hacia el amanecer.
Thanith