16/12/2017
Introducción
Del Mar a la Montaña
La creación artística de Nicolás de la Torre Calderón, al contemplarla, nos hace viajar hacia los lugares más hermosos de la tierra michoacana, de nuestro México querido y del mundo entero, sobre el carruaje de la imaginación para deleitarnos con los paisajes de la montaña, de las grandes ciudades, de los caseríos humildes, de la inmensidad del mar con sus olas acariciando las rocas y salpicando a las juguetonas gaviotas; paisajes arrancados de la naturaleza por las manos prodigiosas del artista que ha sabido darles vida a sus creaciones con los maravillosos pinceles que juguetean, en todo momento, con la policromía de su pensamiento. La conjugación del arte literario con la pintura artística, hace resaltar la belleza, el sentimiento y la inspiración en cada una de las páginas de esta publicación que presenta la poesía de grandes poetas y las pinturas maravillosas de Nicolás de la Torre, quien plasma en ellas, por lo general, paisajes de los rinconcitos más pintorescos y bellos de la geografía michoacana, aunque, debo decirlo con satisfacción y orgullo, este artista michoacano domina todos los géneros pictóricos, así como las técnicas al óleo, fresco, pastel, tinta, acrílico y acuarela; mostrando una gran preferencia por esta última puesto que esta técnica tiene como base, al igual que la vida: el agua.
Es por ello que apreciamos infinidad de acuarelas en las que retrata la majestuosidad del mar en todas sus manifestaciones, así como, los cautivadores lagos en armonía con la naturaleza, todas ellas, impregnadas del amor por su tierra.
Nicolás de la Torre, no solamente ha recorrido su estado para pintar las bellas imágenes que observa a su paso, sino que, también ha sido un gran maestro que a lo largo de su vida, ha trabajado en instituciones educativas transmitiendo sus conocimientos con dedicación y entrega, su vocación de servicio y su calidad humana son un ejemplo a seguir y un ejemplo de vida; sus alumnos lo ponen de manifiesto, puesto que, muchos de ellos son ahora excelentes artistas en; la pintura, la escultura y la restauración; artes plásticas que nuestro artista domina a la perfección.
Al recorrer las páginas de este libro nos deleitamos con obras tan fantásticas que hacen vibrar nuestro ser, como el Faro de bucerías en el que se observa el furor del mar golpeando Las Peñas que se levantan majestuosas entre Rocas y espuma que retratan a La novia del pescador vestida de blanco y que en momentos se transforma en Costa brava con sus enormes Olas, espuma y gaviotas que vuelan A la orilla de un palmar A pleno sol y, en los pueblos michoacanos un Jardín con Fuente y palmera. En el hojear con avidez las páginas del libro y, extasiados de emoción, contemplamos acogedores Jacales en los pueblos donde se encuentra la típica Fonda; en otros, un Ingenio azucarero rodeado de algún Río y puente, que en el correr serpenteando la montaña o el Volcán, forma multiformes cascadas como Los Chorros del Varal. Dentro de la gran cantidad de motivos pueblerinos impresos en el libro, nos place ver algún Templo gótico o una Catedral inconclusa; otros con Tabachín y torre y otros más con Templo y soportales; muchos de ellos cuentan con fantásticos lagos como el Lago de Camécuaro que tiene Sabinos en el lago, en los cuales hay Niños jugando en el manantial; así mismo, vemos alguna Panorámica o algún Puente viejo entre el paisaje que nos hace sentir En el paraíso, sobre todo, aquel Puente en el Cupatitzio que refleja la exuberante vegetación, para, al cambiar de hoja, trasladarnos en un viaje imaginario hasta la Desolación para observar solamente Rocas y volcán, hasta llegar a las poblaciones donde la gente descansa en la plaza Bajo los tamarindos observando la Carretera-calle, la Fuente y el Arbotante; a la vez, no dejaremos de mencionar las fascinantes estampas de Pátzcuaro como: su Esquina y templo-hospital, el Templo del Sagrario, el Primitivo Colegio de San Nicolás y La pila del Toro, entre otros, para concluir con una serie de acuarelas sobre la belleza colonial de la señorial Morelia que nos invita a realizar un recorrido por el Templo de San José y, después desplazarnos al Atrio del Santuario de Guadalupe, recrearnos con el apacible Jardín y Monumento a Morelos, pasando después por la Calzada y Santuario de Guadalupe para retirarnos rebosantes de alegría al Jardín de las Rosas y refrescarnos con la brisa acariciante de la Fuente en el jardín. Esta son algunas de las obras—mencionadas anteriormente—que tiene impresa la magia del talento de Nicolás de la Torre Calderón, artista que tiene el don de jugar con los colores y dar vida a sus lienzos, plasmando en ellos, la fantasía y el romanticismo de su patria chica, aparte del sortilegio indescriptible de ese juego de luz y sombra, perspectiva y colorido que les dan una belleza incomparable.
Esta es, parte de la inmensa creación pictórica del hombre que ha dedicado su vida a la pintura artística, a la escultura y a la restauración de obras de arte antiguo, ganándose con esto, el reconocimiento de funcionarios de gobierno, de instituciones públicas, privadas y educativas, pero, sobre todo, del pueblo michoacano; este es el hombre: sencillo, humilde, de un alto fondo moral y sentido intelectual a toda prueba; así es Nicolás de la Torre Calderón.
Profr.GustavoMadrigalLépiz.